¿Quiénes somos?

    Mi foto
    Somos un grupo de investigación en temas de Seguridad y Defensa Nacional.

    Coordinador

    Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Profesor de Geopolítica en los Institutos Armados, el CAEN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

    Mapa de visitas

    Número de Visitantes


    Contador Gratis

Mostrando entradas con la etiqueta recursos naturales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recursos naturales. Mostrar todas las entradas

Nuestra Amazonía




La Amazonía peruana constituye un gran vacío geopolítico en términos demográficos, de presencia estatal y de desarrollo sostenible, pese a constituir la región natural más grande y más rica del país. Desgraciadamente, nuestras élites gobernantes pocas veces – por ejemplo, Fernando Belaunde – visualizaron su importancia estratégica.

Por el contrario, países como el Brasil han hecho del desarrollo, preservación y defensa de su Amazonía un objetivo nacional que geovialmente se ha manifestado en las llamadas “rodovías” que han permitido su marcha hacia el Oeste, tendencia geopolítica cuasi natural originada en los tiempos de la Bandeira y más recientemente sustentada doctrinariamente por autores como Mario Travassos (1931), Golbery do Couto e Silva (1966) y Carlos de Meira Mattos (1975). Todos ellos visualizaron lo importante que era ocuparla y desarrollarla, pero la diferencia con nosotros fue que para (absolutamente) todas sus élites, ello constituyó, más que una simple toma de posición, una verdadera toma de conciencia como primer paso para acceder al Océano Pacífico.

La creación de la Zona Franca de Manaos en 1967, fue en parte como respuesta a la Ley de la Selva Peruana (Ley 15600 del 4/9/65), que creaba un sistema de incentivos fiscales especiales y facilidades especiales de importación, exportación e industrialización de los departamentos de Loreto, Amazonas, San Martín, La Libertad, Madre de Dios, Cajamarca, Huanuco, Pasco, Junín, Ayacucho, Apurímac, Cuzco y Puno. Los brasileños se preocuparon, reaccionaron y los resultados saltan a la vista: comparemos lo que es Manaos con lo que es Iquitos. En ellos hubo continuidad política y estratégica; en nosotros, mezquindad política y abandono por parte de la mayoría de gobiernos, tal vez porque su incidencia electoral no es determinante. ¿Qué conseguimos? La consolidación de verdaderas áreas sin ley en nuestra Amazonía.

Hoy, nuevamente nos acordamos de la región natural que alberga nuestro mayor potencial riqueza, sólo por el problema suscitado a raíz de la protesta de las comunidades nativas contra los decretos legislativos 1015 y 1073. Para acabar con la manipulación política no debe volver a ofrecerse “modernidad”, sino más bien “desarrollo”.

Para los pueblos amazónicos, desarrollo implica ante todo, interconexión física, es decir carreteras y ferrovías; aumento del índice geovial para que lleguen el Estado y la inversión, y esos pueblos (rodeados de riqueza potencial) puedan (por fin) incorporarse al mercado. No nos hemos dado cuenta, pero tal vez el corredor interoceánico más importante sea el que una a Iquitos con Bayóvar; lo mismo podemos decir del proyecto de la ferrovía Santos-Bayóvar, anunciado por el actual gobierno en agosto de 2007. Si realmente queremos apagar la mecha que puede incendiar nuestra Amazonía, ofrezcamos y concretemos (cuanto antes) carreteras y ferrovías; igualmente, diseñemos (de una vez por todas) una Estrategia de Desarrollo en Seguridad de nuestras fronteras amazónicas. No vaya a ser que más adelante nos lamentemos por cómo, zonas jurídicamente nacionales, perdieron su identidad de tales.

Activos Estratégicos (*)




Entre otros, dentro de esta categoría podemos encontrar al agua y a las diversas fuentes de energía, prefiriendo los economistas referirse a las mismas como commodities. No obstante, como estamos en un mundo en el que casualmente cada día estarán más escasos, para el estadista estos activos van adquiriendo el carácter de estratégicos (sin que esto signifique en modo alguno apoyar el sentido que se le dio al término “estratégico” entre 1968 y 1980), porque pueden condicionar – sino determinar – el desarrollo y la seguridad de un país en las décadas por venir, en razón de su buen o mal uso, e incluso de su no uso.

Para el estadista, son estratégicos porque su escasez o su abundancia y la forma como afecten al desarrollo, se reflejarán en el grado de poder nacional que un país detente en un momento dado de su historia y que –al menos en teoría - le permitirá alcanzar una determinada estatura estratégica y por ende un margen de maniobra mayor o menor para afrontar situaciones de conflicto.

Activos (casi estratégicos) hemos tenido varios a lo largo de nuestra historia: el güano, el salitre, el caucho, las riquezas ictiológicas y ahora el gas (y por qué no también decirlo, el agua.) Sin embargo, salvo – hasta ahora – lo último, el resto fue dilapidado en vergonzosas marañas de corrupción, incompetencia y falta de previsión. No supimos qué hacer con esos activos, que nunca devinieron en verdaderamente estratégicos porque no teníamos una idea coherente de país a largo plazo; o dicho de otro modo, porque no nos gobernaban estadistas.

Si el siglo XIX fue el siglo del carbón y el siglo XX el del petróleo, el actual es el siglo del gas natural. Lo tenemos y pese a ello, en vez de ver cómo se masificaba su consumo doméstico, hubo quienes prefirieron que se exportara, no importando a quién fuera, es decir, como el caso de Chile, en medio de un diferendo territorial. La exportación – a quien sea – es sólo buena si hay reservas comprobadas suficientes para satisfacer el consumo interno y si las relaciones con el comprador son verdaderamente óptimas. Como podrá apreciarse, no se cumple ninguno de los dos supuestos.

Torre Tagle prefirió hablar de llevar los asuntos bilaterales por “cuerdas separadas”: por un lado, lo político-diplomático y lo estratégico-militar, y por otro, lo económico-comercial; como si no fueran herramientas integrales para accionar al momento de ir a una difícil negociación diplomática para resolver un contencioso territorial (es la vía que yo hubiera adoptado, usando cartas como el agua, energía hidroeléctrica e incluso el gas) o para apoyar la (final) decisión de ir a La Haya.

Atentando contra el interés nacional, altos funcionarios públicos peruanos (verdaderos cipayos) festinaron trámites legislativos con tal de tratar de aliviar los graves apuros energéticos chilenos. Es menester saber cuanto antes quiénes se prestaron a una trama que – no hay duda -, afectaba negativamente el futuro energético del país. Esto fue hecho a sabiendas. Deben pagar por ello.


(*) Alberto Bolívar. Publicado en Diario Expreso. 14/Feb/08

Bush regrets Irak invasion based on Intelligence failure

Entrevista a Henry Kissinger

Lorem ipsum