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    Somos un grupo de investigación en temas de Seguridad y Defensa Nacional.

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    Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Profesor de Geopolítica en los Institutos Armados, el CAEN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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Preocupaciones Satelitales (*)




La materialización de una largamente anunciada compra de un satélite por parte de Chile, ha generado inquietud y resquemor en diversos círculos políticos y estratégicos porque ahora “ ese país va a realizar espionaje” desde las alturas, lo cual no es muy cierto, ya que lo que – en última instancia- puede realizar es actividades de “inteligencia” porque espionaje sería enfocar dicho artefacto sobre instalaciones “ultrasecretas”, las cuales, dicho sea de paso, no tenemos desde que en 1978 sus servicios secretos (eso sí fue espionaje) consiguieron los planos de nuestra base en La Joya. Tanto así que hace un par de años, oficiales de la FAP, utilizando Google Earth, descubrieron que en Iquique se había construido un polígono de tiro para la FACH idéntico a dicha base. Dicho sea de paso, con esta clase de servicios, cualquier actor estatal o no estatal – grupos terroristas incluidos – pueden obtener inteligencia de todo aquello que no esté debidamente camuflado, como efectivamente está sucediendo en Irak. (Ver: “Terrorists use Google maps to hit UK troops”, en Daily Telegraph del 13 de Enero de 2007; “Un general de EE.UU. lamenta las capacidades de Google Earth”, en El Comercio del 22 de Junio de 2007.)

El problema no es que Chile compre un satélite, sino que en nuestras “previsiones” de defensa 2006-2011 no se menciona para nada la adquisición de un satélite de comunicaciones y observación que serviría no sólo para vigilar nuestro territorio y también territorios adyacentes, sino que además podría servir para apoyar al desarrollo como por ejemplo a la minería, agricultura, preservación del medio ambiente, Instituto Geofísico, Defensa Civil, etc. Parece que los “genios” que diseñaron el llamado Núcleo Básico Eficaz (NUBE), no tomaron en cuenta una tecnología básica y esencial para cualquier fuerza armada que se precie de estar viviendo en el siglo XXI. ¿Es tanta la falta de imaginación y actualización, como para que no se considerara la adquisición de un satélite que como tecnología multi-usos serviría a todo el país? ¿O es que entraron en consideración “delicadezas” diplomáticas que frustraron dicha intención, si es que ésta alguna vez existió?

Para remate, tampoco escuchamos nada acerca de adquirir o desarrollar (la CONIDA puede liderar ese esfuerzo tecnológico conjunto) vehículos aéreos no tripulados o drones, más conocidos como UAVs por sus siglas en inglés. Si no hay la decisión política (no hablo de fondos, porque los hay) como para decidir la compra de un satélite, ¿por qué no adquirir o desarrollar UAVs? Hace casi dos años traté en sendos artículos estos dos puntos y ahora, en definitiva, compruebo que no sólo no hay decisión política, sino tampoco imaginación y actualización.

Nos preocupan las columnas terroristas que merodean en zonas agrestes de nuestro territorio y no tenemos ni satélite ni drones para ubicarlas y consiguientemente destruirlas; nos preocupa el crecimiento del narcotráfico y no tenemos ni satélite ni drones para apoyar a la Policía Nacional en su erradicación; y así por el estilo.

Realmente somos patéticos en términos de defensa nacional.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 10/Ene/11

Más sobre satélites espías (*)




El uso de satélites espías debe ser complementario a otros métodos de recolección y análisis de información. Una de las razones del 11-S fue el excesivo peso operacional que los EE.UU. le dieron a los llamados “medios técnicos nacionales”, en detrimento del espionaje clásico, es decir, el humano, referido siempre como “Humint” en inglés. En septiembre de 2001, sus capacidades Humint para combatir al terrorismo de Al Qaeda – que ya era considerado como una amenaza de alcance global desde los ataques de agosto 1998 en Tanzania y Kenya-, eran prácticamente nulas. No sólo no tenían espías en la organización, sino que incluso no tenían analistas que dominaran lenguas como el pashtún, muy usado en el Afganistán que era su sede física.

Desde el fin de la Guerra Fría se concentraron en la priorización presupuestal de agencias como la National Security Agency/NSA (que realiza espionaje electrónico global en cooperación con sus similares de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda a través del llamado Sistema Echelon), la National Reconnaissance Office/NRO (encargada del diseño, fabricación y manejo de los satélites espías) y la más reciente (reemplazó a la National Imagery and Mapping Agency/NIMA) National Geoespatial-Intelligence Agency/NGA (que realiza inteligencia geoespacial, es decir, la recolección y análisis de las imágenes obtenidas por la NRO o a través de operaciones comerciales con empresas como DigitalGlobe de Colorado; además de convertirlas en cartas y mapas para apoyar a sus FFAA en tierra, mar y aire). Las tres dependen del Pentágono y son útiles sólo para complementar o confirmar lo que la Humint ha reportado. Un satélite espía puede ayudar a determinar las capacidades materiales de un grupo terrorista o de la fuerza armada de un país, pero las intenciones sólo podrá proporcionarlas un espía bien situado en el círculo de quienes en ambas instancias toman las decisiones.

Dice William Burrows que los sistemas satelitales incluyen no sólo al artefacto espacial, sino también las redes a nivel mundial para el seguimiento, guía, comunicaciones y adquisición de data, que son necesarias para mantenerlos funcionando y productivos.

Un satélite no siempre ve lo que es real porque puede ser víctima de engaño estratégico, como efectivamente le sucedió a los EE.UU. en mayo 1998, cuando la India pudo ingeniosamente ocultar sus preparativos para la reanudación de pruebas nucleares que provocaron una peligrosa respuesta paquistaní en el mismo sentido. En este caso, a Washington más útil –y barato- le hubiera sido tener a un espía bien plantado en círculos políticos, científicos o militares de Nueva Delhi.

Actualmente hay 795 satélites orbitando la Tierra, de los cuales 413 son estadounidenses; Rusia tiene 87 y China 34, y los 261 restantes corresponden a diversos países. La mayoría son de comunicaciones y observación para uso dual. Ojalá que el próximo gobierno privilegie en temas de defensa la pronta adquisición y lanzamiento de un satélite peruano. Lo necesitamos urgentemente.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 29/May/06

Satélites Espías (*)




Todo indica que muy pronto Chile adquiriría un satélite de uso dual –civil y militar- a un costo de US $ 40 millones al consorcio europeo EADS. Sería administrado por sus FFAA y el pago sería con los fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. No sólo es una excelente compra, sino también una necesidad por la ambiciosa meta trazada de alcanzar el estándar militar OTAN en 2010, es decir, en el año de su bicentenario, las FFAA sureñas estarán en condiciones de interoperar con cualquier fuerza armada de la alianza atlántica. A eso debemos añadir las capacidades que desde hace más de una década le proporciona la adquisición en Israel del avión espía “Cóndor” por US 500 millones: espiar, interferir y controlar absolutamente todo el espectro electromagnético en 600 kilómetros a la redonda de donde se le ubique.

En un excelente trabajo sobre el programa de satélites espías de los EE.UU. – Deep Black (1986) – William Burrows cita a George Keegan para claramente establecer por qué es importante tener “ojos y oídos” en el espacio: “Quien controla el reconocimiento, observa al enemigo; quien observa al enemigo, percibe la amenaza; quien percibe la amenaza, establece las alternativas; quien establece las alternativas, determina la respuesta”.

Lo ideal es tener satélites espías, pero si no hay el dinero suficiente–o la decisión política e institucional, factor que es mucho más importante- se pueden adquirir los vehículos aéreos no tripulados (también llamados drones) - conocidos como UAVs por sus siglas en inglés- y los resultados tácticos y operacionales pueden ser espectaculares, como lo demostraron los ecuatorianos en 1995 al obtener inteligencia en tiempo real usando dos UAVs desde su base en Coangos. Esa ventaja tecnológica sólo acabó cuando nuestras fuerzas especiales incursionaron sobre la base y destruyeron a los drones. Sin embargo surgen dos preguntas: ¿por qué nuestra inteligencia militar no tenía conocimiento alguno de esas adquisiciones? (La verdad es que estaba en nada.) ¿Por qué hasta ahora nuestras FFAA no han adquirido o desarrollado UAVs? Alguien tiene que responder a esta última pregunta, porque no son excesivamente caros.

Un UAV o un avión espía pueden ser eventualmente destruidos en tierra o en el aire, lo que no sucede con un satélite, salvo que se posean armas anti satélites, como efectivamente es el caso de EE.UU. y Rusia; ergo, esa es también otra de las razones de la compra chilena: seguridad física.

Las FFAA peruanas podrán comprar todo lo que quieran, modernizar todo lo que quieran, pero mientras primero no adquieran su propio satélite de comunicaciones y observación, seguirán siendo unas FFAA atrasadas, del siglo XX -con sistemas de comunicaciones débiles e inseguros, siempre a merced de aquel que esté sólo un poco más avanzado tecnológicamente, como ocurrió en el Cenepa - y con las graves implicancias que esto conlleva, en un entorno estratégico sudamericano cada vez más inestable.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 22/May/06.

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