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Espionaje chileno: las claves para entender el caso Ariza



Revista Digital Inteligenci@ N°1 (Julio-Agosto 2010)

El espionaje es la segunda profesión más antigua del mundo y es practicado absolutamente por todos los países del mundo. El problema se suscita cuando un servicio de inteligencia – bien sea por su aparato de contrainteligencia, por la ayuda de un tercero o por el azar – concluye en que ha sido penetrado por su correlato de otro país o de un actor no estatal y que por consiguiente le había sido plantado un “topo” que proporcionó información (supuestamente “valiosa”.) Descubierta la penetración y refiriéndose al hecho de tratar de arreglar los entuertos producto del espionaje de la otra parte, John Le Carré describía a este difícil proceso como tratar de “volver a poner la pasta en el tubo.” (1) En el caso de la traición del suboficial de la FAP Víctor Ariza, es importante utilizar algunas categorías doctrinarias y casuísticas para entender el alcance de sus actos.

La primera constatación es que las operaciones de espionaje que conducen los servicios de inteligencia de un país son un asunto de Estado, no de gobiernos porque Ariza fue captado durante la administración de Ricardo Lagos y siguió activo durante la administración de Michelle Bachelet. La segunda es que la “lista de compras” que sus controladores le proporcionaron y que fue hallada en sus computadoras, es de gran ayuda para nuestra contrainteligencia porque da una clara idea de cuáles son los requerimientos de inteligencia que vienen del sur, con vistas a la adquisición de sistemas de armas y consiguiente planeamiento de operaciones aéreas ofensivas. Como acertadamente señala el mismo Le Carré: “La lista de compras no son sólo preguntas, sino que habla de todo. Diría lo que sabemos, preguntando lo que no sabemos y diría lo que nos gustaría saber. Pondría de manifiesto los fallos de la maquinaria de recolección de información”. (2)

Un ejemplo histórico sobre la importancia de la “lista de compras” es el del agente doble Dusko Popov (nombre clave Triciclo.) Era un yugoslavo que trabajaba para los británicos y que aparentaba hacerlo para los alemanes. Este agente, enviado por los alemanes a los EE.UU. a mediados de 1941, llevaba consigo un cuestionario que entre otros ítems solicitaba información detallada acerca de las instalaciones militares y las defensas de ese país en Hawai. Es obvio que el requerimiento era un pedido de los japoneses a sus aliados alemanes. Triciclo pasó el cuestionario al FBI, que lo ignoró.

Masterman dice que “el cuestionario dado a Triciclo indicaba muy claramente que en la eventualidad de entrar los EE.UU. en guerra, Pearl Harbor sería el primer punto en ser atacado y que los planes para este ataque estaban en un punto muy avanzado para Agosto de 1941 (...) La lección, sin duda es, que una vez que un agente está firmemente establecido, - que era el caso de Ariza - cualquier cuestionario que se le entregue tiene un valor de inteligencia mucho más grande y más inmediato, del que usualmente se le atribuiría”; (3) ergo, si la contrainteligencia llega a conocerlo, es el equivalente a un regalo de los dioses.

Una tercera constatación, señala Cherkashin, es que los oficiales de inteligencia podrían pensar que principalmente son responsables de reclutar agentes, pero la mayoría de su trabajo realmente consiste en encontrar gente que quiere ser reclutada. (4) Ariza tenía grandes apuros económicos para mantener a tres compromisos y tenía acceso a información sensible. Ello tiene que haber sido notado por sus reclutadores, quienes consiguieron sus servicios desde que trabajaba en nuestra embajada en Santiago. Esto último nos lleva a preguntarnos: ¿Llegó a entregarles la clave diplomática peruana? Si fue así, tal vez el daño sea irreparable porque puede haberle proporcionado a la inteligencia chilena la herramienta perfecta para leer los mensajes cifrados cursados entre Torre Tagle y nuestra legación en Chile. Conociendo la clave diplomática vigente en 2002, pueden haber ido sus criptógrafos siguiendo los cambios posteriores, que de no ser drásticos, en teoría les habría permitido leer todas nuestras comunicaciones cifradas, antes, durante y después de la presentación de la demanda ante La Haya. Dicho sea de otra forma: conocerían al detalle la estrategia jurídica y diplomática peruana.

Aun no es muy claro cómo fue descubierto Ariza: si fue por un buen trabajo de contrainteligencia al interior de la FAP; por una discusión con su esposa, en la que esta lo amenazaba con denunciarlo a sus superiores (5), discusión que habría sido escuchada por una vecina, también esposa de un técnico FAP; por sus signos exteriores de riqueza (6) o por algo anormal que fue notado por sus propios compañeros de trabajo (que dicho sea de paso, es como generalmente se descubre a los “topos”) (7); por una (altamente improbable) penetración de la inteligencia peruana en Chile (8) o por el dato proporcionado a los peruanos por la inteligencia de un tercer país, que a su vez tenía penetrada a la inteligencia chilena.

De lo que se conoce acerca de qué informaciones de la FAP ha entregado a los chilenos, mucho se habla del Plan Quiñones, el cual, la verdad nos parece más una visión de lo que nuestra fuerza aérea desearía ser para 2021, que un verdadero plan. ¿Acaso ha sido aprobado por nuestro Consejo de Seguridad Nacional? ¿Acaso el ministerio de Economía y Finanzas ha asegurado los recursos presupuestales? ¿Hemos escuchado algo acerca de licitaciones para ver lo de las probables adquisiciones? El problema está en la bendita costumbre de ponerle el sello de “secreto” o “estrictamente secreto” a todo. Ese plan debió estar colgado en la página web de la FAP o del ministerio de Defensa.

Muy preocupante es que haya entregado la lista de alumnos – que estudian tanto para analistas como para agentes operativos – de la Escuela de Inteligencia de la FAP. Simplemente ya “los quemó”, sobre todo a los segundos.(9) Pero aun mucho más preocupante es que les hubiese proporcionado el nombre y ubicación de eventuales agentes peruanos en Chile. Si fue así, ¿por qué los chilenos no los han aprehendido y presentado ante la prensa? Muy simple: porque ya hace tiempo los habrían convertido en agentes dobles.

¿Ariza trabajó solo o tenía toda una red de informantes? Según el fuero militar peruano, no trabajó solo, sino que tuvo la colaboración de otros siete miembros de la FAP (10), algo que también puede haber sido facilitado por la laxitud existente en nuestras FFAA respecto a todo lo concerniente a contrainteligencia y seguridad del acervo documentario. Si no, recordemos el escándalo de la venta de información clasificada por parte de personal de inteligencia naval en 2007 a empresas de seguridad privadas.

Por último, ¿por qué los chilenos exigían insistentemente a la red un informe diario del estado de operatividad de nuestros aviones? ¿Acaso no es público que si tenemos operativas cinco aeronaves de combate es mucho y que no hay ni dinero ni voluntad política para poner operativas en el corto plazo a nuestros cazas y cazabombarderos? Primero, por la gran preocupación de la FACH por una eventual puesta en operatividad de nuestra fuerza aérea (lo que desgraciadamente aún no es el caso), porque ellos sí son totalmente conscientes de que el poder aéreo es la clave para la victoria en la guerra moderna. Segundo y por último, porque toda la operación de espionaje, es decir para obtener información “clasificada” de una fuerza aérea que todo el mundo sabe que no está operativa, era para justificar sus compras. Es todo un ejercicio de profecía auto-cumplida: “tenemos que comprar bastante, antes de que los peruanos comiencen a comprar porque así está en sus planes ´secretos´ establecidos en el Plan Quiñones.” (11)

(1) Citado en John Barron, Breaking the Ring: The Bizarre Case of the Walker Family Spy Ring (Boston: Houghton Mifflin Company, 1987), p. 147. En relación al concepto de “topo”, si bien fue popularizado por John Le Carré en sus novelas de espionaje para describir lo que los espías reales denominan una “penetración”, según Mangold el primer uso de la palabra en un contexto de inteligencia ha sido trazado hasta Sir Francis Bacon y su historia del reinado de Enrique VII, publicada en 1622: “El era cuidadoso y liberal para obtener buena inteligencia de todos lados del exterior... Por sus espías secretos que empleó en casa y en el exterior, descubrió qué prácticas y conspiraciones había contra él, seguramente su caso los requería: tenía tales topos perpetuamente trabajando para minarlo.” Francis Bacon, The History of King Henry the Seventh. F.J. Levy, editor (Indianapolis: Bobbs-Merrill, 1972), p. 243; cit. en Tom Mangold, Cold Warrior. James Jesus Angleton: The CIA´s Master Spy Hunter (New York: Touchstone, 1991), p. 158.

(2) John Le Carré, La Casa Rusia (Barcelona: Plaza & Janés Editores, S.A., 1989), p. 355.

(3) John Masterman, The Double-Cross System in the War of 1939 to 1945 (New Haven, CT and London: Yale University Press, 1972), pp. 80-81, 196-198. El mismo Popov cuenta con pormenores en su libro cómo los estadounidenses no sólo no le creyeron y lo rechazaron, sino que amenazaron con mandarlo a la cárcel. Dusko Popov: Triciclo. Espía y Contraespía (Barcelona: Editorial Bruguera, 1975), pp. 157-237. Ver también, de Anthony Cave Brown, Bodyguard of Lies (New York: HarperCollins Publishers, Inc., 1975), pp. 488-489. Sobre el caso Ariza, particularmente ilustrativo es el excelente informe de Angel Páez, “Las pruebas del espionaje de Chile. Militar chileno Víctor Vergara enviaba a Ariza lista de lo que tenía que espiar”, publicado en diario La República del 21-11-09.

(4) Viktor Cherkashin con Gregory Felfer, Spy Handler (New York: Basic Books, 2005), p. 27.

(5) A fines de 1984, la esposa de John Walker (un suboficial retirado de la marina estadounidense que desde 1967 trabajaba para los soviéticos proporcionándoles las claves secretas de las comunicaciones navales) lo denunció ante el FBI. Fue capturado en mayo de 1985, desbaratándose una red de espionaje que también incluía a su hermano, a su hijo y a su mejor amigo.

(6) Es el caso de Aldrich Ames, de la CIA, quien desde 1985 trabajó para la KGB (por problemas económicos se ofreció a trabajar para ellos, cuando todavía existía la Unión Soviética) y el SVR (ya desaparecida la URSS; y nuevamente la constatación que el espionaje no es un asunto de gobiernos, sino de Estado.) Fue capturado en abril de 1994. De los cinco libros que se han escrito sobre este caso, recomiendo dos: el de los periodistas del New York Times Tim Weiner, David Johnston y Neil Lewis, Betrayal: The Story of Aldrich Ames (New York: Random House, 1995) y el de Pete Early, Confessions of a Spy: The Real Story of Aldrich Ames (New York: G.P. Putnam´s Sons, 1997)

(7) Así sucedió con Jonathan Pollard, analista de la inteligencia naval estadounidense, que espiaba para los israelíes y que fue capturado en noviembre de 1985. Ver de Ronald Olive, Capturing Jonathan Pollard (Annapolis, MD: Naval Institute Press, 2006.) También fue el caso de Ana Belén Montes, analista principal sobre Cuba en la Defense Intelligence Agency/DIA y que – increíblemente – trabajaba desde 1985 para la Dirección General de Inteligencia/DGI cubana. Fue capturada en septiembre de 2001. Ver de Scott Carmichael, True Believer: Inside the investigation and capture of Ana Montes, Cuba´s Master Spy (Annapolis, MD: Naval Institute Press, 2007.)

(8) Tal habría sido el caso de la red de espionaje rusa recientemente descubierta en los Estados Unidos: los primeros indicios los recibió el FBI en el año 2000, cuando el “diplomático” ruso – esa era su cubierta – Sergey Tretyakov desertó en octubre de ese año. Ver el artículo de Rui Ferreira, “La red rusa en EE.UU. pudo haber sido traicionada por un desertor de alto rango,” en diario El Mundo (Madrid), del 2-7-10. Curiosamente, mientras se conocían los alcances de esta red de espionaje, se informó que el 9 de junio Tretyakov había fallecido en Florida. ¿No será que su “muerte” no es más que una maniobra de la contrainteligencia estadounidense para – ahora sí – ponerlo a buen recaudo, junto a su esposa e hija, por el resto de sus días ante la posibilidad de una venganza del SVR? Entrevistado sobre este caso, el primer ministro Vladimir Putin declaró que aquellos que traicionaron a sus compañeros pagarán un alto precio, pero no quiso responder a las preguntas de si Rusia planeaba vengarse. “Este escándalo se produjo como resultado de una traición. Ellos (los traidores) terminan bebiendo o drogándose. Es incorrecto preguntar acerca de ello (de una probable venganza).Los servicios especiales viven bajo sus propias leyes y cada uno sabe cuáles son estas,” citado en despacho de Reuters del 24-7-10 escrito por Gleb Bryanski, “Putin pledges bright future to former spies in the U.S.” Pregunto esto porque me llamó muchísimo la atención que cuando supuestamente ocurrió el deceso, este no se hiciera público de inmediato, lo que sorprende porque desde 2001 se sospechaba que él fue quien dio la pista para atrapar en febrero de ese año a Robert Hanssen, el experto informático y de contrainteligencia del FBI, que laboró para los soviéticos y los rusos desde 1979, causando un daño incalculable. De los tres libros que se han escrito sobre el caso Hanssen, recomiendo el de David Vise, The Bureau and the Mole: The Unmasking of Robert Philip Hanssen, The Most Dangerous Double Agent in FBI History (New York: Atlantic Monthly Press, 2002). De otro lado, Tretyakov fue largamente entrevistado para el libro que sobre él escribió Pete Early, Comrade J: The Untold Secrets of Russia´s Master Spy in America After the End of the Cold War (New York: The Berkley Publishing Group, 2007). En esta obra, Tretyakov niega que fuera él quien entregara – por siete millones de dólares – el expediente que sobre Hanssen tenía la inteligencia rusa.

(9) Fue lo que Harold Nicholson, oficial de la CIA e instructor de agentes, hizo al pasarle a los rusos la relación completa de tres promociones de agentes secretos egresados de La Granja, como se conoce a la escuela de formación de personal clandestino de la CIA, situada en Camp Perry, Virginia. Sobre este caso, ver los artículos de Jeffrey Smith y Charles Wall, “CIA Officer Charged With Spying”, The Washington Post del 19-11-96; de Brian Duffy, “Tinker, tailor, soldier, dope: How the FBI and CIA cooperated to charge a spy”, en US. News & World Report del 2-12-96, pp. 33-34; de Evan Thomas and Gregory Vistica, “The Spy Who Sold Out”, en Newsweek del 2-12-96, p. 35; y de Richard Lacayo, “Teacher or Traitor,” en Time del 2-12-96, pp. 31-34; y el libro de Tim Weiner, Legado de Cenizas: La Historia de la CIA (Barcelona: Random House Mandadori, S.A., 2008), p. 486. Nicholson fue comparado con el personaje principal de la película de espías El Recluta (2003), interpretado por Al Pacino.

(10) El primer indicio acerca de que existiría una red provino del comentario que hiciera uno de sus controladores en un correo electrónico: “Eres el más remolón de todos.” Sobre la acusación en el fuero militar, ver el artículo de Karem Barboza, “Siete traidores ayudaron a Ariza”, en diario Correo del 19-7-10 y de la misma periodista, “Fiscalía pide 35 para Ariza. Justicia Militar pide hasta 10 años para cómplices,” Correo del 25-7-10.

(11) Sobre cómo la inteligencia crea “enemigos” y justifica un presupuesto militar alto, recomendamos el libro de Robert B. Bathurst, Intelligence and the Mirror: On Creating an Enemy (Londres: Sage Publications, 1993.)

Espionaje Privado III (*)



Hemingway solía dar un gran consejo a sus mejores amigos: “Nunca confundas movimiento con acción”. Una de esas personas – Marlene Dietrich – declararía alguna vez que “con esas cinco palabras me dio toda una filosofía de vida.” En el mundo de la inteligencia, que para David Martín se asemeja a “una selva de espejos”, es muy importante tomar en cuenta el consejo, relacionándolo además con toda la teoría de las “señales” y el “ruido” que magistralmente expusiera Roberta Wohlstetter en su Pearl Harbor: Warning and Decision (1962); esto es, tratar de separar la paja del trigo, lo accesorio de lo principal, lo que parece ser y no lo es.

En el escándalo de los “petroaudios”, la mayoría de los análisis se han enfocado en las (aparentemente) claras evidencias de operaciones de inteligencia privadas, es decir, de dos empresas compitiendo en una licitación. Si la “perdedora” tenía esas pruebas antes de que se diera la buena pro, ¿por qué no las hizo públicas para eliminar a la “ganadora”? Todo esto es “movimiento” y “ruido”, mas no “acción” y “señales”. El propósito de toda esta trama de espionaje no ha sido económico, ha sido político: conseguir supuestos indicios e incluso supuestas pruebas de corrupción vinculadas a las alturas del poder. ¿Con qué finalidad? Con lo que declaré a este diario en octubre pasado: para crear una crisis político-constitucional que provocara la caída del presidente García. En esa misma entrevista apunté – ahora todo lo indica que equivocadamente – a los servicios secretos de Cuba y Venezuela creando las condiciones para la configuración de un gran vacío de poder y de legitimidad que llevara a la caída (total) del régimen aprista, un corto gobierno provisional que convocara a (unas) nuevas elecciones en las que el vencedor pudiera ser Ollanta Humala. Es probable que quienes maquinaron todo esto no sean extranjeros.

No obstante, han ido apareciendo indicadores preocupantes (a los que ya me referí la semana pasada): a las comunicaciones de altos funcionarios del Estado, que pueden haber sido comprometidas. Se ha mencionado al ministro de Defensa, pero en su caso, por ser un político hábil y experimentado, no me lo imagino hablando cosas importantes por teléfono o trasmitiéndolas por internet. Más preocupante sería el caso de las comunicaciones (aparentemente comprometidas) del embajador Allan Wagner, nuestro agente para la demanda contra Chile en La Haya. Esperemos que Business Track, tal como lo ha manifestado el mismo Wagner, comprometiera sus comunicaciones muchísimo antes de la presentación de la demanda. De no ser este el caso, estaríamos hablando ya no de espionaje “privado”, sino de espionaje a secas y constituiría una monumental falla de contrainteligencia por cuanto Wagner – así como su equipo- tenían que haber sido “blindados” contra cualquier amenaza de inteligencia, ni bien fueron nombrados para la delicada tarea porque automáticamente se convertían en (lógicos) “blancos de inteligencia.”

Si esta gente también espió a Wagner y a los suyos EN TERRITORIO PERUANO, querría decir que alguien metió la pata en gran forma y brillante estilo.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 30/Ene/09

Espionaje Privado II (*)



La semana pasada me referí a las llamadas “técnicas intrusivas”, las que todo Estado – a través de su sistema de inteligencia - necesita usar y monopolizar (al menos en teoría) para hacer frente a una serie de riesgos y amenazas. Dentro de los debidos marcos constitucionales, legales y procesales, dichas técnicas le proporcionan al Estado la capacidad de afectar la privacidad de los ciudadanos; de ahí la necesidad de garantías, límites y controles. Pero, ¿qué debemos entender por privacidad? En su libro Enemies of Intelligence: Knowledge & Power in American Nacional Security (2007, p. 160), Richard Betts sostiene que el término privacidad se refiere a “la limitación de los medios del gobierno para adquirir conocimiento de las asociaciones, comunicaciones y actividades de los individuos”.

El escándalo de las últimas semanas nos demuestra que en nuestro país existen actores privados (empresas) que no sólo no han tenido limitación u obstáculo alguno para adquirir esa clase de conocimiento, sino también para intervenir comunicaciones de altos funcionarios e instituciones del Estado, por lo que debemos colegir que este último es incapaz de (en última instancia) proteger sus propios secretos; es decir, carece de los mínimos mecanismos de contrainteligencia (CI), la que en términos simples es tratar de negar a otro u otros, las capacidades de obtener información que no se quiere se conozca. Así de simple.

Los altos funcionarios y entidades del Estado han visto comprometidas sus comunicaciones porque ese mismo Estado carece, si no del sistema, de la institución que exclusivamente tendría que encargarse de planificar las medidas pasivas y activas que se traduzcan en lo que Michelle Van Cleave en su Counterintelligence and National Strategy (2007, p.5) denomina “actividades para identificar, evaluar, neutralizar y explotar las actividades y capacidades de inteligencia de potencias extranjeras, grupos terroristas y otras entidades foráneas“(y domésticas, añadiría yo). Estas actividades de inteligencia incluyen – dice la autora – espionaje, recolección técnica, sabotaje, operaciones de influencia y manipulación o interferencia de las actividades de defensa y de inteligencia del país.

En diversas instancias y publicaciones vengo insistiendo desde hace ya varios años en la necesidad de reformular el sistema de inteligencia peruano, separando los ámbitos de la inteligencia externa y los de la contrainteligencia con la creación de una agencia exclusiva para inteligencia externa y (como objetivo de máxima) un sistema nacional de CI, o en su defecto (como objetivo de mínima) una agencia nacional de CI. Seguiríamos, en términos de “división del trabajo”, los ejemplos estadounidense (CIA-FBI), ruso (SVR-FSB), israelí (Mossad-Shin Bet), francés (DGSE-DST) y británico (MI-6/MI-5). No constituyen contrapesos perfectos dentro de una estructura nacional de inteligencia (¿acaso existen?), pero ese sistema es mejor al actual, en el que una sola agencia concentra lo que en su libro Intelligence Power in Peace and War (1996, p.2), Michael Herman denomina “poder de inteligencia”.

Si no cambiamos radicalmente, el país seguirá siendo (para cualquiera) un perpetuo festín que permite la (fácil) obtención de información sensible para la seguridad y el desarrollo nacionales.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 23/Ene/09

Espionaje Privado (*)


“Los servicios secretos son la única expresión real del subconsciente de una nación, la única medida válida de su salud pública”.

John Le Carré, El Topo (1974)

Así como el Estado debe tener el monopolio del empleo de la fuerza (armada), del mismo modo deben tener el monopolio sobre el empleo del espionaje – que no es lo mismo que inteligencia -, el cual viene a ser la recolección clandestina de información a través de las llamadas “técnicas intrusivas”, bien sea a través de elementos humanos (entiéndase espías) o técnicos (interceptación de comunicaciones telefónicas, de faxes, de emails, etc.) El espionaje es una actividad (necesaria), que debe estar cuidadosamente enmarcada dentro de los parámetros constitucionales, legales y procesales. Hay amenazas como las que representan los grupos terroristas o las mafias del narcotráfico, que por su mismo carácter de extrema clandestinidad, secreto y sigilo, no es posible enfrentarlas solamente recolectando (y analizando) información de fuente abierta. Es necesario espiarlas, incluso en democracia.

El problema se da cuando esa herramienta especial (del Estado) es usada indiscriminadamente por “empresas de seguridad” (privadas), las que a pedido del cliente y cobrando un buen precio, pueden llevar a cabo verdaderas operaciones clandestinas: espionaje humano o técnico, seguimientos a personas o penetración física de locales, por nombrar algunas. Esas empresas han añadido el “toque secreto” a sus servicios porque nuestra legislación (empezando por la Ley del Sistema de Inteligencia Nacional) tiene espectaculares y enormes vacíos que es menester subsanar, ya.

Lo que estamos presenciando es otra (peligrosa) manifestación anómica de la sociedad peruana, esta vez, dentro de un rubro que – se supone- es “la primera línea de defensa del país”. Es una prueba fehaciente más de que el sistema de inteligencia está en crisis; que desde el escándalo de 2007, en el que se descubrió la venta de información secreta a empresas de seguridad privadas, comprobamos que la Dirección de Inteligencia Nacional/DINI (el órgano central del sistema) desgraciadamente no controla a los componentes del mismo y estos, a su vez, no controlan a su personal, el cual se “recursea” trabajando simultáneamente para dichas empresas.

Por ejemplo, en el caso de la venta de información secreta, yo haría varias preguntas: ¿Cómo podían estar seguros los vendedores que las informaciones proporcionadas no iban a terminar en manos de algún servicio de inteligencia extranjero, el que bien podría haber captado a personal de esas empresas de seguridad, que, dicho sea de paso, también estaba “recurseándose”? ¿Cómo podían estar seguros que entregando esas informaciones no comprometían a la seguridad nacional, ya que podían revelarse – y de hecho ello debe haber sucedido – fuentes y métodos? ¿No sabían acaso que un buen analista de contrainteligencia que analice un documento clasificado de un servicio secreto extranjero puede identificar los métodos e incluso las fuentes usados para la redacción del mismo? (He utilizado pasajes de mi ensayo “Cultura, períodos culturales y servicios de inteligencia en el Perú, 1960-2007”, que es parte de un volumen recientemente publicado en los EE.UU., al que puede accederse en http://www.ndic.edu/press/pdf/12060.pdf )


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 17/Ene/09

Técnicas de Inteligencia (*)




Una combinación muy interesante y hábilmente conducida es lo que ha permitido a la inteligencia colombiana asestar en las últimas semanas varios golpes a los narcoterroristas de las FARC, siendo de contundencia estratégica la eliminación de Raúl Reyes ( el segundo después de Marulanda) y de Iván Ríos (por sus propios hombres, para cobrar una recompensa), otro de los siete integrantes de lo que vendría a ser el comité central de la organización.

Para localizar con precisión a Reyes y para planificar detalladamente la operación especial que le dio de baja (tal como hace dos semanas en esta columna intuí que había sido), fue vital el que los elementos clandestinos de la inteligencia colombiana (espías sembrados no sólo en su territorio, sino también en Ecuador y Venezuela) captaran a informantes dentro de las FARC. El convencimiento a estos poco tiene que ver con la ideología y mucho con el dinero. A lo largo de la historia del espionaje, el dinero ha sido el principal factor para que alguien decida traicionar a su país o a su organización. A su vez, ello primero implicó – es obvio – la decisión de los más altos estamentos gubernamentales para usar al sistema de inteligencia contra el liderazgo de las FARC y también el proporcionarle, además de los medios (dinero), el sustento legal: una Ley de Recompensas y una Ley de Arrepentimiento.

En Malaya (1948-60), la inteligencia británica sólo pudo comenzar a tener éxitos después que la administración colonial promulgara dispositivos de esa clase. Lo mismo sucedería en el Perú entre 1992 y 1995: El derrumbe de Sendero Luminoso se inició con la caída de Guzmán (un finísimo trabajo de inteligencia por parte del GEIN), pero se consolidó por la aplicación de leyes como las antes mencionadas. ¿Por qué son importantes para el trabajo de inteligencia? Porque el sistema trabaja mejor cuando es la población (primero), esa “antena popular” de la que hablaba Ho Chi Minh, la que proporciona la información para localizar a terroristas que buscan mezclarse entre ella; y cuando los desafectos (segundo) se ven tentados y atraídos por la recompensa pecuniaria y eliminan a sus jefes. Así murieron Iván Ríos y después que él, “Emilio” quien dirigía el Frente 37 (costa norte caribeña) de las FARC.

Todo indica que el delator de Reyes proporcionó a los colombianos el número del teléfono satelital que utilizaba, siendo un dato clave para determinar las coordenadas de su campamento. Utilizar aviones AWACS o satélites espías para afinar su localización devendría en irrelevante sin el uso previo de elementos de inteligencia humana (HUMINT, espías) profesionalmente dirigidos y cumpliendo con eficiencia su labor. La moraleja estratégica es que un país debe tener capacidades clandestinas humanas y técnicas (en ese orden) de primer nivel para que su sistema de inteligencia funcione; capacidades que a partir de 2001 fueron desactivadas en nuestro país y que en los hechos hoy son prácticamente inexistentes. Por lo que viene sucediendo, todo indica que estamos pagando las consecuencias de tan desgraciada decisión.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 20/Mar/08

Problemas y Problemáticas de Inteligencia en la región




Fuente: Bolívar, Alberto. Revista AAinteligencia (Chile) Nº 2, Enero 2008


Es innegable que después de los ataques del 11/9 el mundo ingresó a una era de conflictos asimétricos en los que el uso de la inteligencia – humana o técnica – pasaría a tener un rol preponderante en el desarrollo de la mal llamada “guerra contra el terror” (1), tanto así que Robert Kaplan sostendría que “ante nosotros está la edad de oro de la inteligencia” (2). La verdad es que no se equivocó porque la mayoría de discusiones sobre el tema del terrorismo siempre giran en torno al uso o mal uso de la inteligencia, en especial cuando se enfoca el asunto en las llamadas “técnicas intrusivas”, que es un eufemismo para referirse al espionaje clásico o al basado en tecnología de punta, que obviamente afecta el derecho a la privacidad de las personas (3); cada día nos enteramos de nuevas tecnologías que son desarrolladas para su uso en actividades de inteligencia.

Esto ha originado, sobre todo en los Estados Unidos, que se discuta acerca de las libertades fundamentales que vienen siendo erosionadas en nombre de la seguridad nacional, y en razón de ello los escándalos de inteligencia no se han hecho esperar: politización (inteligencia “cocinada” para justificar la decisión política de invadir Irak), interceptaciones telefónicas sin orden de un juez, arrestos también sin orden de un juez e incluso la sospecha del uso de la tortura en los interrogatorios a presuntos terroristas.

Nuestra región, no obstante ser – al menos por el momento - relativamente periférica respecto a todos estos desarrollos contra el terrorismo islámico, tampoco ha estado exenta últimamente de discusiones y escándalos relacionados con la inteligencia, tal como este año se ha vivido en el Perú, Argentina, Colombia y Chile, tan sólo por nombrar unos pocos casos (4). ¿Por qué sucede esto tan a menudo? La respuesta creo que está en una serie de problemas no resueltos y en problemáticas aún no enfrentadas.

El primer gran problema no resuelto es el de confundir “inteligencia” con “espionaje”. Influidos por el cine y la literatura de ficción y porque los servicios secretos han tenido un origen, evolución y actuación de tipo castrense, se ha tendido a ver su uso muchas veces en términos de “nosotros, los amigos” y “ellos, los enemigos”, pese a vivir en democracias, dirigiendo su atención a todo aquel actor interno con el que se disienta y no importando si el tema en cuestión nada tiene que ver con la seguridad nacional, que en teoría es el marco general temático en el que debía desenvolverse la inteligencia. Hablamos en ese marco de la determinación de riesgos y amenazas, así como de oportunidades en el campo del desarrollo. En el juego democrático puede haber “adversarios”, mas no enemigos, salvo que en verdad ciertos actores decidan utilizar otras vías como la violenta, para la consecución de sus fines. En este caso el Estado tiene que defender a la sociedad, siempre dentro de la legalidad. Uno de sus instrumentos de defensa tiene que ser la inteligencia.

Hay también muchas veces desconocimiento por parte de los consumidores de lo que realmente significa la inteligencia, como actividad legal y legítima de todo Estado que se precie de ser previsor. No se entiende que su rol es extraer la certeza de la incertidumbre y facilitar una decisión coherente en un medio ambiente incoherente (5). Va a proporcionar la información con valor agregado que – en teoría – va a permitir al liderazgo nacional tomar las decisiones más adecuadas y pertinentes.

Alexander De Marenches – quien en una admirable muestra de continuidad nacional dirigió la inteligencia francesa con tres presidentes, entre 1970 y 1981-, didácticamente describe lo que es y su importancia: “En muchos aspectos, es también como el panel de instrumentos en un avión. En la cabina está el hombre que toma las decisiones: el piloto, el jefe del Estado. La información que está frente a él es vital. Sin ella no puede volar el avión con seguridad. Si el servicio de inteligencia ( el autor se refiere a la agencia central) es inepto, lleno de amateurs o de gente que es incompetente o estúpida o algo peor, impactará sobre el presidente, por no mencionar a sus ´pasajeros´ , es decir el pueblo que gobierna. Obviamente, también se debilitará su posición internacional, fallará su brújula y él no estará en posesión de todas las herramientas que le permitan elegir un curso directo hacia su destino” (6).

Se confunde el verdadero significado del adagio “conocimiento es poder”. Para que esto se cumpla, dice Betts, tiene que ser ingerido y digerido por quienes toman las decisiones(7). El ingerir implica recibir inteligencia que no necesariamente va a satisfacer sus expectativas o va a estar acorde con sus percepciones, creencias o prejuicios. Es acá donde se prueba la honestidad profesional de los productores de inteligencia: su deber es decirle al líder lo que necesita escuchar, que no necesariamente puede coincidir con lo que quisiera escuchar. Es difícil presentarle a un político evidencias que van contra todo el bagaje que trae consigo (incluido el psicológico). Todo esto último implica el digerir.

Dice Lowenthal que el consumidor tendría que ser consciente que la inteligencia sirve y es un subsirviente de la política, y trabaja mejor – tanto analítica como operacionalmente – cuando está ligada a objetivos de política claramente comprendidos (8) y obviamente definidos en términos del interés nacional, del Estado y no del gobierno de turno. En esta línea, aconseja Cherkashin que de alguna forma hay que asegurar que los servicios de inteligencia de los países dirijan sus actividades hacia la obtención de objetivos estratégicos apropiadamente definidos, en vez de seguir las intenciones políticas de sus líderes (9). Esto último es clave, por cuanto si un país no tiene definidos sus intereses nacionales permanentes – traducidos o no en la forma de objetivos nacionales -, no podrá hacer uso coherente de su sistema de inteligencia, diseñando y – es lo ideal - anticipando escenarios (10) favorables que visen la defensa, reforzamiento y proyección de dichos intereses (u objetivos). De no darse el caso, estará siempre tratando de formular políticas y estrategias reactivas – y no de iniciativa -, en un sistema internacional tan dinámico y complejo que, entre otras cosas, requiere coherencia de parte de los diversos actores nacionales.

Ahora bien, otro problema relacionado con el anterior es el de cuando el país no sólo no ha definido sus intereses permanentes, sino que además sus líderes son personas improvisadas que no tienen mayores conocimientos de los temas de seguridad nacional o de política exterior. Si estos son los casos, concordamos con la advertencia de Lacqueur, en el sentido de que la inteligencia siempre tendrá que operar adivinando, antes que conociendo las intenciones de su propio gobierno (11).

Este problema, sin lugar a dudas afectará el concepto tradicional de lo que Hulnick considera es el ciclo de inteligencia:

a) Quienes toman las decisiones determinan qué información necesitan y los directores de inteligencia traducen estas necesidades en requerimientos de recolección.

b) Se le asignan responsabilidades a los recolectores para buscar la data que se necesita.

c) Estos recolectan y reportan la data en bruto.

d) Los analistas evalúan la data en el contexto de otra información y de su propia amplia experiencia.

e) La “producción” convierte al análisis en reportes terminados.

f) Los productos son diseminados a los consumidores.

g) Los consumidores toman una decisión política y se vuelve a otra ronda de requerimientos (12).


Si yo, productor de inteligencia, no sé en verdad qué es lo que quiere mi principal consumidor (el presidente), adivinando sólo conseguiré viciar el ciclo entero de inteligencia. Este jamás será riguroso.

Un problema adicional – que también es posibilidad, si se sabe aprovechar – es el del exceso de información que hay en los tiempos actuales. Dice Hopple que los fracasos – o fallas - de inteligencia llevan siempre a pensar en la necesidad de recolectar más data y que esto es un mito por cuanto los analistas están casi siempre inundados con data. Lo que se necesita es más y mejor análisis (13), pero también – y en esto tienen mucha razón Berkowitz y Goodman – la lección es que el cómo es adquirida una información es un punto secundario. El tema real es qué clase de información se necesita para responder a una pregunta (14). En los tiempos de la internet y del auge de la inteligencia de fuente abierta (15), habrá un exceso de informaciones por analizar y procesar. Esto puede causar verdaderos cuellos de botella analíticos porque a veces la data sobre un mismo asunto es contradictoria. Sin embargo, es menester preparar a los analistas para un mejor manejo de las herramientas disponibles para la recolección y consiguiente análisis de la información de dominio público.

Esta revolución de las fuentes abiertas trae consigo otros problemas porque como son herramientas de dominio público, también pueden ser utilizadas por enemigos, adversarios o competidores estatales, o por enemigos no estatales como los grupos terroristas, quienes, por ejemplo, están usando Google-Earth para planificar ataques(16). ¿Qué se puede hacer? Muy poco en el caso de pequeñas y medianas potencias, por cuanto no tienen los recursos para usar camuflaje a gran escala de sus áreas vitales. Tendría que ser un gigantesco – y muy costoso- esfuerzo de contrainteligencia (CI). La India pudo engañar a los satélites estadounidenses antes de sus pruebas nucleares de Mayo de 1998, pero fue una acción específica sobre un área específica: sus sitios de pruebas nucleares. No obstante, la moraleja estratégica es que en algunas instancias los satélites sí pueden ser engañados.

Ya que hemos tocado el punto de la contrainteligencia, se da el problema de que ante la posibilidad que actores no estatales planifiquen acciones violentas contra el país, ¿en qué medida debe aplicarse la CI? Es conocido el axioma que “todo acto terrorista está precedido por un ataque de inteligencia”; por lo tanto, si un país tiene una buena estructura de CI podrá detectar y frustrar esos intentos. Al nivel de las instituciones del Estado, creo que no sólo es obvio sino también necesario tomar las debidas previsiones en ese campo, pero ¿qué hacemos con las instituciones importantes que son privadas y que son blancos actuales o potenciales de una operación de inteligencia hostil? ¿Les pedimos permiso para plantar agentes? ¿Quién va a autorizar las pertinentes medidas intrusivas? ¿Cómo determinar qué organizaciones legales pueden estar por adoptar métodos de lucha ilegales y por ende hay que infiltrarlas?.

Si aceptamos que la debilidad en términos de CI es algo muy malo, un exceso de la misma puede ser peor, como fue el caso del programa COINTELPRO en los EE.UU., conducido por décadas hasta 1975 contra izquierdistas, líderes negros y opositores a la guerra de Vietnam.

En el campo de las relaciones internacionales siempre estará presente la posibilidad del conflicto interestatal – es simple sentido común estratégico y realpolitik -, por lo que los sistemas de inteligencia buscarán descubrir cuándo y cómo otros pueblos reaccionan igual que nosotros, y cuándo reaccionan de manera diferente (17). El énfasis, por tanto, estará puesto en la obtención de inteligencia principalmente política. Esta, indica Lacqueur, es muy subjetiva. Algo de ella comprende masas de data sobre elecciones, tendencias políticas, encuestas y opinión pública, pero la mayor parte de la inteligencia política tiene que ver con asuntos menos cuantificables: lo que los líderes piensan y lo que aspiran hacer, cómo funcionan las sociedades y cómo reaccionan frente a estímulos y cambios (18).

Esta clase de inteligencia puede obtenerse de fuente abierta – merced a un buen análisis -, pero también a través del espionaje (humano o técnico). Si un país logra plantar a un espía o tiene a un agente de influencia en el círculo inmediato de la toma de las decisiones gubernamentales de otro país, obtendrá – o confirmará – inteligencia política de primer orden. Es obvio que si esta penetración es descubierta por la CI del otro país, se producirá un problema que puede afectar a la relación en su conjunto.

Otro problema es el de la cooperación internacional en materia de inteligencia para hacerle frente a las llamadas “nuevas amenazas”, representadas por actores asimétricos y no estatales como los grupos terroristas o las mafias organizadas. Por más necesaria que ésta sea, veo problemática su concreción por el mal recuerdo de la “Operación Cóndor”. Lo que es más, creo que la izquierda regional buscaría frustrarla.

También relacionado con lo anterior está la problemática de la cooperación no tanto entre servicios de inteligencia, sino más bien entre sistemas o comunidades de inteligencia. Francisco Galvache Valero definiría comunidad de inteligencia como “un sistema integrado por las agencias y organismos relevantes en tal materia, que sirven a los objetivos estratégicos del Gobierno de la nación, de forma coordinada gracias a la labor de una estructura de superior nivel que promueve y garantiza las relaciones y la conectividad necesarias, a los niveles y por los procedimientos adecuados, y en orden a optimizar los resultados.” (19)

Una cosa es que un país tenga algunos buenos servicios secretos y otra que puedan funcionar en conjunto, como sistema. Las fallas de la inteligencia estadounidense en 1941 (Pearl Harbor) y 2001 (11/9) no fueron fallas de agencias consideradas individualmente, sino que fueron fallas sistémicas. (20) Esa es la gran enseñanza que hay que extraer: si no se conforman sistemas o comunidades de inteligencia en cada país, será muy difícil una cooperación efectiva y eficiente en el campo de las amenazas asimétricas como el terrorismo. Parafraseando a Galula, diremos que promover el desorden – que es lo que buscan esos actores asimétricos – es un objetivo que consideran legítimo porque sirve para socavar la fortaleza y la autoridad del Estado. Lo que es más, el desorden es barato para crear y muy costoso para prevenir. (21)

¿Deben las agencias principales de cada comunidad o sistema de inteligencia encargarse tanto de los asuntos externos como de los domésticos? Mi opinión es que esa es casualmente una de las razones de muchos de los abusos: se concentra demasiado poder de información en una sola agencia, en países como los nuestros, muchas veces con bajos niveles de institucionalidad democrática. En la mayoría de nuestros países no hay controles efectivos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (generalmente los abusos son denunciados por la prensa), por lo que deberían crear una agencia para la inteligencia externa y otra para la de índole doméstico, siguiéndose el ejemplo estadounidense (CIA-FBI), ruso (SVR-FSB), israelí (Mossad- Shin Bet), francés (DGSE-DST) y británico (MI-6/MI-5). No constituyen contrapesos perfectos (¿acaso existen?), pero ese sistema es mejor al preponderante en nuestra región.

Por último tenemos la problemática de la privatización de las actividades de inteligencia. Si aceptamos que los controles de la inteligencia en la región son débiles, esa situación está tendiendo a agravarse con la llamada “tercerización – oficial o informal - de las actividades de inteligencia”. Por ejemplo, en el caso peruano la Ley del Sistema de Inteligencia Nacional de 2006 no contempla provisiones para estos casos. Hay agencias privadas de seguridad – cuyos dueños casi siempre son oficiales castrenses en situación de retiro - que también están realizando actividades de inteligencia para consumidores privados, sin estar autorizados para ello, a diferencia de lo que viene sucediendo en los EE.UU. (22) Si esta va a ser la tendencia regional, entonces esperemos un desborde de la variedad de problemas antes mencionados.

A modo de colofón debo decir que son grandes los problemas, las problemáticas y los retos de inteligencia en nuestra región. Es por ello que hay que crear conciencia y cultura de inteligencia. Que nuestros pueblos la vean como la primera línea de defensa, como un instrumento legal y legítimo de los Estados; que nuestros líderes la vean y la empleen como una herramienta auxiliar para la toma de decisiones en los asuntos de Estado; que no la empleen mal – como sucede muy a menudo - porque corren el riesgo que terminen usándola en la misma forma que un borracho usa un poste de luz...para buscar apoyo en vez de iluminación (23).


Notas

(1) El general británico Rupert Smith, entrevistado en Military History (Mayo 2007, pp. 14-15, Why we can´t win a ´war on terror´), sostiene que no es posible hablar de una “guerra contra el terror” porque el terror es un método. Es lo mismo que se hablara de ganar “ la guerra contra el yoga”. Es autor del libro The Utility of Force: The Art of War in the Modern World (Nueva York: Alfred Knopf, 2007).

(2) “The Golden Age of Intelligence is Before Us”, entrevista en Salon.com del 20 de Septiembre de 2001.

(3) En su libro Enemies of Intelligence: Knowledge & Power in American Nacional Security (Nueva York: Columbia University Press, 2007, p. 160), Richard K. Betts sostiene que el término privacidad se refiere a la limitación de los medios del gobierno para adquirir conocimiento de las asociaciones, comunicaciones y actividades de los individuos.

(4) “Ofertaban informe secreto de la Marina sobre Sendero. Capitán Carlos Barba también vendía reglaje a ambientalistas”, en La República del 30 de Abril de 2007; Edmundo Cruz, “Ofertaron más de mil informes. A través de canal controlado por la Marina”, en La República del 1 de Mayo de 2007; César Romero, “Empresas de seguridad privadas compran y venden información de inteligencia”, en La República del 1 de Mayo de 2007 (Perú). “Werner Pertot, “Una lección poco inteligente: la investigación por espionaje ilegal en Trelew”, en Página-12 del 23 de Mayo de 2007; “Kirchner destituye al jefe del espionaje militar: El general Montero conspiró para que releven a la ministra de Defensa”, en El País del 23 de Noviembre de 2007; Darío Gallo, “Mi teléfono está pinchado”, en El Mundo del 4 de Diciembre de 2007; “Otro jefe de inteligencia desplazado de su cargo”, en Página-12 del 13 de Diciembre de 2007; Christian Sanz, “El periodismo y el dinero de la SIDE”, en www.uruguayinforme.com del 14 de Diciembre de 2007 (Argentina). “Detenido un ex jefe de los espías de Colombia por vínculos con los paras”, en El País del 23 de Febrero de 2007; Juan Forero, “Traffickers Infiltrate Military in Colombia: Officers Provided Secret Information on U.S. Navy”, en The Washington PostSemana del 11 de Noviembre de 2007; “Ministro de Defensa colombiano no excluye que espionaje a Uribe sea estatal”, en Globovisión del 11 de Diciembre de 2007 (Colombia). Matt Malinowski, “Chile legislators angered by intelligence monitoring of Green NGOs”, en Santiago Times del 14 de Diciembre de 2007 (Chile). del 8 de Septiembre de 2007; “La infiltrada”, en

(5) Richard K. Betts, Surprise Attack: Lessons on Defense Planning (Washington, D.C.: The Brookings Institution, 1982), p. 102.

(6) Alexander De Marenches, con David Andelman, The Fourth World War: Diplomacy and Espionage in the Age of Terrorism (Nueva York: William Morrow & Co.,1992), p. 113.

(7) R.K. Betts, Enemies of Intelligence, p. 15.

(8) Mark M. Lowenthal, Intelligence: From Secrets to Policy (Washington, D.C.: CQ Press, 2000), p. xi.

(9) Viktor Cherkashin, con Gregory Feifer, Spy Handler (Nueva York: Basic Books, 2005), p. 312.

(10)En su artículo “Scenarios, contingencies and war”, Mackubin Thomas Owens sostiene que una de las herramientas más importantes de los planificadotes es el “escenario”, el cual es una imaginaria secuencia de eventos que les permite probar a las creencias convencionales, confrontándolas con una variedad de futuros alternativos. A menudo los escenarios parecen implausibles, pero basta mirar a eventos recientes para reconocer que “implausible” no es la misma cosa que “no puede suceder”. The Washington Times del 4 de Diciembre de 1996.

(11)Walter Lacqueur, The Uses and Limits of Intelligence (New Brunswick y Londres: Transaction Books, 1993), p. 94.

(12)Arthur S. Hulnick, “The Intelligence Producer-Policy Consumer Linkage: A Theoretical Approach”, Intelligence and National Security 1, N° 2, Mayo 1986, pp. 217-18, 220-23, citado en R.K. Betts, Enemies of Intelligence, p. 15.

(13)Gerald W. Hopple, “Intelligence and Warning: Implications and Lessons of the Falklands Islands War”, World Politics, Invierno 1984, p. 344. Una falla de inteligencia es la incapacidad de una o más partes del ciclo de inteligencia para producir inteligencia oportuna y precisa sobre un tema o evento de importancia para los intereses nacionales. Mark M. Lowenthal, “The Burdensome Concept of Failure”, en Intelligence: Policy & Process, editado por Alfred C. Maurer, Marion D. Tunstall y James M. Keagle (Boulder, CO: Westview Press, 1985), p. 51.

(14)Bruce Berkowitz y Allan Goodman, Strategic Intelligence for American National Security (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1991), p. 76.

(15)Clive Thompson, “Open-Source Spying”, en The New York Times del 3 de Diciembre de 2006; Pamela Hess, “Spies Relying More on Open Sources”, en The Washington Post del 6 de Diciembre de 2007.

(16)“Terrorists use Google maps to hit UK troops”, en Daily Telegraph del 13 de Enero de 2007; “Un general de EE.UU. lamenta las capacidades de Google Earth”, en El Comercio del 22 de Junio de 2007.

(17) Karl Deutsch, “Solución de Problemas: El Método Basado en la Conducta”, en Arthur S. Hoffman (compilador), Las Comunicaciones en la Diplomacia Moderna (Ciudad de México: DIMELISA, 1976), P. 92.

(18) Walter Lacqueur, The Uses and Limits of Intelligence, p. 104.

(19)Francisco Galvache Valero, “La formación de la comunidad de inteligencia española: un proceso en marcha”, en Al Servicio del Estado: Inteligencia y Contrainteligencia en España, Arbor, Número Monográfico. No. 709, Tomo CLXXX, Madrid, CSIC, Enero de 2005, p. 195.

(20) Relata Richard Betts en Enemies of Intelligence, p.127, que el ex director de la CIA George Tenet, tres semanas antes de los ataques del 11/9, en una entrevista que parece trágicamente premonitoria, agonizaba ante la perspectiva de una catastrófica falla de inteligencia. “Entonces el país querrá saber”, advirtió Tenet; “por qué no hicimos aquella inversión; por qué no pagamos el precio; por qué no desarrollamos la capacidad”.

(21) David Galula, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice (Westport, CT: Praeger Security Internacional, 1964, 2006), p. 6.

(22) Greg Miller, “Spy Agencies Outsourcing to Fill Key Jobs”, en Los Angeles Times del 17 de Septiembre de 2006; Tim Shorrock, “The corporate takeover of U.S. intelligence”, en Salon.com del 1 de Junio de 2007; Patrick Radden Keefe, “Don´t Privatize our Spies”, en The New York Times del 25 de Junio de 2007; R.J. Hillhouse, “Who Runs the CIA? Outsiders for Hire”, en The Washington Post del 8 de Julio de 2007; “Espías contratados: la tercerización llegó a la CIA”, en La Nación del 14 de Julio de 2007; R.J. Hillhouse, “The Value of Private Spies”, en The Washington Post del 18 de Julio de 2007; Dana Hedgpeth, “Blackwater´s Owner Has Spies for Hire”, en The Washington Post del 3 de Noviembre de 2007.

(23) Thomas L. Hughes, “The Fate of Facts in a World of Men: Foreign Policy and Intelligence Making Process”, Headline Series N° 23 (Washington, D.C.: Foreign Policy Association, 1976), p. 24. Citado en Loch K. Johnson, U.S. Secret Agencies in a Hostile World (Yale University Press, 1996), p. 27.

Más sobre satélites espías (*)




El uso de satélites espías debe ser complementario a otros métodos de recolección y análisis de información. Una de las razones del 11-S fue el excesivo peso operacional que los EE.UU. le dieron a los llamados “medios técnicos nacionales”, en detrimento del espionaje clásico, es decir, el humano, referido siempre como “Humint” en inglés. En septiembre de 2001, sus capacidades Humint para combatir al terrorismo de Al Qaeda – que ya era considerado como una amenaza de alcance global desde los ataques de agosto 1998 en Tanzania y Kenya-, eran prácticamente nulas. No sólo no tenían espías en la organización, sino que incluso no tenían analistas que dominaran lenguas como el pashtún, muy usado en el Afganistán que era su sede física.

Desde el fin de la Guerra Fría se concentraron en la priorización presupuestal de agencias como la National Security Agency/NSA (que realiza espionaje electrónico global en cooperación con sus similares de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda a través del llamado Sistema Echelon), la National Reconnaissance Office/NRO (encargada del diseño, fabricación y manejo de los satélites espías) y la más reciente (reemplazó a la National Imagery and Mapping Agency/NIMA) National Geoespatial-Intelligence Agency/NGA (que realiza inteligencia geoespacial, es decir, la recolección y análisis de las imágenes obtenidas por la NRO o a través de operaciones comerciales con empresas como DigitalGlobe de Colorado; además de convertirlas en cartas y mapas para apoyar a sus FFAA en tierra, mar y aire). Las tres dependen del Pentágono y son útiles sólo para complementar o confirmar lo que la Humint ha reportado. Un satélite espía puede ayudar a determinar las capacidades materiales de un grupo terrorista o de la fuerza armada de un país, pero las intenciones sólo podrá proporcionarlas un espía bien situado en el círculo de quienes en ambas instancias toman las decisiones.

Dice William Burrows que los sistemas satelitales incluyen no sólo al artefacto espacial, sino también las redes a nivel mundial para el seguimiento, guía, comunicaciones y adquisición de data, que son necesarias para mantenerlos funcionando y productivos.

Un satélite no siempre ve lo que es real porque puede ser víctima de engaño estratégico, como efectivamente le sucedió a los EE.UU. en mayo 1998, cuando la India pudo ingeniosamente ocultar sus preparativos para la reanudación de pruebas nucleares que provocaron una peligrosa respuesta paquistaní en el mismo sentido. En este caso, a Washington más útil –y barato- le hubiera sido tener a un espía bien plantado en círculos políticos, científicos o militares de Nueva Delhi.

Actualmente hay 795 satélites orbitando la Tierra, de los cuales 413 son estadounidenses; Rusia tiene 87 y China 34, y los 261 restantes corresponden a diversos países. La mayoría son de comunicaciones y observación para uso dual. Ojalá que el próximo gobierno privilegie en temas de defensa la pronta adquisición y lanzamiento de un satélite peruano. Lo necesitamos urgentemente.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 29/May/06

Satélites Espías (*)




Todo indica que muy pronto Chile adquiriría un satélite de uso dual –civil y militar- a un costo de US $ 40 millones al consorcio europeo EADS. Sería administrado por sus FFAA y el pago sería con los fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. No sólo es una excelente compra, sino también una necesidad por la ambiciosa meta trazada de alcanzar el estándar militar OTAN en 2010, es decir, en el año de su bicentenario, las FFAA sureñas estarán en condiciones de interoperar con cualquier fuerza armada de la alianza atlántica. A eso debemos añadir las capacidades que desde hace más de una década le proporciona la adquisición en Israel del avión espía “Cóndor” por US 500 millones: espiar, interferir y controlar absolutamente todo el espectro electromagnético en 600 kilómetros a la redonda de donde se le ubique.

En un excelente trabajo sobre el programa de satélites espías de los EE.UU. – Deep Black (1986) – William Burrows cita a George Keegan para claramente establecer por qué es importante tener “ojos y oídos” en el espacio: “Quien controla el reconocimiento, observa al enemigo; quien observa al enemigo, percibe la amenaza; quien percibe la amenaza, establece las alternativas; quien establece las alternativas, determina la respuesta”.

Lo ideal es tener satélites espías, pero si no hay el dinero suficiente–o la decisión política e institucional, factor que es mucho más importante- se pueden adquirir los vehículos aéreos no tripulados (también llamados drones) - conocidos como UAVs por sus siglas en inglés- y los resultados tácticos y operacionales pueden ser espectaculares, como lo demostraron los ecuatorianos en 1995 al obtener inteligencia en tiempo real usando dos UAVs desde su base en Coangos. Esa ventaja tecnológica sólo acabó cuando nuestras fuerzas especiales incursionaron sobre la base y destruyeron a los drones. Sin embargo surgen dos preguntas: ¿por qué nuestra inteligencia militar no tenía conocimiento alguno de esas adquisiciones? (La verdad es que estaba en nada.) ¿Por qué hasta ahora nuestras FFAA no han adquirido o desarrollado UAVs? Alguien tiene que responder a esta última pregunta, porque no son excesivamente caros.

Un UAV o un avión espía pueden ser eventualmente destruidos en tierra o en el aire, lo que no sucede con un satélite, salvo que se posean armas anti satélites, como efectivamente es el caso de EE.UU. y Rusia; ergo, esa es también otra de las razones de la compra chilena: seguridad física.

Las FFAA peruanas podrán comprar todo lo que quieran, modernizar todo lo que quieran, pero mientras primero no adquieran su propio satélite de comunicaciones y observación, seguirán siendo unas FFAA atrasadas, del siglo XX -con sistemas de comunicaciones débiles e inseguros, siempre a merced de aquel que esté sólo un poco más avanzado tecnológicamente, como ocurrió en el Cenepa - y con las graves implicancias que esto conlleva, en un entorno estratégico sudamericano cada vez más inestable.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 22/May/06.

Bush regrets Irak invasion based on Intelligence failure

Entrevista a Henry Kissinger

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