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    Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Profesor de Geopolítica en los Institutos Armados, el CAEN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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La importancia de la Geopolítica y Geoestrategia en los Planes de Desarrollo(*)



(*) Alberto Bolívar . Ponencia presentada en el desayuno de trabajo organizado por el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico/CEPLAN el viernes 3 de febrero de 2012.

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Prever – dice Celelier (1979:92) – no es inventar, sino imaginar con tantos datos como sea posible el sentido y la velocidad de una evolución en curso o de una tendencia que se dibuja; es situar su término en un momento dado. Por consiguiente es preciso saber ante todo dónde se está colocado. Dicha “colocación”, creemos, implica saber como país qué se es desde el punto de vista geopolítico, pero más importante aún, qué es lo que se quiere ser o alcanzar en el mediano y largo plazo, en los ámbitos sub-regional, regional y mundial. En otras palabras, un país como el Perú requiere tener una Imagen-Objetivo a ser materializada en las próximas décadas, a partir de la actual realidad, lo multidimensional de sus problemas, y pese a los abruptos y tal vez también dramáticos cambios que el transcurso se vayan dando.

Este proceso debe partir de una iniciativa estatal que al final termine traduciéndose en la forma y el producto de una geoestrategia nacional consensuada entre el Estado y la sociedad, que abarque tanto aspectos del desarrollo como de la seguridad, y que le permitan obtener al Perú la estatura estratégica de potencia mediana regional, sólo superado por el Brasil y la Argentina. Nuestra geografía, nuestros recursos naturales, las capacidades de nuestra población y nuestro destino histórico así nos lo imponen.

Geopolítica

Cuando hablamos de “geopolítica”, para los efectos del presente documento de trabajo, es lo que el brasileño Backheuser define como “la ciencia política orientada en armonía con las condiciones geográficas” (1926). Una definición parecida, pero no tan completa, es la de Kelly (1997: 2), quien sostiene que “Geopolítica significa el impacto de ciertos factores geográficos en la política exterior de un país”. El concepto de “ciencia política” abarca más que la sola política exterior; abarca también la política interior o doméstica, que para efectos del desarrollo nacional en países de topografía tan agreste (como el Perú), puede ayudar a encontrar soluciones a su actual situación de subdesarrollo.

Otra (interesante pero amplia) definición nos la da Cohen, cuando afirma que “geopolítica es el estudio aplicado de la relación del espacio geográfico con la política. Por lo tanto, la geopolítica está preocupada con el impacto recíproco de constantes, temas y estructuras espaciales con las ideas políticas, instituciones y transacciones. Los marcos territoriales al interior del cual se dan esas interrelaciones, varían en escala, función, alcance y nivel jerárquico desde el nacional, inter-transnacional y continental-regional hasta el provincial y el local. La interacción de los procesos espaciales y políticos en todos estos niveles, crean y moldean al sistema geopolítico internacional.” (1994: 17) Esta definición es muy pertinente para ser internalizada en todos los niveles de la estructura estatal.

Geopolítica implica partir de una base física permanente: la geografía nacional, pero en especial de su conocimiento y de las implicaciones internas y externas que de factores como la posición, por dar un ejemplo, se derivan. La geografía – afirma correctamente Celelier (1979:20) - es neutra y las ventajas que pueden emanar de la misma no son reales sino en la medida que se hayan dado en el país los medios para explotarla y la voluntad de hacerlo. O en palabras de Knight, “el territorio no es, sino que se convierte en tal. En sí mismo, el territorio es pasivo, siendo las creencias y acciones humanas las que le dan un significado.” (1994:76) De ahí que tengamos autores como Ó Tuathail refiriéndose a “la instrumentalidad del espacio” (1996: 24) y citando a Nicholas Spykman, cuando afirmaba que la geografía “es el factor condicionante más fundamental de la política nacional porque es el más permanente. Los ministros vienen y se van, incluso los dictadores mueren, pero las cadenas montañosas permanecen imperturbables.” (1996: 51)

Países como el Perú no obtendrán los medios que necesitan de modo suficiente, sólo si no son capaces de convertirse en lo que Emilio Castañón Pasquel denominaba sistemas de eficiencia colectiva: a partir de una armonización – con sentido estratégico – de sus elementos más permanentes: los geográficos, los que además condicionan – no determinan – sus orientaciones en materia de políticas de desarrollo nacional y en términos de políticas exterior, y de seguridad y defensa nacional, respectivamente. Dice este autor peruano: Querer desentrañar el carácter y calidad de aquella eficiencia exige iniciar la observación del caso mediante un análisis especial, de carácter “espacial.” (1979: 17) Es decir, no hemos tomado en cuenta nuestras características geográficas – empezando por la ubicación de nuestro territorio –, la identificación de nuestros intereses permanentes (geopolíticos) y las constantes de comportamiento geohistóricas nuestras y las de otros actores nacionales. Por ende, nuestros planes de desarrollo y defensa han adolecido de claridad, coherencia, continuidad e incluso predictibilidad. En palabras de O´Loughlin (2000:36), podemos afirmar que nos hemos cegado y perdido oportunidades porque hemos visto la realidad nacional e internacional con lentes “ageográficos.”

Estrategia

Pese a ser un país sub-poblado y con grandes recursos naturales, los índices de desarrollo humano son realmente lamentables como consecuencia de una mala demarcación, ocupación y administración del territorio, así como por la deficiente explotación de lo que el mismo contiene. De ese modo, para madurar geopolíticamente necesitaremos un nuevo enfoque de los problemas nacionales, internacionales e intermésticos; necesitaremos un enfoque de tipo “espacial”, además de “estratégico”; lo que implicará la aplicación de la “estrategia”, - Celelier cita la definición que da Lenin - que no es más que “la elección de los puntos de aplicación de las fuerzas” (1979: 104).

Para Brzezinski, el término “estratégico” se refiere a la aplicación global y planificada de medidas para alcanzar un objetivo central o ventajas fundamentales de tipo militar. (1988: 10) Como podemos apreciar, el autor norteamericano tiene un sesgo predominantemente militar en lo que a la estrategia se refiere.

Toda estrategia, recomienda Showalter es mejor entendida como el cálculo de las relaciones entre medios, fines y voluntad. (1991: 108) En nuestra opinión, cuando se refiere a los medios, estos son los activos tangibles e intangibles con los que cuenta o puede contar el país (poder y potencial nacionales), para obtener ventajas comparativas y competitivas en un mundo globalizado; fines son los objetivos de mediano y largo plazo que se hayan establecido; y voluntad se refiere a una decisión política (consensuada) del más alto nivel, que conlleva cierto grado de institucionalización en el tiempo a través de objetivos nacionales y políticas públicas.

Por su parte, Kennedy (1991: 5) considera que la clave de toda gran estrategia se basa en la política, esto es, la capacidad de los líderes de la nación para juntar a todos los elementos militares y no militares para la preservación y engrandecimiento de los mejores intereses de largo plazo. Dicha tarea está llena de imponderables y “fricciones” no previstas, nos advierte el autor británico. No es una ciencia matemática en la tradición de Jomini, sino un arte en el sentido de Clausewitz, además de un arte difícil porque opera en varios niveles, todos interactuando unos con otros para hacer avanzar (o retardar) al objetivo principal. Por su parte, Gray y Sloan (1999: 2) advierten que la extensión en la cual serán explotadas las oportunidades geográficas dependerá de la estrategia.

Geoestrategia

Respecto a la geoestrategia, el antes citado Celelier nos dice: “La Geoestrategia, hermana menor de la Geopolítica, forma con ella un homogéneo díptico que de este modo ofrece al político y al militar igual método de aproximación a los problemas necesariamente conexos en el mundo actual. En consecuencia, adquiere poco a poco derecho de ciudadanía, ya que estudian juntas relaciones esenciales en la vida moderna del país.” (1979: 51) (El resaltado es de ese autor).

El argentino Gómez Rueda (1977: 95) considera que la geoestrategia es la interpretación estratégica de la geografía, así como la geopolítica es la interpretación política de la misma realidad. Del mismo modo, para Dolman la geoestrategia es una variante de la geopolítica y viene a ser la aplicación estratégica de tecnologías nuevas y emergentes, al interior de un marco de conocimiento geográfico, topográfico y posicional. (1999: 83)

Inicialmente, Brzezinski consideraba al término “geoestratégico” (1988:10) como una mezcla de las consideraciones estratégicas con las geopolíticas. Posteriormente mejoraría su concepto al indicar que “geoestrategia” vendría a ser “la gestión estratégica de los intereses geopolíticos“ (1998: 40), entendiéndose a estos últimos como aquellos intereses vectores y con cierto nivel de permanencia porque han sido determinados a partir de la definición geopolítica del país y los intereses que de la misma se derivan. Implica, por ende, el diseño de un gran plan que incluya a los objetivos políticos, económicos, sociales y militares a cumplirse sobre todo en el mediano y el largo plazo.

Hay autores como el chileno Navarro Meza, que en los hechos equiparan a la geoestrategia con el concepto de Gran Estrategia, a la cual considera como “la definición de un proyecto de inserción internacional único y específico del Estado y la adecuación de sus recursos de poder, cualquiera sea la naturaleza de estos, para apoyar dicho proyecto. De ello se sigue la necesidad de priorizar tales recursos, armonizándolos con las capacidades generales del país.” (2004: 45-51) El autor habla de tres categorías específicas dentro de una gran estrategia:

· Los de naturaleza preexistente e inmutable, y que principalmente son la geografía y la historia.

· Los elementos domésticos: la economía y la política.

· El escenario internacional: la diplomacia y la defensa.

Paul Kennedy (1991: xi) considera que una gran estrategia es la integración de los objetivos generales políticos, económicos y militares para preservar los intereses de largo plazo de un país.

Por ende, si hay gran estrategia, hay permanencia de intereses nacionales y si hay permanencia de intereses nacionales, quiere decir que hay definiciones y determinaciones nacionales de índole geopolítica.

La geopolítica y la geoestrategia son claves para la defensa y el desarrollo nacionales porque en última instancia permiten la racional y planificada ocupación de territorios y espacios interiores cuya potencialidad económica puede contribuir al crecimiento de un poder nacional tal que le permita al país alcanzar lo que Sherman Kent (1978: 57) denominaba “estatura estratégica”; entendiendo por esta última a “la suma total de los medios, suaves y rudos que posee un país, a lo cual debe agregarse su voluntad de emplearlos y su pericia en usarlos.”

¿Y la Defensa Nacional? El hardware para la Defensa Nacional – militar, para ser más exactos - saldrá del desarrollo nacional y éste será posible sí y sólo si “la gestión estratégica de los intereses geopolíticos” logra articular racional y realistamente el empleo de los recursos naturales actuales o potenciales, así como los activos estratégicos del país para un horizonte de mediano y largo plazo.

La geopolítica puede ayudar a identificarlos, porque tal como dijo Napoleón Bonaparte hace ya más de 200 años: "La política de los Estados reside en su geografía". No es que necesariamente determine el desarrollo y porvenir de un país, pero sí lo condiciona y al momento de analizar a otros actores estatales, pueden identificarse constantes de comportamiento geohistórico, tanto de ellos como de nosotros. Los países que en base a un análisis de su geografía y sus recursos - que son el tablero y las piezas de ajedrez- han identificado sus intereses nacionales permanentes, son los que mejor y mayor provecho están obteniendo en un ambiente internacional globalizado lleno de cambios muy dinámicos y a veces violentos. La definición de los intereses nacionales que son permanentes, casualmente porque son producto de un análisis geopolítico, es lo que permitirá darle claridad, coherencia, continuidad y predictibilidad a las políticas públicas en los campos del desarrollo, de las relaciones exteriores, así como de la seguridad y defensa de nuestro país.

Identificación de los recursos geoestratégicos nacionales

Como ya vimos, geografía es neutra. De nada sirve en el caso peruano tener, por ejemplo, una posición central tan ventajosa, esa "plusvalía natural" a la que se refiere Migone Peña (2004), si es que de parte de las elites no se ha dado la percepción de su importancia estratégica y obviamente la decisión política para sacar provecho de la misma. Esto no se ha dado, en parte, por lo que Víctor Andrés Belaunde denominaba "anatopismo", un neologismo que proviene del griego topos (tierra) y ana (ir contra), que significa ir contra lo que la tierra, la geografía nos está diciendo y que según ese autor constituye un vicio que sintetiza toda una serie de defectos de la mentalidad nacional. (1963: 32)

¿Cómo podríamos definirnos geopolíticamente para así identificar nuestros intereses nacionales permanentes? De forma sencilla:

a) Marítimo-central, en relación al cuadrante sudoriental de la Cuenca del Pacífico.

b) Andino-central, en relación a la Comunidad Andina, por más crisis en la que ésta se encuentre, y

c) Amazónico-central, en relación a la Hoya Amazónica.

Vemos, pues, que la centralidad de nuestro territorio (esa “plusvalía natural”) es nuestra principal cualidad geopolítica y por ende, debe constituirse en nuestro primer y principal recurso geoestratégico porque como acertadamente afirma Brzezinski (1998:46), “la situación geográfica sigue siendo el punto de partida para la definición de las prioridades externas de los Estados-naciones.”

El Libro Blanco de la Defensa Nacional (2005: 49) es un primer intento para caracterizar geopolíticamente al Perú, aunque dicha caracterización no nos agrada ni convence porque no contiene lo principal: su centralidad. (“Perú: País Marítimo, Andino, Amazónico, Bioceánico y con Presencia en la antártica.”) La centralidad se ve en el mapa, mas no se le menciona en dicha caracterización, lo cual es una enorme omisión. Si no se le menciona taxativamente, simplemente no se podrá usar adecuadamente dicha caracterización en los contenidos educativos que se impartan en las escuelas a los niños a partir de los tres años de edad; contenidos como por ejemplo, que nuestro país, por el oeste, no limita con el Océano Pacífico, sino que limita con la Cuenca del Pacífico.


Relacionado con el recurso geoestratégico anterior está el segundo: la profundidad estratégica de nuestro territorio. En términos tanto para el desarrollo como para la defensa, es un muy factor importante.

Para el desarrollo, podemos todavía ocupar y desarrollar (ecumenizar) racionalmente espacios en direcciones Norte y Noreste, en dirección a la Ceja de Selva de Cajamarca y Amazonas, así como de Selva Baja en Loreto, hasta el tripartito. También en dirección Este hacia la selva central – una vez solucionados los problemas de seguridad en el VRAE -, que teóricamente tendría que constituirse en nuestro heartland, así como hacia la selva Sureste en Madre de Dios y Puno.

Esa profundidad estratégica nos permitirá conquistar espacios y ampliar fronteras, ambos hacia el interior, redistribuyendo adecuadamente a la población. Y desde el punto de la defensa, los peruanos “podemos retroceder” en varias direcciones y resistir cualquier ataque de un actor nacional militarmente muy superior, para así organizar la resistencia y eventualmente el contraataque. Es por ejemplo, lo que la ex Unión Soviética hizo entre 1941 y 1943, del mismo modo que los zares lo habían hecho contra Carlos XII de Suecia en el siglo XVIII y contra Napoleón en el siglo XIX.

El tercer recurso geoestratégico lo constituyen nuestros recursos naturales mineros, energéticos, hídricos y agrícolas.

El cuarto recurso geoestratégico es nuestra cualidad marítima, con 2,500 kilómetros de costa en el frontis central del cuadrante sudoriental de la Cuenca del Pacífico, es decir la puerta de entrada a Sudamérica desde el Oeste.

Dorpalen nos recuerda que “el mar es sólo el camino para el dominio del mar”, y que ya sea el Helesponto o el Mediterráneo de la antigüedad o el Atlántico y el Pacífico en nuestros días, abre siempre las puertas hacia nuevos países, nuevos recursos, nuevas riquezas. Citando al economista alemán Friedrich List, hace suya su advertencia de que “aquel que no participase del mar, quedará excluido de todo lo bueno y de los honores de la tierra, será como un hijastro de nuestro Señor.” (1982:88)


Hacia una geoestrategia peruana

Una geoestrategia peruana debería considerar estos ejes estratégicos:

1. Macrorregionalización y más efectiva Descentralización. Pese al fracaso del anterior intento de descentralización a través de la regionalización (1989), en 2001 se cometió el error de convocar a elecciones regionales para Noviembre de 2002, sin antes tener una Ley de Bases de Regionalización que propiciara la conformación de macrorregiones. Por el contrario, se empezó con 24 regiones, lo que desde el punto de vista geopolítico constituía una aberración. Desgraciadamente el referéndum de hace unos años rechazó la creación de macrorregiones, pese a la vital importancia geopolítica que representaba su creación, especialmente para contrapesar geopolítica y geoeconómicamente a Lima Metropolitana, ciudad que en sí constituye un país dentro de un país, y que es mucho más poderoso que cada una de las “regiones”. Un proceso de macro regiones equilibraría más las relaciones entre el centro (Lima) y la periferia (el resto de “regiones”). El proceso era importantísimo porque hubiese permitido que los procesos de producción-consumo-inversión se dieran en nuestro hinterland, creando empresa y puestos de trabajo, ingresos para los gobiernos regionales y la posibilidad en el mediano plazo, del retorno de parte de los inmigrantes que ahora constituyen el 30% de la población nacional que está concentrada en Lima Metropolitana y el 73% que ocupa toda la región costera. Ahora sólo nos queda esperar un lustro para recién empezar a dejar atrás y para siempre, esa nefasta tendencia que nos llevó a crear, reducir o dividir circunscripciones territoriales sin criterio técnico alguno, dificultando nuestro desarrollo y defensa nacionales, tal como lo había advertido José Román de Idiáquez hace más de un siglo. (1893) Macrorregionalizar el país nos llevará al ordenamiento del territorio y su adecuada ocupación. (Eduardo Gómez de la Torre Freundt (2010), pero debe hacerse tomando en consideración lo planteado por Manuel Dammert (2002), en el sentido de relacionar este proceso con el de las carreteras interoceánicas. La actual administración de Ollanta Humala acaba de reafirmar su intención de ir hacia la macrorregionalización del país pero de modo consensuado. (Francesca García, 2011)

2. Vías de Comunicación. Como primordial medida para la constitución de un verdadero país habitado por pueblos que puedan ir sintiéndose parte de una sola nación y de un solo proyecto -, tenemos que “achatar” nuestro territorio a través del incremento geométrico de nuestros índices geoviales (carreteras y ferrovías transversales y longitudinales.) Sólo así podrá empezar a darse una saludable relación dialéctica centro-periferia, que reemplace a la actual tensión centro-periferia. Así Brasil no hubiese estado interesado en salir al Pacífico, igual necesitábamos no sólo uno, sino tres corredores transversales. En el sur, la ya aprobada interoceánica; por el centro, Pucallpa-Tingo María-Huánuco-La Oroya-Lima y por el norte, la también ya aprobada Paita-Corral Quemado-Bagua-Sarameriza-Iquitos (con tramos intermodales). Dos ferrocarriles longitudinales: el Tumbes-Tacna y el Cajamarca-Puno, y la ferrovía Bayóvar-Pucallpa. (Mercado Jarrín, 1999) Además, servirán para asentarnos estratégicamente al interior del IIRSA. Se produciría un cambio geopolítico espectacular si se concreta la ferrovía de 5,600 kms que uniría Santos y Paita, pasando por Pucallpa, Tingo María, Tocache, Tarapoto, Moyabamba, Chachapoyas, Jaén, Olmos y Piura. El geométrico aumento de nuestros índices geoviales coadyuvaría – como vimos - a la consolidación de las macrorregiones y a la ampliación del mercado interno, así como a nuestras exportaciones.

3. Acueductos, plantas de tratamiento. Lima es una ciudad sedienta y el problema del agua - su escasez al nivel mundial - tenderá a agravarse. Debemos formular una Política de Seguridad Hídrica que nos proteja de lo que se viene. Ya hemos visto conflictos entre regiones, como fue el caso de Moquegua y Arequipa por el aprovechamiento de las aguas del proyecto especial Pasto Grande. (La República, editorial del 22 de noviembre de 2003) La escasez mundial de agua causará inestabilidad interna en los países y conflictos entre estos. Debemos construir acueductos para traer agua de los ríos de la selva hacia la costa y sierra con fines de irrigación y consumo humano, así como ver la forma de tratar las aguas servidas, tal vez con la tecnología que usan para estos efectos países como Israel.

4. Puertos. No sabemos qué hacer con ellos porque no tenemos una política oceánica - que necesariamente tendría que articularse con la política geovial - y menos una geoestrategia de puertos que permita aprovechar esos activos estratégicos situados a lo largo de nuestros 2,500 kilómetros de frontis costero central. Independientemente de la discusión acerca del régimen de los puertos (estatales, mixtos o privados), debemos lograr que absolutamente todos nuestros puertos sean eficientes, baratos y seguros, como resultante de una clara concepción estratégica. Sólo ésta nos posicionará como el principal puente entre Sudamérica y la Cuenca del Pacífico. Será así como los usuarios en el hinterland. No puede haber talasocracia, es decir poder marítimo, si es que no tenemos puertos gerenciados estratégicamente y una marina mercante propia. sudamericano y allende el mar considerarán a nuestros 2,500 kilómetros de costa como un “hiperpuerto”. Sabrán que por cualquiera de ellos los buenos negocios están asegurados. Eso, respecto a los puertos, pero relacionado con ellos está la virtual inexistencia de nuestra marina mercante, tal como ya ha sido advertido con claridad por autores como Palacios Dongo en 2004 y 2005

Los chilenos siempre alentaron las inversiones en ese rubro y hoy tienen poderosas navieras. Sudamericana de Vapores, la principal naviera chilena y una de las más importantes de la región, en 2005 acordó suscribir a través de una o más filiales, una línea de crédito por hasta 250 millones de dólares con el banco alemán HSN Nordbank para la futura expansión de sus negocios. Vapores, controlada por el grupo del empresario Ricardo Claro y que además administra varios puertos en Chile. Los recursos se destinarán para solventar la adquisición de naves, de acuerdo a las necesidades de crecimiento de su flota. Sudamericana de Vapores reportó ganancias por 99,2 millones de dólares en el primer semestre, un 39,5 % más que en igual lapso del 2004, debido a un fuerte incremento en sus ingresos. (Reuters, 2005) Tal es nuestra dejadez e incompetencia en términos geopolíticos, que hemos permitido que Chile controle el 75% de los servicios portuarios y casi el 100% del transporte marítimo de combustible, a través de sus inversionistas privados, tal como informó (Ana Núñez, 2006).

5. Energía. Buscar nuevas fuentes, aprovechar el gas de Camisea para privilegiar el consumo interno por las cuatro próximas décadas. Así como el siglo XIX estuvo regido por el carbón y el siglo XX por el petróleo, el presente siglo estará regido por el gas natural, tal como bien lo ha señalado Simon Romero en un esclarecedor artículo publicado el 15 de junio de 2005 en The New York Times. En 2005, astutamente, Chile disfrazó sus apuros energéticos proponiendo – y a veces casi intentando imponer- un “anillo energético” a través del cual se usaría nuestro gas de Camisea para abastecer a los países del cono sur, convirtiéndonos en una suerte de “buen samaritano energético” del subcontiente. Exportemos nuestros excedentes, sólo después de haber masificado su consumo interno. Mientras no se encuentre más yacimientos de gas, Camisea debe ser una de nuestras cartas de garantía para el desarrollo nacional en la primera mitad de este siglo. No sólo el Perú, sino Sudamérica van a tener problemas en este campo. Según la CEPAL, es necesario tomar acciones desde ahora hasta 2030, para evitar el desabastecimiento en la región. (Marcia Carmo, 2011) Meses después, la Agencia Internacional de la Energía, advirtió que “el mundo se encamina hacia un futuro energético insostenible” si los gobiernos no toman “medidas urgentes” para optimizar los recursos disponibles. (EFE, 2011) De ahí la urgente necesidad de alcanzar la independencia energética (Derteano, 2011), tal como vimos lo está logrando el Brasil.

6. Alimentos. La escasez de alimentos y los consiguientes problemas de desnutrición crónica que se dan en países como el Perú, ya constituye un problema de seguridad nacional que requiere ser abordado y solucionado en una propuesta de geoestrategia nacional. Esto se da en medio de una crisis alimentaria a escala global. Después de 2005, los precios reales de los alimentos han subido un 75% y son históricamente los más altos desde que el índice de precios de los alimentos fuera creado por The Economist en 1845.

Según la FAO, el número de las personas que sufren hambre se ha incrementado en 140 millones y hoy pasa de los mil millones. Entramos así en una época, nos viene adviertiendo Oswaldo de Rivero (1998, 2011), en una era en la que tener seguridad alimentaria es indispensable para tener estabilidad política porque puede haber un “tsunami” de protestas populares porque el Perú es uno de los 54 países con un consumo per cápita menor en calorías del mundo, y que ya es hora de establecer un sistema de seguridad alimentaria nacional, creemos, a partir de la ampliación de la frontera agrícola, aumentando la producción pero sobre todo la productividad, y la creación de una reserva estratégica de alimentos – renovada cada cierto tiempo a través de su repartición a los más necesitados -, para que no sólo no falten los alimentos, sino para estar en condiciones de afrontar una emergencia de hambruna mundial.

Entre julio del 2010 y abril de 2011, el precio mundial del trigo creció 120%, mientras que el del maíz 115% En este segundo semestre comenzaron a descender, pero no del todo. Esto ha encendido nuevamente las alertas mundiales sobre una nueva crisis de alimentos como en el 2008 en el que se dispararon los precios de los principales cereales. (Marienella Ortíz, 2010) Uno de los grandes problemas es que hay mucha especulación en el campo de los alimentos, afectando a millones de personas al nivel mundial. (Daniel Del Pino, 2011).

Actualmente ya puede hablarse de una “geopolítica de los alimentos”: Lester R. Brown, director del Earth Policy Institute de Washington, va más allá al afirmar que la comida se ha convertido en el motor a la sombra de la geopolítica mundial, en la cual la escasez de alimentos puede ser la norma en lugar de la excepción.

Hasta hace algunos años, se le prestaba poca atención a la oferta de alimentos o, incluso, a la agricultura. Las hambrunas se localizaban en países periféricos, extremadamente pobres, algunos considerados no viables. Actualmente, la seguridad alimentaria no es un asunto que se pueda tomar a la ligera, como si fuera una preocupación de otras latitudes.

Por el contrario, las continuas presiones de demanda por mayores volúmenes de comida, especialmente provenientes de China e India y otras economías emergentes, y los rezagos en la capacidad de producción no suficientemente compensados por desarrollos en la productividad, se han traducido en los inventarios más bajos de la historia, lo cual, a su vez, ha generado crecimientos extraordinarios en los precios de los alimentos a nivel planetario. Las elevadas cotizaciones del petróleo y de los combustibles contribuyen también al encarecimiento de los alimentos, dado que aquellos representan, en promedio, una tercera parte del costo de producción, al menos en el caso de los cereales. El cambio climático también juega de local, pues por cada aumento en la temperatura global de un grado, la productividad del agro se desploma en 10 por ciento. (Andrés Espinosa Fenwarth, 2011; Joshua Keating, 2011)

7. Fuerzas Armadas (operativas). Dotarlas de un presupuesto adecuado que les permita recuperar unos aceptables niveles de operatividad que le devuelvan al país unas capacidades disuasivas que hoy – desgraciadamente – son inexistentes y que son muy necesarias en un ambiente internacional global cada vez más enrarecido por la carencia de recursos naturales como el agua o la energía. El Perú necesita – sin necesidad de caer en una carrera armamentista – recuperar un mínimo aceptable de capacidades operativas convencionalesno convencionales (asimétricas); todo esto con la finalidad de que el país recupere unas capacidades disuasivas reales y creíbles, que desgraciadamente hoy son inexistentes. Como bien sostienen Metz y Jonson (2001): “La aproximación de una estrategia asimétrica integrada con otras técnicas simétricas es mucho más poderosa que basarse solamente, ya sea en métodos simétricos o en métodos asimétricos”. Esto debe llevarnos a una reflexión acerca de cómo podríamos los peruanos redefinir organizacional, doctrinaria y operacionalmente nuestras FFAA con el objetivo de reducir costos, pero maximizando la preparación del personal, creando y combinando estructuras de fuerza capaces de a su vez combinar estrategias simétricas y asimétricas contra cualquier potencial adversario cuyos medios sean notoriamente superiores a los nuestros. (priorizando a nuestros cazabombarderos, nuestros submarinos y nuestras capacidades antiaéreas y antitanques, así como a nuestras fuerzas especiales) y paralelamente desarrollar capacidades combativas

Un país no puede confiar solamente en que los organismos internacionales y obviamente el derecho internacional lo protejan de una agresión. Es por ello que nunca está de más recordar las palabras de Voltaire: “Dios es justo, pero prefiere los batallones mejor pertrechados.”


Fuentes Consultadas

- Everardo Backheuser: Una Estructura Política de Brasil; Mendoza, Machado y Cía., Río de Janeiro 1926; citado por el autor argentino Roberto Antonio Garay Saravia, en su trabajo “¿Qué es la Geopolítica?”; http://meltingpot.fortunecity.com/alberni/698/revista_docente/iv_vii/e5.html

- Víctor Andrés Belaunde, Meditaciones Peruanas, Segunda Edición (Lima: Talleres Gráficos P.L. Villanueva, S.A., 1963)

- Zbigniew Brzezinski, El Juego Estratégico: La conducción de la contienda entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (Buenos Aires: Planeta, 1988)

- Zbigniew Brzezinski, El Gran Tablero Mundial: La Supremacía Estadounidense y sus Imperativos Estratégicos (Barcelona: Paidós,1998)

- Lucille Carlson, Geography and World Politics (Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, Inc., 1957)

- Marcia Carmo: “Sudamérica bajo amenaza de apagón,” BBC, en La República de Lima del 13 de agosto de 2011

- Emilio Castañón Pasquel, “14 Puntos para un Análisis”, en revista Estudios Geopolíticos y Estratégicos N° 3; Lima, Diciembre de 1979

- Pierre Celelier, Geopolítica y geoestrategia (Buenos Aires: Editorial Pleamar, 1979)

- Saul B. Cohen: “Geopolitics in the New World Era: A New Perspective on an Old Discipline,” en George J. Demko y William B. Wood (eds.), Reordering the World: Geopolitical Perspectives on the 21st Century (Boulder, CO: Westview Press, 1994)

- José Román de Idiáquez, Prospecto sobre Demarcación General del Perú (Lima: Imprenta del Estado, 1893)

- Oswaldo de Rivero, El mito del desarrollo: Los países inviables en el siglo XXI (Lima: Fondo de Cultura Económica, 1998, 2da. Edición)

- Oswaldo de Rivero: “Protagonistas y retos de la crisis alimentaria,” en El Comercio de Lima, del 23 de febrero de 2011

- Daniel Del Pino: “El precio de los alimentos golpea a los más pobres,” en www.público.es del 20 de octubre de 2011

- Everett C. Dolman: “Geostrategy in the Space Age: An Astropolitical Analysis,” en Colin S. Gray y Geoffrey Sloan (eds.), Geopolitics: Geography and Strategy (Londres y Portland, OR: Frank Cass, 1999)

- Andreas Dorpalen, Geopolítica en Acción: El mundo del Gral. Haushofer (Buenos Aires: Pleamar, 1982)

- EFE: “Pronostican gran crisis energética,” en Perú.21 del 10 de noviembre de 2011

- Andrés Espinosa Fenwarth: “Geopolítica de los alimentos, “ en http://www.portafolio.co/columnistas/geopolitica-los-alimentos del 3 de mayo de 2011

- Francesca García: “Las grandes macrorregiones que propone el gobierno,” La República, 28 de agosto de 2011

- Héctor O. Gómez Rueda, Teoría y Doctrina de la Geopolítica (Buenos Aires: Editorial Astrea, 1977)

- Mikhail Gorbachov y Jean.Michel Severino: “Anticiparnos a solucionar las tensiones para evitar las guerras por el agua,” en diario La Razón de Lima, 9 de junio de 2007

- Colin S. Gray y Geoffrey Sloan (editores): Geopolitics: Geography and Strategy (Londres: Frank Cass, 1999)

- Joshua Keating: “The New Geopolitics of Food: How Food Explains the World,” en revista Foreign Policy de mayo/junio 2011

- Philip Kelly, Checkerboards & Shatterbelts: The Geopolitics of South America (Austin: University of Texas Press, 1997)

- Paul Kennedy (ed.), Grand Strategies in War and Peace (New Haven, CT y Londres: Yale University Press, 1991)

- Sherman Kent, Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana (Buenos Aires: Editorial Pleamar, 1978)

- David B. Knight: “People Together, Yet Apart: Rethinking Territory, Sovereignty, and Identities,” en George J. Demko y William B. Wood (eds.), Reordering the World: Geopolitical Perspectives on the 21st Century (Boulder, CO: Westview Press, 1994)

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- Gearóid Ó Tuathail, Critical Geopolitics: The Politics of Writing Global Space (University of Minnesota Press, 1996)

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- Miguel Navarro Meza: “Gran Estrategia Nacional: Un Diseño de Inserción de las Potencias Medias en el Sistema Internacional”, en revista Política y Estrategia N° 93, Santiago de Chile, 2004

- Ana Núñez: “Chile ya logró el control del 75% de servicios portuarios en el Perú”, en La República del 20 de enero de 2006

- Marienella Ortiz: “Advierten que es previsible una nueva crisis de los alimentos,” en El Comercio de Lima del 15 de octubre de 2011

- Alfredo Palacios Dongo: "La reactivación de nuestra Marina Mercante" y "De espaldas al mar", en Correo del 26 de junio de 2004 y el 23 de mayo de 2005, respectivamente

- Reuters: "Naviera chilena Vapores obtiene línea de crédito por 250 millones de dólares", 30 de septiembre de 2005

- Dennis Showalter, “Total War for Limited Objectives: An Interpretation of German Grand Strategy,” en Paul Kennedy (ed.), Grand Strategies in War and Peace (New Haven, CT y Londres: Yale University Press, 1991)

Bush regrets Irak invasion based on Intelligence failure

Entrevista a Henry Kissinger

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