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    Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Profesor de Geopolítica en los Institutos Armados, el CAEN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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¿Ha roto Chile el equilibrio estratégico?



¿Cómo decir cuándo un país es más fuerte que otro: considerando sólo a los indicadores militares? ¿Puede hablarse de un desequilibrio estratégico entre dos países sólo cuando uno de ellos tiene fuerzas armadas más poderosas? En los últimos sesenta años, Hans Morgenthau, Sherman Kent, Frederick Hartmann, Klaus Knorr y Joseph Nye, entre otros autores, han tratado de responder estas preguntas. Para ellos, el concepto de poder nacional es el principal instrumento y puede definirse como la interacción de los medios tangibles e intangibles que posee un Estado-Nación en un momento determinado de su historia, y que le permiten alcanzar sus objetivos internos y externos, pese a las oposiciones.

Es obvio que dentro de lo tangible, las capacidades militares son un referente muy importante a tomar en cuenta, pero ¿cómo se obtienen esas capacidades? A través del desarrollo nacional. Existe un notorio desequilibrio entre las capacidades militares de Perú y Chile porque el nivel de desarrollo de estos últimos es mucho mayor que el nuestro. Un despacho de Associated Press del 4 de abril pasado informaba que un estudio de la Universidad Andrés Bello estimaba para este año un PBI chileno de US $ 106 mil millones. En 2004 fue de US $ 94 mil millones, cuando en 1985 era de US $ 18,193 millones; es decir, en dos décadas lo quintuplicó. Nuestro PBI es probable que este año alcance unos US $ 75 mil millones. ¿Cómo puede entonces sorprendernos la asimetría militar, la cual tan sólo refleja la asimetría general de capacidades nacionales?

Mientras Chile reformó el Estado y aplicó políticas económicas audaces e inteligentes, acá se hizo todo lo contrario, contando además con la ineptitud del sistema para combatir al terrorismo en la primera década de la guerra. Al final, el saldo fue de 40 mil muertos y US $ 25 mil millones en pérdidas materiales. Nuestro proceso de depreciación estratégica contribuyó al desbalance militar bilateral.

Es probable que la primera señal de esto último se diera cuando en agosto de 1989 el general Howard Rodríguez, jefe militar en Ayacucho, envía un dramático y honesto oficio al presidente García, informándole que suspendía todas las operaciones antisubversivas por falta de medios (comida, munición y gasolina). La segunda, cuando ese mismo año el diario Expreso informaba que el stock de municiones de la entonces División Aerotransportada era de 1.4 cartuchos por hombre. Dicho de otra forma, de haberse desatado un conflicto externo, habrían jurado luchar hasta quemar no el último, sino el único cartucho. La tercera fue cuando a raíz del incidente en el Yaupi-Santiago en Noviembre de 1991, nuestra debilidad nos obliga a firmar el "Pacto de Caballeros" con el Ecuador. Ni qué hablar de la cuarta señal: el Cenepa.

Entre 1993 y 1998 nos recuperamos en términos de poder nacional, por lo que me pregunto: ¿Por qué no se recuperaron integral y prospectivamente nuestras capacidades militares? ¿Por qué, por ejemplo, no se puso en total operatividad a nuestra flota de Mirage-2000? ¿O por qué se compró material sobrevaluado y de dudosa calidad? Plata había.

Chile no ha roto ningún equilibrio estratégico porque compró más armas. Eso es lo de menos. Fuimos nosotros mismos quienes – pese a nuestras inmensas ventajas comparativas - lo despedazamos con nuestra incompetencia colectiva, nuestra corrupción administrativa y nuestra secular dejadez y falta de visión de futuro y de país.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 17/Oct/05

Rearmándonos



Un aspecto cualitativo del proceso que se está iniciando con la adquisición de nuevos equipos militares, tiene que ver con la interoperatividad. Nuestras experiencias en ese campo (Falso Paquisha, 1981 y Cenepa, 1995) no han sido de las más felices. Es por ello que en los dos últimos años, uno de los puntos sobre los cuales viene incidiéndose en el sector Defensa es el de compras conjuntas, apuntando siempre (doctrinariamente) hacia la interoperatividad. La guerra moderna (altamente veloz, tecnificada y violenta) exige esfuerzos conjuntos de los tres institutos armados para alcanzar los objetivos estratégicos, operacionales y tácticos, siempre con vistas a alcanzar el objetivo principal de toda confrontación bélica: el político. Todo lo que se haga – o no se haga – en el campo de batalla, incidirá, para bien o para mal, en el objetivo político de la guerra. Será la interoperatividad del parque militar que se adquiera o modernice, lo que coadyuvará a que nuestras fuerzas armadas recuperen las cualidades que teóricamente debe tener el instrumento armado de cualquier país: la de estar siempre en condiciones de disuadir y de responder.

Lo que no me queda muy claro – aun – es cómo abordarán el tema de la alerta temprana y de las comunicaciones. Hace unos meses, el ministro de Defensa presentó el prototipo de vehículo aéreo no tripulado – UAV, por sus siglas en inglés – de la FAP, lo que en sí constituye un gran avance, pero el problema es que el EP y la AP también tienen su respectivo proyecto de UAV; por lo que pregunto:¿No es tiempo ya de avanzar a pasos agigantados hacia el Centro Tecnológico de la Fuerzas Armadas – no como local físico, sino como sistema – para compartir informaciones y experiencias y así evitar la duplicación e incluso la triplicación de esfuerzos? ¿No sería una buena forma de invertir mejor el dinero de los contribuyentes?

En el Cenepa, las capacidades de alerta temprana de las fuerzas peruanas fueron nulas, y las de comunicación prácticamente nulas porque a su vez, las capacidades de guerra electrónica ecuatorianas les negaron el espectro electromagnético (cuyo control es vital en la guerra moderna). La alerta temprana tiene que ver con el que tengamos o no UAVs, pero más importante todavía, con el que tengamos o no un satélite de comunicaciones y observación, es decir, una capacidad geoespacial que sirva para las dos cosas.

A modo de sano consejo, quiero terminar con algo que escribí en mayo de 2006 pero que sigue teniendo actualidad: “Las FFAA peruanas podrán comprar todo lo que quieran, modernizar todo lo que quieran, pero mientras primero no adquieran su propio satélite de comunicaciones y observación, seguirán siendo unas FFAA atrasadas, del siglo XX – con sistemas de comunicación débiles e inseguros, siempre a merced de aquel que esté sólo un poco más avanzado tecnológicamente, como ocurrió en el Cenepa- y con las graves implicancias que esto conlleva.”

Espionaje chileno: las claves para entender el caso Ariza



Revista Digital Inteligenci@ N°1 (Julio-Agosto 2010)

El espionaje es la segunda profesión más antigua del mundo y es practicado absolutamente por todos los países del mundo. El problema se suscita cuando un servicio de inteligencia – bien sea por su aparato de contrainteligencia, por la ayuda de un tercero o por el azar – concluye en que ha sido penetrado por su correlato de otro país o de un actor no estatal y que por consiguiente le había sido plantado un “topo” que proporcionó información (supuestamente “valiosa”.) Descubierta la penetración y refiriéndose al hecho de tratar de arreglar los entuertos producto del espionaje de la otra parte, John Le Carré describía a este difícil proceso como tratar de “volver a poner la pasta en el tubo.” (1) En el caso de la traición del suboficial de la FAP Víctor Ariza, es importante utilizar algunas categorías doctrinarias y casuísticas para entender el alcance de sus actos.

La primera constatación es que las operaciones de espionaje que conducen los servicios de inteligencia de un país son un asunto de Estado, no de gobiernos porque Ariza fue captado durante la administración de Ricardo Lagos y siguió activo durante la administración de Michelle Bachelet. La segunda es que la “lista de compras” que sus controladores le proporcionaron y que fue hallada en sus computadoras, es de gran ayuda para nuestra contrainteligencia porque da una clara idea de cuáles son los requerimientos de inteligencia que vienen del sur, con vistas a la adquisición de sistemas de armas y consiguiente planeamiento de operaciones aéreas ofensivas. Como acertadamente señala el mismo Le Carré: “La lista de compras no son sólo preguntas, sino que habla de todo. Diría lo que sabemos, preguntando lo que no sabemos y diría lo que nos gustaría saber. Pondría de manifiesto los fallos de la maquinaria de recolección de información”. (2)

Un ejemplo histórico sobre la importancia de la “lista de compras” es el del agente doble Dusko Popov (nombre clave Triciclo.) Era un yugoslavo que trabajaba para los británicos y que aparentaba hacerlo para los alemanes. Este agente, enviado por los alemanes a los EE.UU. a mediados de 1941, llevaba consigo un cuestionario que entre otros ítems solicitaba información detallada acerca de las instalaciones militares y las defensas de ese país en Hawai. Es obvio que el requerimiento era un pedido de los japoneses a sus aliados alemanes. Triciclo pasó el cuestionario al FBI, que lo ignoró.

Masterman dice que “el cuestionario dado a Triciclo indicaba muy claramente que en la eventualidad de entrar los EE.UU. en guerra, Pearl Harbor sería el primer punto en ser atacado y que los planes para este ataque estaban en un punto muy avanzado para Agosto de 1941 (...) La lección, sin duda es, que una vez que un agente está firmemente establecido, - que era el caso de Ariza - cualquier cuestionario que se le entregue tiene un valor de inteligencia mucho más grande y más inmediato, del que usualmente se le atribuiría”; (3) ergo, si la contrainteligencia llega a conocerlo, es el equivalente a un regalo de los dioses.

Una tercera constatación, señala Cherkashin, es que los oficiales de inteligencia podrían pensar que principalmente son responsables de reclutar agentes, pero la mayoría de su trabajo realmente consiste en encontrar gente que quiere ser reclutada. (4) Ariza tenía grandes apuros económicos para mantener a tres compromisos y tenía acceso a información sensible. Ello tiene que haber sido notado por sus reclutadores, quienes consiguieron sus servicios desde que trabajaba en nuestra embajada en Santiago. Esto último nos lleva a preguntarnos: ¿Llegó a entregarles la clave diplomática peruana? Si fue así, tal vez el daño sea irreparable porque puede haberle proporcionado a la inteligencia chilena la herramienta perfecta para leer los mensajes cifrados cursados entre Torre Tagle y nuestra legación en Chile. Conociendo la clave diplomática vigente en 2002, pueden haber ido sus criptógrafos siguiendo los cambios posteriores, que de no ser drásticos, en teoría les habría permitido leer todas nuestras comunicaciones cifradas, antes, durante y después de la presentación de la demanda ante La Haya. Dicho sea de otra forma: conocerían al detalle la estrategia jurídica y diplomática peruana.

Aun no es muy claro cómo fue descubierto Ariza: si fue por un buen trabajo de contrainteligencia al interior de la FAP; por una discusión con su esposa, en la que esta lo amenazaba con denunciarlo a sus superiores (5), discusión que habría sido escuchada por una vecina, también esposa de un técnico FAP; por sus signos exteriores de riqueza (6) o por algo anormal que fue notado por sus propios compañeros de trabajo (que dicho sea de paso, es como generalmente se descubre a los “topos”) (7); por una (altamente improbable) penetración de la inteligencia peruana en Chile (8) o por el dato proporcionado a los peruanos por la inteligencia de un tercer país, que a su vez tenía penetrada a la inteligencia chilena.

De lo que se conoce acerca de qué informaciones de la FAP ha entregado a los chilenos, mucho se habla del Plan Quiñones, el cual, la verdad nos parece más una visión de lo que nuestra fuerza aérea desearía ser para 2021, que un verdadero plan. ¿Acaso ha sido aprobado por nuestro Consejo de Seguridad Nacional? ¿Acaso el ministerio de Economía y Finanzas ha asegurado los recursos presupuestales? ¿Hemos escuchado algo acerca de licitaciones para ver lo de las probables adquisiciones? El problema está en la bendita costumbre de ponerle el sello de “secreto” o “estrictamente secreto” a todo. Ese plan debió estar colgado en la página web de la FAP o del ministerio de Defensa.

Muy preocupante es que haya entregado la lista de alumnos – que estudian tanto para analistas como para agentes operativos – de la Escuela de Inteligencia de la FAP. Simplemente ya “los quemó”, sobre todo a los segundos.(9) Pero aun mucho más preocupante es que les hubiese proporcionado el nombre y ubicación de eventuales agentes peruanos en Chile. Si fue así, ¿por qué los chilenos no los han aprehendido y presentado ante la prensa? Muy simple: porque ya hace tiempo los habrían convertido en agentes dobles.

¿Ariza trabajó solo o tenía toda una red de informantes? Según el fuero militar peruano, no trabajó solo, sino que tuvo la colaboración de otros siete miembros de la FAP (10), algo que también puede haber sido facilitado por la laxitud existente en nuestras FFAA respecto a todo lo concerniente a contrainteligencia y seguridad del acervo documentario. Si no, recordemos el escándalo de la venta de información clasificada por parte de personal de inteligencia naval en 2007 a empresas de seguridad privadas.

Por último, ¿por qué los chilenos exigían insistentemente a la red un informe diario del estado de operatividad de nuestros aviones? ¿Acaso no es público que si tenemos operativas cinco aeronaves de combate es mucho y que no hay ni dinero ni voluntad política para poner operativas en el corto plazo a nuestros cazas y cazabombarderos? Primero, por la gran preocupación de la FACH por una eventual puesta en operatividad de nuestra fuerza aérea (lo que desgraciadamente aún no es el caso), porque ellos sí son totalmente conscientes de que el poder aéreo es la clave para la victoria en la guerra moderna. Segundo y por último, porque toda la operación de espionaje, es decir para obtener información “clasificada” de una fuerza aérea que todo el mundo sabe que no está operativa, era para justificar sus compras. Es todo un ejercicio de profecía auto-cumplida: “tenemos que comprar bastante, antes de que los peruanos comiencen a comprar porque así está en sus planes ´secretos´ establecidos en el Plan Quiñones.” (11)

(1) Citado en John Barron, Breaking the Ring: The Bizarre Case of the Walker Family Spy Ring (Boston: Houghton Mifflin Company, 1987), p. 147. En relación al concepto de “topo”, si bien fue popularizado por John Le Carré en sus novelas de espionaje para describir lo que los espías reales denominan una “penetración”, según Mangold el primer uso de la palabra en un contexto de inteligencia ha sido trazado hasta Sir Francis Bacon y su historia del reinado de Enrique VII, publicada en 1622: “El era cuidadoso y liberal para obtener buena inteligencia de todos lados del exterior... Por sus espías secretos que empleó en casa y en el exterior, descubrió qué prácticas y conspiraciones había contra él, seguramente su caso los requería: tenía tales topos perpetuamente trabajando para minarlo.” Francis Bacon, The History of King Henry the Seventh. F.J. Levy, editor (Indianapolis: Bobbs-Merrill, 1972), p. 243; cit. en Tom Mangold, Cold Warrior. James Jesus Angleton: The CIA´s Master Spy Hunter (New York: Touchstone, 1991), p. 158.

(2) John Le Carré, La Casa Rusia (Barcelona: Plaza & Janés Editores, S.A., 1989), p. 355.

(3) John Masterman, The Double-Cross System in the War of 1939 to 1945 (New Haven, CT and London: Yale University Press, 1972), pp. 80-81, 196-198. El mismo Popov cuenta con pormenores en su libro cómo los estadounidenses no sólo no le creyeron y lo rechazaron, sino que amenazaron con mandarlo a la cárcel. Dusko Popov: Triciclo. Espía y Contraespía (Barcelona: Editorial Bruguera, 1975), pp. 157-237. Ver también, de Anthony Cave Brown, Bodyguard of Lies (New York: HarperCollins Publishers, Inc., 1975), pp. 488-489. Sobre el caso Ariza, particularmente ilustrativo es el excelente informe de Angel Páez, “Las pruebas del espionaje de Chile. Militar chileno Víctor Vergara enviaba a Ariza lista de lo que tenía que espiar”, publicado en diario La República del 21-11-09.

(4) Viktor Cherkashin con Gregory Felfer, Spy Handler (New York: Basic Books, 2005), p. 27.

(5) A fines de 1984, la esposa de John Walker (un suboficial retirado de la marina estadounidense que desde 1967 trabajaba para los soviéticos proporcionándoles las claves secretas de las comunicaciones navales) lo denunció ante el FBI. Fue capturado en mayo de 1985, desbaratándose una red de espionaje que también incluía a su hermano, a su hijo y a su mejor amigo.

(6) Es el caso de Aldrich Ames, de la CIA, quien desde 1985 trabajó para la KGB (por problemas económicos se ofreció a trabajar para ellos, cuando todavía existía la Unión Soviética) y el SVR (ya desaparecida la URSS; y nuevamente la constatación que el espionaje no es un asunto de gobiernos, sino de Estado.) Fue capturado en abril de 1994. De los cinco libros que se han escrito sobre este caso, recomiendo dos: el de los periodistas del New York Times Tim Weiner, David Johnston y Neil Lewis, Betrayal: The Story of Aldrich Ames (New York: Random House, 1995) y el de Pete Early, Confessions of a Spy: The Real Story of Aldrich Ames (New York: G.P. Putnam´s Sons, 1997)

(7) Así sucedió con Jonathan Pollard, analista de la inteligencia naval estadounidense, que espiaba para los israelíes y que fue capturado en noviembre de 1985. Ver de Ronald Olive, Capturing Jonathan Pollard (Annapolis, MD: Naval Institute Press, 2006.) También fue el caso de Ana Belén Montes, analista principal sobre Cuba en la Defense Intelligence Agency/DIA y que – increíblemente – trabajaba desde 1985 para la Dirección General de Inteligencia/DGI cubana. Fue capturada en septiembre de 2001. Ver de Scott Carmichael, True Believer: Inside the investigation and capture of Ana Montes, Cuba´s Master Spy (Annapolis, MD: Naval Institute Press, 2007.)

(8) Tal habría sido el caso de la red de espionaje rusa recientemente descubierta en los Estados Unidos: los primeros indicios los recibió el FBI en el año 2000, cuando el “diplomático” ruso – esa era su cubierta – Sergey Tretyakov desertó en octubre de ese año. Ver el artículo de Rui Ferreira, “La red rusa en EE.UU. pudo haber sido traicionada por un desertor de alto rango,” en diario El Mundo (Madrid), del 2-7-10. Curiosamente, mientras se conocían los alcances de esta red de espionaje, se informó que el 9 de junio Tretyakov había fallecido en Florida. ¿No será que su “muerte” no es más que una maniobra de la contrainteligencia estadounidense para – ahora sí – ponerlo a buen recaudo, junto a su esposa e hija, por el resto de sus días ante la posibilidad de una venganza del SVR? Entrevistado sobre este caso, el primer ministro Vladimir Putin declaró que aquellos que traicionaron a sus compañeros pagarán un alto precio, pero no quiso responder a las preguntas de si Rusia planeaba vengarse. “Este escándalo se produjo como resultado de una traición. Ellos (los traidores) terminan bebiendo o drogándose. Es incorrecto preguntar acerca de ello (de una probable venganza).Los servicios especiales viven bajo sus propias leyes y cada uno sabe cuáles son estas,” citado en despacho de Reuters del 24-7-10 escrito por Gleb Bryanski, “Putin pledges bright future to former spies in the U.S.” Pregunto esto porque me llamó muchísimo la atención que cuando supuestamente ocurrió el deceso, este no se hiciera público de inmediato, lo que sorprende porque desde 2001 se sospechaba que él fue quien dio la pista para atrapar en febrero de ese año a Robert Hanssen, el experto informático y de contrainteligencia del FBI, que laboró para los soviéticos y los rusos desde 1979, causando un daño incalculable. De los tres libros que se han escrito sobre el caso Hanssen, recomiendo el de David Vise, The Bureau and the Mole: The Unmasking of Robert Philip Hanssen, The Most Dangerous Double Agent in FBI History (New York: Atlantic Monthly Press, 2002). De otro lado, Tretyakov fue largamente entrevistado para el libro que sobre él escribió Pete Early, Comrade J: The Untold Secrets of Russia´s Master Spy in America After the End of the Cold War (New York: The Berkley Publishing Group, 2007). En esta obra, Tretyakov niega que fuera él quien entregara – por siete millones de dólares – el expediente que sobre Hanssen tenía la inteligencia rusa.

(9) Fue lo que Harold Nicholson, oficial de la CIA e instructor de agentes, hizo al pasarle a los rusos la relación completa de tres promociones de agentes secretos egresados de La Granja, como se conoce a la escuela de formación de personal clandestino de la CIA, situada en Camp Perry, Virginia. Sobre este caso, ver los artículos de Jeffrey Smith y Charles Wall, “CIA Officer Charged With Spying”, The Washington Post del 19-11-96; de Brian Duffy, “Tinker, tailor, soldier, dope: How the FBI and CIA cooperated to charge a spy”, en US. News & World Report del 2-12-96, pp. 33-34; de Evan Thomas and Gregory Vistica, “The Spy Who Sold Out”, en Newsweek del 2-12-96, p. 35; y de Richard Lacayo, “Teacher or Traitor,” en Time del 2-12-96, pp. 31-34; y el libro de Tim Weiner, Legado de Cenizas: La Historia de la CIA (Barcelona: Random House Mandadori, S.A., 2008), p. 486. Nicholson fue comparado con el personaje principal de la película de espías El Recluta (2003), interpretado por Al Pacino.

(10) El primer indicio acerca de que existiría una red provino del comentario que hiciera uno de sus controladores en un correo electrónico: “Eres el más remolón de todos.” Sobre la acusación en el fuero militar, ver el artículo de Karem Barboza, “Siete traidores ayudaron a Ariza”, en diario Correo del 19-7-10 y de la misma periodista, “Fiscalía pide 35 para Ariza. Justicia Militar pide hasta 10 años para cómplices,” Correo del 25-7-10.

(11) Sobre cómo la inteligencia crea “enemigos” y justifica un presupuesto militar alto, recomendamos el libro de Robert B. Bathurst, Intelligence and the Mirror: On Creating an Enemy (Londres: Sage Publications, 1993.)

Perspectivas de Sendero Luminoso (*)




Artículo publicado en e-Stratega N° 1 (2010)

En las últimas semanas hemos sido testigo de una reactivación de las actividades militares de las facciones senderistas tanto del VRAE como del Huallaga. Ello no ha obedecido a una estrategia de respuestas a los supuestos golpes que las fuerzas de seguridad les están propinando, sino más bien a una competencia estratégica enmarcada en el trigésimo aniversario de lo que Abimael Guzmán denominó el ILA (Inicio de la Lucha Armada), que como sabemos se inició el sábado 17 de mayo de 1980 con el ataque y consiguiente destrucción de un local de votación en la localidad ayacuchana de Chusqui.

Me he referido a las “facciones senderistas” porque treinta años después no es posible hablar de un Sendero Luminoso unificado, coherente y centralizado en términos de dirección estratégica. Sendero está dividido en las facciones del VRAE, del Huallaga y de Lima.

La primera facción es la más radical porque si bien mantiene la mayoría de postulados de la ideología senderista, no sólo ha roto vínculos con Abimael Guzmán, sino que además lo ha condenado a muerte por traición. Los seguidores de los camaradas “José” y “Alipio” son los que más golpes han propinado a las fuerzas del orden, incluyendo emboscadas a patrullas policiales y militares, así como el derribo de dos helicópteros MI-17 usando RPGs como si fueran armas antiaéreas; técnica que dicho sea de paso, fue desarrollada por los mujaidines afganos en su lucha contra los soviéticos en los años ochenta. (En abril de 2009 estuvieron a punto de derribar, usando la misma técnica, a un helicóptero que transportaba al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas). Los senderistas del VRAE han probado ser altamente móviles, estar muy bien entrenados militarmente, poseer muy buenos sistemas de comunicación, gran conocimiento del terreno, pero sobre todo tener un buen sistema de inteligencia y contrainteligencia que les permite de un lado, conocer dónde y cuándo golpear y de otro lado, anticipar acciones que contra ellos se realicen.

Esto último fue dramáticamente reconocido por el general PNP Edwin Palomino Vega, jefe de la Dircote, cuando en declaró al diario Perú.21 el 3 de mayo pasado: “Siempre llegamos 10 minutos tarde”. De otro lado, “José” y los suyos están aliados con las firmas del narcotráfico. No es que ya sean un cártel más, sino que están aprovechando la gran demanda por droga para “hacer caja” y reconstituir el partido y el ejército, en lo que a esa facción compete. No tienen apuro y esto último no es bien comprendido por las fuerzas del Estado: la guerra senderista – en cualquiera de sus tres facciones – es Guerra Popular Prolongada. Hemos resaltado este adjetivo porque constituye su principal característica.

La facción del Huallaga, liderada por el elusivo camarada “Artemio”, también comparte con la del VRAE su alianza con el narcotráfico, pero a diferencia de esta última, sigue la línea que desde la Base Naval dicta Abimael Guzmán, buscando una “solución política a los problemas derivados de la guerra”, es decir, una amnistía general y consiguiente liberación de absolutamente todos los senderistas encarcelados; algo que ningún gobierno en su sano juicio podría aceptar. Desde el punto de vista militar no han probado ser tan efectivos – al menos por el momento – que la gente de “José”.

El gran reto de Guzmán es el tratar de llegar a un acuerdo entre él y el VRAE, para posteriormente coordinar acciones con el Huallaga. Pese a que la nota periodística de El Comercio del 1 de mayo sostenga que el ya detectado personal del VRAE en los dominios de “Artemio” buscaba disputarle el negocio de la droga, negando que fuera para buscar un acercamiento, yo sí creo posible esto último porque el ambiente político y social del país son propicios para coordinar esfuerzos contra un Estado que cada vez se deslegitima más por los escándalos de corrupción y su incompetencia administrativa. Que el VRAE y Huallaga arriben a un acuerdo monitoreado desde la Base Naval constituiría nuestra peor pesadilla.

La tercera facción, la de Lima, es la más política de todas y sigue las directivas de Guzmán. Es de perfil bajo y está encargada de la captación de nuevos cuadros – sobre todo en colegios y universidades nacionales -, así como de la recuperación de aquellos cuadros que se habían alejado del senderismo. Todavía no se conoce que realice actividades de entrenamiento militar.

De parte del Estado hay confusión. En primer lugar, no han definido claramente al enemigo (en cualquiera de sus tres facciones) que enfrentan. Recordemos que se demoraron 9 años para responder a una sola pregunta: “¿Que es Sendero Luminoso?” Dicha pregunta fue respondida con el Manual de Guerra No convencional de julio de 1989. En segundo lugar y relacionado con lo anterior, sobre todo las fuerzas armadas, siguen usando ese manual, pese al tiempo transcurrido y pese a los manifiestos signos que Sendero ha cambiado en términos doctrinarios, operacionales y de acercamiento a la población. Tercero, no hay un marco legal antiterrorista actualizado: ni estatuto antiterrorista, ni leyes de arrepentimiento y de recompensas; ni qué decir de protección legal efectiva a las fuerzas del orden. Cuarto, el Sistema de Inteligencia Nacional existe sólo formalmente, no en términos reales. Tenemos buenos servicios de inteligencia, mas no un buen sistema, dentro del cual la Dircote tendría que ser la punta de lanza de todo el esfuerzo de inteligencia. Quinto, fuerzas operativas que no pueden movilizarse porque no tienen helicópteros; que no están bien aprovisionadas; que son perseguidas legalmente después de todo enfrentamiento militar. Sexto, la ausencia de los componentes no uniformados del Estado: Salud, Educación, Transportes, Justicia, etc. Esta, ante todo es una confrontación en la que se supone el Estado debe buscar el apoyo de la población a través de su legitimación. Como no está presente, no se puede combatir políticamente a Sendero en el VRAE y el Huallaga. Ellos disfrutan de los vacíos político-administrativos que crea el mismo Estado.

¿Qué estamos esperando para reaccionar integralmente? No lo sé. A veces pienso que estamos en 1981-82 por la dejadez, inacción y miopía política y estratégica respecto a la naturaleza de la amenaza. Ojalá nomás que no tengamos nuestro equivalente a un “11 de septiembre” para allí recién empezar a reaccionar.

Guerra en el VRAE: Situación y Perspectivas (*)




Artículo publicado en la revista JustoMedio N° 18, Septiembre 2009.

El reciente derribo de un helicóptero MI-17 no es más que un gravísimo indicador adicional de que no sólo no existe una estrategia integral, clara, coherente y eficaz para combatir a Sendero Luminoso en lo político y lo militar, sino además que la organización terrorista se viene manifestado como una fuerza combatiente altamente móvil, innovadora tácticamente, flexible operativamente hablando y dispuesta a realizar acciones muy audaces – como la incursión urbana contra una base de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales de la Policía Nacional en San José de Secce el pasado 1 de agosto-, las que en su momento podrían alcanzar el nivel de contundentes desde el punto de vista estratégico, como podría ser el asalto y toma de una base contrasubversiva del Ejército Peruano. (Se me ocurre que tendría que darse en unos días en los que, por razones climáticas, la base no pudiera recibir ninguna clase apoyo, ni aéreo ni terrestre; comprometería el concurso de por lo menos 300 combatientes, y la masacre de la guarnición y consiguiente robo de sus armas y municiones causarían una crisis política e institucional sin parangón en la historia de nuestro país. La incursión del 1 de agosto, considero que fue un ensayo fallido de lo que vienen preparando.)

El reciente nombramiento de Fernando Valer como Secretario Ejecutivo del Plan VRAE, acarrea las mismas deficiencias (en la forma de carencias) que tenía Jorge Durand, su antecesor:

- no tiene un presupuesto propio

- no tiene personal

- no tiene las facultades legales que le deberían otorgar mando y comando sobre los componentes castrenses y de desarrollo de dicho Plan

- no tiene un decidido apoyo político ni del Ejecutivo ni del Legislativo

Todos estos son los ingredientes perfectos para configurar un futuro escenario de desastre, en especial porque el problema es eminentemente político – pese a las obvias manifestaciones militares – por el abandono en el que el Estado siempre mantuvo a la selva centro-sur. El Estado no sólo es inexistente, sino que además su presencia es rechazada por tardía, interesada e ineficaz.

Que un Estado tenga presencia, significa que sus instituciones sean visibles, comprometidas y eficientes en la búsqueda del satisfacer los requerimientos y necesidades mínimas de una población pobre y desconectada físicamente del mercado. De ahí el anunciado fracaso de una estrategia antidrogas basada en la sustitución de cultivos, por cuanto no habría cómo sacar los productos que reemplazarían a la hoja de coca. Una población que en términos reales y formales, tampoco existe para ese Estado porque el 40% de la misma, no es que no tenga Documento Nacional de Identidad, sino que ni siquiera tiene Partida de Nacimiento; es decir, vamos contra uno de los principios básicos que se demostraron eficaces en la estrategia (de veras integral) que los británicos aplicaron cuando la llamada “Emergencia de Malaya” (1948-1960): presencia del Estado no es principalmente la presencia – importante, claro está – de las fuerzas del orden, sino que “los nacimientos, los matrimonios y las defunciones sigan inscribiéndose.”

El vicepresidente Luis Giampietri pidió declarar “zona de guerra” al VRAE para poder evacuar a la población civil y realizar acciones militares como bombardeos contra presuntas bases senderistas, algo que de plano ha sido rechazado por el presidente Alan García. En primer lugar, debió haber pedido aglutinar a las pequeñas poblaciones dispersas en lo que también los británicos llamaban “aldeas estratégicas”, y cuyo objetivo, más que minimizar los eufemísticamente denominados “daños colaterales”, es aislarlas de los terroristas. Esto toma tiempo y cuesta mucho dinero, pero lo más importante es que es producto de una decisión política y estratégica del más alto nivel. En segundo lugar, así lográsemos reubicarlas, la actual inexistencia de inteligencia oportuna, precisa y veraz, haría inútiles los posteriores esfuerzos militares. Paul Seabury y Angello Codevilla sostienen con acierto que “pelear sin buena inteligencia consiste, en el mejor de los casos, en campañas de destrucción conducidas con la esperanza de que el daño indiscriminado a los brazos y cuerpo del oponente, afectarán vitales pero desconocidos puntos de presión.”

Siguiendo en el campo de la inteligencia: las fuerzas del orden tienen muy poca idea del enemigo al que se enfrentan porque ya no es el Sendero Luminoso de 1980-1994. Es un nuevo SL en lo organizacional, doctrinario, aproximación a la población y en lo operativo. La impresión que me da es que nuestros combatientes - pero en especial quienes los comandan - están desconcertados desde el punto de vista doctrinario. ¿Cómo no lo van a estar, si el Manual de Guerra No Convencional que usan data de julio de 1989? En 1995, los ecuatorianos nos dieron una gran sorpresa doctrinaria y tecnológica en el Cenepa porque fuimos a pelear como si fuera 1981 (Falso Paquisha). Lo mismo está ocurriendo en el VRAE con Sendero. Me atrevería a decir que esto ya se está convirtiendo en un “pequeño Cenepa”.

Una fuente muy bien informada me manifestó que el helicóptero MI-17 no fue derribado el pasado 2 de septiembre por fuego de ametralladoras, sino por un RPG. Esto constituiría un gran cambio operativo por parte de Sendero. El último 28 de abril, utilizando también un RPG, casi derriban el helicóptero que transportaba al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Querría decir que estuvieron entrenando para ello, lo que a su vez significaría que tienen varios en stock. Esta técnica fue desarrollada por los Mujaidines afganos en su guerra de resistencia contra la ocupación soviética (1979-1989), la perfeccionó Al Qaeda y así entrenó a las fuerzas somalíes de Mohamed Farrah Aideed para aplicarlas contra los helicópteros estadounidenses en Mogadiscio (octubre de 1993).

Seguimos sin tener vehículos aéreos no tripulados (UAVs por sus siglas en inglés). Dos de ellos fueron muy bien utilizados por los ecuatorianos en el Cenepa para obtener inteligencia en tiempo real sobre nuestras posiciones. El peligro acabó cuando nuestras fuerzas especiales incursionaron sobre la base de Coangos y destruyeron los UAVs. Es el colmo que catorce años después, viendo su utilidad en esa guerra y viendo cómo se están empleando en Irak y Afganistán, nuestras fuerzas armadas no los hayan incorporado a su estructura de tareas y a su doctrina operativa. Nos serían muy útiles en el VRAE.

El sistema democrático tampoco les está proporcionando los medios materiales para cumplir las misiones que la Constitución Política les asigna en casos de emergencia, violándola flagrantemente. Nuestras fuerzas armadas – ahora se comprueba – sólo existen en términos administrativos y no operativos. No tienen capacidad alguna para cumplir esas misiones. Eso no es responsabilidad suya, sino del liderazgo político, empezando por Fujimori, pasando por Paniagua y Toledo, hasta llegar a García. Por ejemplo, ¿por qué no se usan los helicópteros blindados y de ataque MI-25? Porque no funcionan por falta de mantenimiento (entiéndase, por falta de un presupuesto adecuado que el ministerio de Economía no quiere otrorgar).

El sistema tampoco les proporciona el marco legal adecuado. ¿Existe acaso una nueva Ley de Terrorismo, o leyes de Arrepentimiento y de Recompensas? ¿Qué rol juega el Congreso en esta guerra? Agrava el problema – por lenidad o abierta colusión con los terroristas- la constante intromisión de algunos miembros de ONGs de derechos humanos, de la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo, que después de toda acción armada, no hacen sino denunciar penalmente a nuestros soldados y pilotos. Por más “políticamente incorrecto” que parezca, ya debe irse pensando en tomar drásticas acciones políticas y legales al respecto. De no hacerlo, los tendremos en la terrible situación de tener que morir por un sistema que no tiene la menor intención de defenderse.

Sendero en el VRAE, ¿Qué hacer?(*)



Artículo publicado en la revista JustoMedio N° 15, Junio 2009.

En un reporte publicado el pasado 21 de abril en CNN.com, Arthur Brice cita a Bernard Aronson – ex Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos durante la administración de George Bush padre-, comparando al “retorno” de Sendero Luminoso con la película de terror Martes 13 porque “uno piensa que ha matado a la bestia, pero esta siempre regresa.” Esto es relativo, ya que Sendero nunca se fue, sino que a partir de la captura de Abimael Guzmán en 1992 y su derrumbe estratégico de 1994-95, sus remanentes ingresaron a una situación de hibernación estratégica que les permitió intentar reorganizarse, siempre a la espera de una ventana de oportunidad.

Esta se dio porque, equivocadamente, luego de la implosión del gobierno de Alberto Fujimori, muchos equipararon a este hecho con el fin de la guerra, olvidando que esta era una guerra popular prolongada. Dicho de otra forma, si la guerra “supuestamente terminó el año 2000”, tal como con acierto lo expresó Simon Romero en The New York Times del 18 de marzo último en un extenso informe sobre el VRAE, ¿qué es lo que está sucediendo? ¿Son las emboscadas a policías y militares prueba fehaciente de que SL ha recuperado algo de sus antiguas capacidades operativas en el ámbito rural? Todo indica que así es.

Ello se ha visto favorecido por una característica de la zona: geopolíticamente hablando, constituye un guetto por cuanto lo difícil de su topografía y la casi inexistencia de vías de comunicación importantes, la mantienen aislada de los centros de poder político y económico, viéndose además agravada la situación por la secular falta de presencia de un (ineficiente) Estado que, entre otras perlas, mantiene al 40% de los lugareños sin documento de identificación alguno; en otras palabras, no existen oficialmente. Esta misma característica le permitió a Sendero “emerretizarse”, abandonar su indiscriminado empleo de la violencia y buscar – en alianza con el narcotráfico -, la cooptación de un sector importante de la población y de las autoridades locales, sin que nadie se lo impida. Esto último es más importante que sus acciones militares, por cuanto le permite hacerse de una masa crítica de legitimidad; entiéndase, de apoyo popular. A su vez, este apoyo se traduce en inteligencia precisa y oportuna acerca de los movimientos de las fuerzas del orden – convirtiéndose en la “antena popular” de la que hablaba Ho Chi Minh- , con los resultados que conocemos: serios reveses operativos.

Esto sucede porque la doctrina, el software que estas últimas emplean, data de julio de 1989: antes del derrumbe del socialismo; antes de la caída de Guzmán y todo lo que acarreó; antes del replanteo de su estrategia por los remanentes de SL; antes de su (hoy) obvia división; antes de los sucesos del 11 de septiembre de 2001 y la consiguiente globalización del accionar de los grupos terroristas. Mientras tanto, Sendero – en cualquiera de sus tres vertientes: VRAE, Huallaga y Lima- aprendió de los errores de Guzmán, mutó y se replanteó organizacional, doctrinaria y operacionalmente hablando, para mejor poder adaptarse a las nuevas circunstancias políticas y militares. Mientras no actualicen su doctrina e incorporen nuevas tecnologías como el empleo de vehículos aéreos no tripulados – conocidos como UVAs por sus siglas en inglés – se darán reveses operativos cada vez peores. Es un trabajo eminentemente intelectual que exige empezar por contestar preguntas como: ¿Quién es el enemigo en 2009? O tal vez sea el preguntar ¿quiénes son los enemigos? ¿Cuáles son sus principales manifestaciones doctrinarias y operativas? ¿Quiénes son sus mandos políticos y militares? ¿Cuál es el grado de colusión con las firmas del narcotráfico y cómo ello se traduce en su aparato político y militar? ¿Cuál es el rol que juega Abimael Guzmán desde la Base Naval?

Si estos son algunas (importantes) interrogantes que también son problemas desde el punto de vista de la seguridad, peores lo son desde el punto de vista político-estratégico del Estado. ¿Cuál es el objetivo político de la (supuesta) estrategia que (también supuestamente) se venía implementando desde 2006 y el de la recientemente expuesta por Yehude Simon ante el Congreso? Pregunto, porque no me queda muy claro, a tenor de lo expuesto por el primer ministro, que, valgan verdades, eran un listado mitad diagnóstico y mitad buenas intenciones, pero totalmente carente de lo que debe ser un proyecto de esa envergadura: objetivos claramente establecidos, formulación de políticas (el qué hacer para llegar al objetivo) y el diseño de estrategias (el cómo hacer para llegar al objetivo).

Más importante aun es la decisión política traducida en el hoy muy tenue, casi inexistente, compromiso de acción por parte de los sectores no uniformados, aquellos que con su accionar van a legitimar al gobierno, al Estado y al sistema democrático porque la solución al problema – decía el francés David Galula –no es sólo enviar soldados, sino que cuando estos vayan deben dejar muy claramente establecido ante la población que no vienen como fuerza de ocupación, sino para brindar seguridad a ellos y a los componentes del Estado que concurran en acciones de desarrollo; deben emplearse fuerzas especiales - verdaderos instrumentos parapolíticos que van a hacer un uso discriminado (quirúrgico) contra los terroristas - y no fuerzas convencionales.

Para dejar de ser un guetto, en el VRAE debe “aplanarse la topografía”, aumentando geométricamente los índices geoviales. Esto permitiría paulatinamente ir implementando una estrategia de sustitución de cultivos que sí puede ser exitosa porque el ex campesino cocalero ahora sí podría sacar sus nuevos productos. Es la más sólida base para edificar una presencia permanente y visible del Estado, tal como en el comentario que en The New York Times del pasado 26 de abril hacía Janine di Giovanni al último libro del australiano David Kilcullen (The Accidental Guerrilla), citando a un coronel estadounidense en Afganistán: “Uno puede cavar un pozo de agua en un día y construir una escuela en un mes..., pero toma un largo, largo tiempo construir un camino. Cuando uno empieza un camino, se envía un mensaje: que esto no es una asociación que dura un mes, sino que es para el largo plazo”.

Tanto en el campo de la seguridad como en el campo del desarrollo, urgirá tener un sistema de inteligencia nacional recompuesto, dentro del cual – pese a que la Dirección Nacional de Inteligencia debe (verdaderamente) centralizar la conducción - la Dircote debe constituirse en la punta de lanza de todo el esfuerzo de inteligencia. Dicho de otro modo, todos en apoyo de la Dircote porque no sólo son los que más y mejor conocen del tema, sino que lo demuestran las continuas capturas de terroristas requisitoriados, que realizan a nivel nacional; inequívoca señal de que siguen haciendo bien su trabajo.

Urge también una estrategia de guerra política. Alguna vez conversaba con el recientemente fallecido Michael Radu del Foreign Policy Research Institute de Filadelfia acerca de la teoría maoísta del pez (el guerrillero) y el agua (la población) y cómo las doctrinas contrainsurgentes clásicas hablaban de “quitarle el agua”. El me manifestó: “Tú no le quitas el agua, sino que se la envenenas. Esto sólo se logra a través de la guerra política, incluidas las operaciones psicológicas”. Una estrategia de guerra política contra Sendero no existe en el VRAE, ni por asomo.

Lo que viene dándose en esta zona no es broma, es muy serio. Por el momento constituye una pústula táctica y focalizada, pero que tiene un potencial de (peligrosa) metástasis estratégica que podría – digo, es un decir- regresarnos a épocas oscuras y sangrientas que nadie, en su sano juicio, añora.


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Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Experto en Inteligencia. Egresado del XXXIV Curso de Defensa Nacional en el Centro de Altos Estudios Militares (1984), del V Curso de Inteligencia Estratégica en la Escuela de Inteligencia Nacional (1988), del XXI Curso de Planificación y Administración de Recursos para la Defensa (2003), del Curso Avanzado de Terrorismo y Contrainsurgencia (2007), del Curso Avanzado de Política de Defensa (2008) y del Curso Avanzado de Estabilidad y Operaciones de Paz (2009) en el Centro de Estudios Hemisféricos de la Defensa en Washington, D.C. Catedrático de los cursos de Geopolítica, Estrategia, Inteligencia, Polemología, Análisis Político y Guerra Revolucionaria en el Centro de Altos Estudios Nacionales y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Desde Noviembre de 2001 es Investigador Asociado del Centro de Terrorismo, Contraterrorismo y Seguridad Interior del Foreign Policy Research Institute de Filadelfia. También es autor del capítulo sobre Perú en el libro Combating Terrorism: Strategies of Ten Countries, Yonah Alexander (editor), The Michigan University Press, 2002. Es presidente ejecutivo de Strategos-Instituto de Análisis y Difusión.

Inteligencia militar (*)




Ha causado cierto revuelo y críticas la publicación del D.S. 013-2008-DE/EP del 20 de julio último, que dispone la reactivación del Arma de Inteligencia del Ejército Peruano. Analicemos las críticas.

“Fue mal utilizada en la década pasada”. Nadie puede negar que no sólo el Arma de Inteligencia del EP fue mal usada, sino también todo el sistema de inteligencia nacional, siendo la gran paradoja de este sistema el que funcionó muy bien, pero en su mayor parte para lo que no debía. Al igual que otros aspectos relacionados con la seguridad nacional, la inteligencia es una herramienta, un instrumento legal y legítimo de cualquier Estado que se precie de cumplir con su principal función: la de brindar seguridad a los ciudadanos. Todo depende de cómo se le utilice y de cómo se le controle. Con el razonamiento de que “porque fue mal usado ya no debe existir”, deberíamos prohibir la venta de cuchillos de cocina, que a cada rato son utilizados para cometer homicidios.

“Controlará riesgos y amenazas en el frente interno”. Nuestra realidad no es la de países como Costa Rica (ejemplo que ridículamente siempre pone la izquierda para tratar de justificar la desaparición de las FFAA): hay más que remanentes de los grupos terroristas. Hay ideologías extremistas (algunas digitadas desde el exterior) que se han convertido en una suerte de “VIH ideológico”, que de vez en cuando rebrota, que lo hemos controlado pero sin encontrar aún la cura. Esos grupos son clandestinos y no puede conocérseles sólo a través de la recolección de información de fuente abierta. Hay que conocerlos desde adentro y ello sólo se logra a través de la penetración física o electrónica por parte de los espías del Estado Peruano, incluidos los del EP y de los otros institutos armados, y ni qué hablar de la PNP. Todos deben ser parte de las capacidades de recolección clandestina de nuestro Estado (hoy, casi inexistentes). No reconocerlo, simplemente linda con la necedad.

“Atenta contra la “doctrina de la unidad”, que supuestamente se iba a conseguir unificando la doctrina de inteligencia de los tres institutos armados. Podemos aceptar una base doctrinaria inicial única a impartirse en una escuela de inteligencia conjunta, pero reconociendo también que cada instituto tiene sus peculiaridades operacionales y por ende, sus particulares objetivos de recolección (clandestina o abierta) y de análisis, en relación a sus similares extranjeras. Cada instituto debe tener su propia Arma de Inteligencia y debe seguir teniendo su propia escuela de inteligencia. La base doctrinaria inicial sí debe ser uniforme, sobre todo cuando se trate de terminología (conceptos como “contrainteligencia” han llegado a tener tres acepciones distintas, una por instituto) y del formato de los documentos que se producen (las notas de inteligencia y de información pueden variar también, según sea el instituto, y a su vez, pueden ser distintos a los producidos por la PNP). Estos son algunos defectos sistémicos que es menester subsanarlos ya, para contribuir a evitar llevarnos sorpresas desagradables en un ambiente estratégico cada vez más enrarecido.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 31/Jul/08

Problemas y Problemáticas de Inteligencia en la región




Fuente: Bolívar, Alberto. Revista AAinteligencia (Chile) Nº 2, Enero 2008


Es innegable que después de los ataques del 11/9 el mundo ingresó a una era de conflictos asimétricos en los que el uso de la inteligencia – humana o técnica – pasaría a tener un rol preponderante en el desarrollo de la mal llamada “guerra contra el terror” (1), tanto así que Robert Kaplan sostendría que “ante nosotros está la edad de oro de la inteligencia” (2). La verdad es que no se equivocó porque la mayoría de discusiones sobre el tema del terrorismo siempre giran en torno al uso o mal uso de la inteligencia, en especial cuando se enfoca el asunto en las llamadas “técnicas intrusivas”, que es un eufemismo para referirse al espionaje clásico o al basado en tecnología de punta, que obviamente afecta el derecho a la privacidad de las personas (3); cada día nos enteramos de nuevas tecnologías que son desarrolladas para su uso en actividades de inteligencia.

Esto ha originado, sobre todo en los Estados Unidos, que se discuta acerca de las libertades fundamentales que vienen siendo erosionadas en nombre de la seguridad nacional, y en razón de ello los escándalos de inteligencia no se han hecho esperar: politización (inteligencia “cocinada” para justificar la decisión política de invadir Irak), interceptaciones telefónicas sin orden de un juez, arrestos también sin orden de un juez e incluso la sospecha del uso de la tortura en los interrogatorios a presuntos terroristas.

Nuestra región, no obstante ser – al menos por el momento - relativamente periférica respecto a todos estos desarrollos contra el terrorismo islámico, tampoco ha estado exenta últimamente de discusiones y escándalos relacionados con la inteligencia, tal como este año se ha vivido en el Perú, Argentina, Colombia y Chile, tan sólo por nombrar unos pocos casos (4). ¿Por qué sucede esto tan a menudo? La respuesta creo que está en una serie de problemas no resueltos y en problemáticas aún no enfrentadas.

El primer gran problema no resuelto es el de confundir “inteligencia” con “espionaje”. Influidos por el cine y la literatura de ficción y porque los servicios secretos han tenido un origen, evolución y actuación de tipo castrense, se ha tendido a ver su uso muchas veces en términos de “nosotros, los amigos” y “ellos, los enemigos”, pese a vivir en democracias, dirigiendo su atención a todo aquel actor interno con el que se disienta y no importando si el tema en cuestión nada tiene que ver con la seguridad nacional, que en teoría es el marco general temático en el que debía desenvolverse la inteligencia. Hablamos en ese marco de la determinación de riesgos y amenazas, así como de oportunidades en el campo del desarrollo. En el juego democrático puede haber “adversarios”, mas no enemigos, salvo que en verdad ciertos actores decidan utilizar otras vías como la violenta, para la consecución de sus fines. En este caso el Estado tiene que defender a la sociedad, siempre dentro de la legalidad. Uno de sus instrumentos de defensa tiene que ser la inteligencia.

Hay también muchas veces desconocimiento por parte de los consumidores de lo que realmente significa la inteligencia, como actividad legal y legítima de todo Estado que se precie de ser previsor. No se entiende que su rol es extraer la certeza de la incertidumbre y facilitar una decisión coherente en un medio ambiente incoherente (5). Va a proporcionar la información con valor agregado que – en teoría – va a permitir al liderazgo nacional tomar las decisiones más adecuadas y pertinentes.

Alexander De Marenches – quien en una admirable muestra de continuidad nacional dirigió la inteligencia francesa con tres presidentes, entre 1970 y 1981-, didácticamente describe lo que es y su importancia: “En muchos aspectos, es también como el panel de instrumentos en un avión. En la cabina está el hombre que toma las decisiones: el piloto, el jefe del Estado. La información que está frente a él es vital. Sin ella no puede volar el avión con seguridad. Si el servicio de inteligencia ( el autor se refiere a la agencia central) es inepto, lleno de amateurs o de gente que es incompetente o estúpida o algo peor, impactará sobre el presidente, por no mencionar a sus ´pasajeros´ , es decir el pueblo que gobierna. Obviamente, también se debilitará su posición internacional, fallará su brújula y él no estará en posesión de todas las herramientas que le permitan elegir un curso directo hacia su destino” (6).

Se confunde el verdadero significado del adagio “conocimiento es poder”. Para que esto se cumpla, dice Betts, tiene que ser ingerido y digerido por quienes toman las decisiones(7). El ingerir implica recibir inteligencia que no necesariamente va a satisfacer sus expectativas o va a estar acorde con sus percepciones, creencias o prejuicios. Es acá donde se prueba la honestidad profesional de los productores de inteligencia: su deber es decirle al líder lo que necesita escuchar, que no necesariamente puede coincidir con lo que quisiera escuchar. Es difícil presentarle a un político evidencias que van contra todo el bagaje que trae consigo (incluido el psicológico). Todo esto último implica el digerir.

Dice Lowenthal que el consumidor tendría que ser consciente que la inteligencia sirve y es un subsirviente de la política, y trabaja mejor – tanto analítica como operacionalmente – cuando está ligada a objetivos de política claramente comprendidos (8) y obviamente definidos en términos del interés nacional, del Estado y no del gobierno de turno. En esta línea, aconseja Cherkashin que de alguna forma hay que asegurar que los servicios de inteligencia de los países dirijan sus actividades hacia la obtención de objetivos estratégicos apropiadamente definidos, en vez de seguir las intenciones políticas de sus líderes (9). Esto último es clave, por cuanto si un país no tiene definidos sus intereses nacionales permanentes – traducidos o no en la forma de objetivos nacionales -, no podrá hacer uso coherente de su sistema de inteligencia, diseñando y – es lo ideal - anticipando escenarios (10) favorables que visen la defensa, reforzamiento y proyección de dichos intereses (u objetivos). De no darse el caso, estará siempre tratando de formular políticas y estrategias reactivas – y no de iniciativa -, en un sistema internacional tan dinámico y complejo que, entre otras cosas, requiere coherencia de parte de los diversos actores nacionales.

Ahora bien, otro problema relacionado con el anterior es el de cuando el país no sólo no ha definido sus intereses permanentes, sino que además sus líderes son personas improvisadas que no tienen mayores conocimientos de los temas de seguridad nacional o de política exterior. Si estos son los casos, concordamos con la advertencia de Lacqueur, en el sentido de que la inteligencia siempre tendrá que operar adivinando, antes que conociendo las intenciones de su propio gobierno (11).

Este problema, sin lugar a dudas afectará el concepto tradicional de lo que Hulnick considera es el ciclo de inteligencia:

a) Quienes toman las decisiones determinan qué información necesitan y los directores de inteligencia traducen estas necesidades en requerimientos de recolección.

b) Se le asignan responsabilidades a los recolectores para buscar la data que se necesita.

c) Estos recolectan y reportan la data en bruto.

d) Los analistas evalúan la data en el contexto de otra información y de su propia amplia experiencia.

e) La “producción” convierte al análisis en reportes terminados.

f) Los productos son diseminados a los consumidores.

g) Los consumidores toman una decisión política y se vuelve a otra ronda de requerimientos (12).


Si yo, productor de inteligencia, no sé en verdad qué es lo que quiere mi principal consumidor (el presidente), adivinando sólo conseguiré viciar el ciclo entero de inteligencia. Este jamás será riguroso.

Un problema adicional – que también es posibilidad, si se sabe aprovechar – es el del exceso de información que hay en los tiempos actuales. Dice Hopple que los fracasos – o fallas - de inteligencia llevan siempre a pensar en la necesidad de recolectar más data y que esto es un mito por cuanto los analistas están casi siempre inundados con data. Lo que se necesita es más y mejor análisis (13), pero también – y en esto tienen mucha razón Berkowitz y Goodman – la lección es que el cómo es adquirida una información es un punto secundario. El tema real es qué clase de información se necesita para responder a una pregunta (14). En los tiempos de la internet y del auge de la inteligencia de fuente abierta (15), habrá un exceso de informaciones por analizar y procesar. Esto puede causar verdaderos cuellos de botella analíticos porque a veces la data sobre un mismo asunto es contradictoria. Sin embargo, es menester preparar a los analistas para un mejor manejo de las herramientas disponibles para la recolección y consiguiente análisis de la información de dominio público.

Esta revolución de las fuentes abiertas trae consigo otros problemas porque como son herramientas de dominio público, también pueden ser utilizadas por enemigos, adversarios o competidores estatales, o por enemigos no estatales como los grupos terroristas, quienes, por ejemplo, están usando Google-Earth para planificar ataques(16). ¿Qué se puede hacer? Muy poco en el caso de pequeñas y medianas potencias, por cuanto no tienen los recursos para usar camuflaje a gran escala de sus áreas vitales. Tendría que ser un gigantesco – y muy costoso- esfuerzo de contrainteligencia (CI). La India pudo engañar a los satélites estadounidenses antes de sus pruebas nucleares de Mayo de 1998, pero fue una acción específica sobre un área específica: sus sitios de pruebas nucleares. No obstante, la moraleja estratégica es que en algunas instancias los satélites sí pueden ser engañados.

Ya que hemos tocado el punto de la contrainteligencia, se da el problema de que ante la posibilidad que actores no estatales planifiquen acciones violentas contra el país, ¿en qué medida debe aplicarse la CI? Es conocido el axioma que “todo acto terrorista está precedido por un ataque de inteligencia”; por lo tanto, si un país tiene una buena estructura de CI podrá detectar y frustrar esos intentos. Al nivel de las instituciones del Estado, creo que no sólo es obvio sino también necesario tomar las debidas previsiones en ese campo, pero ¿qué hacemos con las instituciones importantes que son privadas y que son blancos actuales o potenciales de una operación de inteligencia hostil? ¿Les pedimos permiso para plantar agentes? ¿Quién va a autorizar las pertinentes medidas intrusivas? ¿Cómo determinar qué organizaciones legales pueden estar por adoptar métodos de lucha ilegales y por ende hay que infiltrarlas?.

Si aceptamos que la debilidad en términos de CI es algo muy malo, un exceso de la misma puede ser peor, como fue el caso del programa COINTELPRO en los EE.UU., conducido por décadas hasta 1975 contra izquierdistas, líderes negros y opositores a la guerra de Vietnam.

En el campo de las relaciones internacionales siempre estará presente la posibilidad del conflicto interestatal – es simple sentido común estratégico y realpolitik -, por lo que los sistemas de inteligencia buscarán descubrir cuándo y cómo otros pueblos reaccionan igual que nosotros, y cuándo reaccionan de manera diferente (17). El énfasis, por tanto, estará puesto en la obtención de inteligencia principalmente política. Esta, indica Lacqueur, es muy subjetiva. Algo de ella comprende masas de data sobre elecciones, tendencias políticas, encuestas y opinión pública, pero la mayor parte de la inteligencia política tiene que ver con asuntos menos cuantificables: lo que los líderes piensan y lo que aspiran hacer, cómo funcionan las sociedades y cómo reaccionan frente a estímulos y cambios (18).

Esta clase de inteligencia puede obtenerse de fuente abierta – merced a un buen análisis -, pero también a través del espionaje (humano o técnico). Si un país logra plantar a un espía o tiene a un agente de influencia en el círculo inmediato de la toma de las decisiones gubernamentales de otro país, obtendrá – o confirmará – inteligencia política de primer orden. Es obvio que si esta penetración es descubierta por la CI del otro país, se producirá un problema que puede afectar a la relación en su conjunto.

Otro problema es el de la cooperación internacional en materia de inteligencia para hacerle frente a las llamadas “nuevas amenazas”, representadas por actores asimétricos y no estatales como los grupos terroristas o las mafias organizadas. Por más necesaria que ésta sea, veo problemática su concreción por el mal recuerdo de la “Operación Cóndor”. Lo que es más, creo que la izquierda regional buscaría frustrarla.

También relacionado con lo anterior está la problemática de la cooperación no tanto entre servicios de inteligencia, sino más bien entre sistemas o comunidades de inteligencia. Francisco Galvache Valero definiría comunidad de inteligencia como “un sistema integrado por las agencias y organismos relevantes en tal materia, que sirven a los objetivos estratégicos del Gobierno de la nación, de forma coordinada gracias a la labor de una estructura de superior nivel que promueve y garantiza las relaciones y la conectividad necesarias, a los niveles y por los procedimientos adecuados, y en orden a optimizar los resultados.” (19)

Una cosa es que un país tenga algunos buenos servicios secretos y otra que puedan funcionar en conjunto, como sistema. Las fallas de la inteligencia estadounidense en 1941 (Pearl Harbor) y 2001 (11/9) no fueron fallas de agencias consideradas individualmente, sino que fueron fallas sistémicas. (20) Esa es la gran enseñanza que hay que extraer: si no se conforman sistemas o comunidades de inteligencia en cada país, será muy difícil una cooperación efectiva y eficiente en el campo de las amenazas asimétricas como el terrorismo. Parafraseando a Galula, diremos que promover el desorden – que es lo que buscan esos actores asimétricos – es un objetivo que consideran legítimo porque sirve para socavar la fortaleza y la autoridad del Estado. Lo que es más, el desorden es barato para crear y muy costoso para prevenir. (21)

¿Deben las agencias principales de cada comunidad o sistema de inteligencia encargarse tanto de los asuntos externos como de los domésticos? Mi opinión es que esa es casualmente una de las razones de muchos de los abusos: se concentra demasiado poder de información en una sola agencia, en países como los nuestros, muchas veces con bajos niveles de institucionalidad democrática. En la mayoría de nuestros países no hay controles efectivos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (generalmente los abusos son denunciados por la prensa), por lo que deberían crear una agencia para la inteligencia externa y otra para la de índole doméstico, siguiéndose el ejemplo estadounidense (CIA-FBI), ruso (SVR-FSB), israelí (Mossad- Shin Bet), francés (DGSE-DST) y británico (MI-6/MI-5). No constituyen contrapesos perfectos (¿acaso existen?), pero ese sistema es mejor al preponderante en nuestra región.

Por último tenemos la problemática de la privatización de las actividades de inteligencia. Si aceptamos que los controles de la inteligencia en la región son débiles, esa situación está tendiendo a agravarse con la llamada “tercerización – oficial o informal - de las actividades de inteligencia”. Por ejemplo, en el caso peruano la Ley del Sistema de Inteligencia Nacional de 2006 no contempla provisiones para estos casos. Hay agencias privadas de seguridad – cuyos dueños casi siempre son oficiales castrenses en situación de retiro - que también están realizando actividades de inteligencia para consumidores privados, sin estar autorizados para ello, a diferencia de lo que viene sucediendo en los EE.UU. (22) Si esta va a ser la tendencia regional, entonces esperemos un desborde de la variedad de problemas antes mencionados.

A modo de colofón debo decir que son grandes los problemas, las problemáticas y los retos de inteligencia en nuestra región. Es por ello que hay que crear conciencia y cultura de inteligencia. Que nuestros pueblos la vean como la primera línea de defensa, como un instrumento legal y legítimo de los Estados; que nuestros líderes la vean y la empleen como una herramienta auxiliar para la toma de decisiones en los asuntos de Estado; que no la empleen mal – como sucede muy a menudo - porque corren el riesgo que terminen usándola en la misma forma que un borracho usa un poste de luz...para buscar apoyo en vez de iluminación (23).


Notas

(1) El general británico Rupert Smith, entrevistado en Military History (Mayo 2007, pp. 14-15, Why we can´t win a ´war on terror´), sostiene que no es posible hablar de una “guerra contra el terror” porque el terror es un método. Es lo mismo que se hablara de ganar “ la guerra contra el yoga”. Es autor del libro The Utility of Force: The Art of War in the Modern World (Nueva York: Alfred Knopf, 2007).

(2) “The Golden Age of Intelligence is Before Us”, entrevista en Salon.com del 20 de Septiembre de 2001.

(3) En su libro Enemies of Intelligence: Knowledge & Power in American Nacional Security (Nueva York: Columbia University Press, 2007, p. 160), Richard K. Betts sostiene que el término privacidad se refiere a la limitación de los medios del gobierno para adquirir conocimiento de las asociaciones, comunicaciones y actividades de los individuos.

(4) “Ofertaban informe secreto de la Marina sobre Sendero. Capitán Carlos Barba también vendía reglaje a ambientalistas”, en La República del 30 de Abril de 2007; Edmundo Cruz, “Ofertaron más de mil informes. A través de canal controlado por la Marina”, en La República del 1 de Mayo de 2007; César Romero, “Empresas de seguridad privadas compran y venden información de inteligencia”, en La República del 1 de Mayo de 2007 (Perú). “Werner Pertot, “Una lección poco inteligente: la investigación por espionaje ilegal en Trelew”, en Página-12 del 23 de Mayo de 2007; “Kirchner destituye al jefe del espionaje militar: El general Montero conspiró para que releven a la ministra de Defensa”, en El País del 23 de Noviembre de 2007; Darío Gallo, “Mi teléfono está pinchado”, en El Mundo del 4 de Diciembre de 2007; “Otro jefe de inteligencia desplazado de su cargo”, en Página-12 del 13 de Diciembre de 2007; Christian Sanz, “El periodismo y el dinero de la SIDE”, en www.uruguayinforme.com del 14 de Diciembre de 2007 (Argentina). “Detenido un ex jefe de los espías de Colombia por vínculos con los paras”, en El País del 23 de Febrero de 2007; Juan Forero, “Traffickers Infiltrate Military in Colombia: Officers Provided Secret Information on U.S. Navy”, en The Washington PostSemana del 11 de Noviembre de 2007; “Ministro de Defensa colombiano no excluye que espionaje a Uribe sea estatal”, en Globovisión del 11 de Diciembre de 2007 (Colombia). Matt Malinowski, “Chile legislators angered by intelligence monitoring of Green NGOs”, en Santiago Times del 14 de Diciembre de 2007 (Chile). del 8 de Septiembre de 2007; “La infiltrada”, en

(5) Richard K. Betts, Surprise Attack: Lessons on Defense Planning (Washington, D.C.: The Brookings Institution, 1982), p. 102.

(6) Alexander De Marenches, con David Andelman, The Fourth World War: Diplomacy and Espionage in the Age of Terrorism (Nueva York: William Morrow & Co.,1992), p. 113.

(7) R.K. Betts, Enemies of Intelligence, p. 15.

(8) Mark M. Lowenthal, Intelligence: From Secrets to Policy (Washington, D.C.: CQ Press, 2000), p. xi.

(9) Viktor Cherkashin, con Gregory Feifer, Spy Handler (Nueva York: Basic Books, 2005), p. 312.

(10)En su artículo “Scenarios, contingencies and war”, Mackubin Thomas Owens sostiene que una de las herramientas más importantes de los planificadotes es el “escenario”, el cual es una imaginaria secuencia de eventos que les permite probar a las creencias convencionales, confrontándolas con una variedad de futuros alternativos. A menudo los escenarios parecen implausibles, pero basta mirar a eventos recientes para reconocer que “implausible” no es la misma cosa que “no puede suceder”. The Washington Times del 4 de Diciembre de 1996.

(11)Walter Lacqueur, The Uses and Limits of Intelligence (New Brunswick y Londres: Transaction Books, 1993), p. 94.

(12)Arthur S. Hulnick, “The Intelligence Producer-Policy Consumer Linkage: A Theoretical Approach”, Intelligence and National Security 1, N° 2, Mayo 1986, pp. 217-18, 220-23, citado en R.K. Betts, Enemies of Intelligence, p. 15.

(13)Gerald W. Hopple, “Intelligence and Warning: Implications and Lessons of the Falklands Islands War”, World Politics, Invierno 1984, p. 344. Una falla de inteligencia es la incapacidad de una o más partes del ciclo de inteligencia para producir inteligencia oportuna y precisa sobre un tema o evento de importancia para los intereses nacionales. Mark M. Lowenthal, “The Burdensome Concept of Failure”, en Intelligence: Policy & Process, editado por Alfred C. Maurer, Marion D. Tunstall y James M. Keagle (Boulder, CO: Westview Press, 1985), p. 51.

(14)Bruce Berkowitz y Allan Goodman, Strategic Intelligence for American National Security (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1991), p. 76.

(15)Clive Thompson, “Open-Source Spying”, en The New York Times del 3 de Diciembre de 2006; Pamela Hess, “Spies Relying More on Open Sources”, en The Washington Post del 6 de Diciembre de 2007.

(16)“Terrorists use Google maps to hit UK troops”, en Daily Telegraph del 13 de Enero de 2007; “Un general de EE.UU. lamenta las capacidades de Google Earth”, en El Comercio del 22 de Junio de 2007.

(17) Karl Deutsch, “Solución de Problemas: El Método Basado en la Conducta”, en Arthur S. Hoffman (compilador), Las Comunicaciones en la Diplomacia Moderna (Ciudad de México: DIMELISA, 1976), P. 92.

(18) Walter Lacqueur, The Uses and Limits of Intelligence, p. 104.

(19)Francisco Galvache Valero, “La formación de la comunidad de inteligencia española: un proceso en marcha”, en Al Servicio del Estado: Inteligencia y Contrainteligencia en España, Arbor, Número Monográfico. No. 709, Tomo CLXXX, Madrid, CSIC, Enero de 2005, p. 195.

(20) Relata Richard Betts en Enemies of Intelligence, p.127, que el ex director de la CIA George Tenet, tres semanas antes de los ataques del 11/9, en una entrevista que parece trágicamente premonitoria, agonizaba ante la perspectiva de una catastrófica falla de inteligencia. “Entonces el país querrá saber”, advirtió Tenet; “por qué no hicimos aquella inversión; por qué no pagamos el precio; por qué no desarrollamos la capacidad”.

(21) David Galula, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice (Westport, CT: Praeger Security Internacional, 1964, 2006), p. 6.

(22) Greg Miller, “Spy Agencies Outsourcing to Fill Key Jobs”, en Los Angeles Times del 17 de Septiembre de 2006; Tim Shorrock, “The corporate takeover of U.S. intelligence”, en Salon.com del 1 de Junio de 2007; Patrick Radden Keefe, “Don´t Privatize our Spies”, en The New York Times del 25 de Junio de 2007; R.J. Hillhouse, “Who Runs the CIA? Outsiders for Hire”, en The Washington Post del 8 de Julio de 2007; “Espías contratados: la tercerización llegó a la CIA”, en La Nación del 14 de Julio de 2007; R.J. Hillhouse, “The Value of Private Spies”, en The Washington Post del 18 de Julio de 2007; Dana Hedgpeth, “Blackwater´s Owner Has Spies for Hire”, en The Washington Post del 3 de Noviembre de 2007.

(23) Thomas L. Hughes, “The Fate of Facts in a World of Men: Foreign Policy and Intelligence Making Process”, Headline Series N° 23 (Washington, D.C.: Foreign Policy Association, 1976), p. 24. Citado en Loch K. Johnson, U.S. Secret Agencies in a Hostile World (Yale University Press, 1996), p. 27.

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