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    Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Profesor de Geopolítica en los Institutos Armados, el CAEN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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Problemas y Problemáticas de Inteligencia en la región




Fuente: Bolívar, Alberto. Revista AAinteligencia (Chile) Nº 2, Enero 2008


Es innegable que después de los ataques del 11/9 el mundo ingresó a una era de conflictos asimétricos en los que el uso de la inteligencia – humana o técnica – pasaría a tener un rol preponderante en el desarrollo de la mal llamada “guerra contra el terror” (1), tanto así que Robert Kaplan sostendría que “ante nosotros está la edad de oro de la inteligencia” (2). La verdad es que no se equivocó porque la mayoría de discusiones sobre el tema del terrorismo siempre giran en torno al uso o mal uso de la inteligencia, en especial cuando se enfoca el asunto en las llamadas “técnicas intrusivas”, que es un eufemismo para referirse al espionaje clásico o al basado en tecnología de punta, que obviamente afecta el derecho a la privacidad de las personas (3); cada día nos enteramos de nuevas tecnologías que son desarrolladas para su uso en actividades de inteligencia.

Esto ha originado, sobre todo en los Estados Unidos, que se discuta acerca de las libertades fundamentales que vienen siendo erosionadas en nombre de la seguridad nacional, y en razón de ello los escándalos de inteligencia no se han hecho esperar: politización (inteligencia “cocinada” para justificar la decisión política de invadir Irak), interceptaciones telefónicas sin orden de un juez, arrestos también sin orden de un juez e incluso la sospecha del uso de la tortura en los interrogatorios a presuntos terroristas.

Nuestra región, no obstante ser – al menos por el momento - relativamente periférica respecto a todos estos desarrollos contra el terrorismo islámico, tampoco ha estado exenta últimamente de discusiones y escándalos relacionados con la inteligencia, tal como este año se ha vivido en el Perú, Argentina, Colombia y Chile, tan sólo por nombrar unos pocos casos (4). ¿Por qué sucede esto tan a menudo? La respuesta creo que está en una serie de problemas no resueltos y en problemáticas aún no enfrentadas.

El primer gran problema no resuelto es el de confundir “inteligencia” con “espionaje”. Influidos por el cine y la literatura de ficción y porque los servicios secretos han tenido un origen, evolución y actuación de tipo castrense, se ha tendido a ver su uso muchas veces en términos de “nosotros, los amigos” y “ellos, los enemigos”, pese a vivir en democracias, dirigiendo su atención a todo aquel actor interno con el que se disienta y no importando si el tema en cuestión nada tiene que ver con la seguridad nacional, que en teoría es el marco general temático en el que debía desenvolverse la inteligencia. Hablamos en ese marco de la determinación de riesgos y amenazas, así como de oportunidades en el campo del desarrollo. En el juego democrático puede haber “adversarios”, mas no enemigos, salvo que en verdad ciertos actores decidan utilizar otras vías como la violenta, para la consecución de sus fines. En este caso el Estado tiene que defender a la sociedad, siempre dentro de la legalidad. Uno de sus instrumentos de defensa tiene que ser la inteligencia.

Hay también muchas veces desconocimiento por parte de los consumidores de lo que realmente significa la inteligencia, como actividad legal y legítima de todo Estado que se precie de ser previsor. No se entiende que su rol es extraer la certeza de la incertidumbre y facilitar una decisión coherente en un medio ambiente incoherente (5). Va a proporcionar la información con valor agregado que – en teoría – va a permitir al liderazgo nacional tomar las decisiones más adecuadas y pertinentes.

Alexander De Marenches – quien en una admirable muestra de continuidad nacional dirigió la inteligencia francesa con tres presidentes, entre 1970 y 1981-, didácticamente describe lo que es y su importancia: “En muchos aspectos, es también como el panel de instrumentos en un avión. En la cabina está el hombre que toma las decisiones: el piloto, el jefe del Estado. La información que está frente a él es vital. Sin ella no puede volar el avión con seguridad. Si el servicio de inteligencia ( el autor se refiere a la agencia central) es inepto, lleno de amateurs o de gente que es incompetente o estúpida o algo peor, impactará sobre el presidente, por no mencionar a sus ´pasajeros´ , es decir el pueblo que gobierna. Obviamente, también se debilitará su posición internacional, fallará su brújula y él no estará en posesión de todas las herramientas que le permitan elegir un curso directo hacia su destino” (6).

Se confunde el verdadero significado del adagio “conocimiento es poder”. Para que esto se cumpla, dice Betts, tiene que ser ingerido y digerido por quienes toman las decisiones(7). El ingerir implica recibir inteligencia que no necesariamente va a satisfacer sus expectativas o va a estar acorde con sus percepciones, creencias o prejuicios. Es acá donde se prueba la honestidad profesional de los productores de inteligencia: su deber es decirle al líder lo que necesita escuchar, que no necesariamente puede coincidir con lo que quisiera escuchar. Es difícil presentarle a un político evidencias que van contra todo el bagaje que trae consigo (incluido el psicológico). Todo esto último implica el digerir.

Dice Lowenthal que el consumidor tendría que ser consciente que la inteligencia sirve y es un subsirviente de la política, y trabaja mejor – tanto analítica como operacionalmente – cuando está ligada a objetivos de política claramente comprendidos (8) y obviamente definidos en términos del interés nacional, del Estado y no del gobierno de turno. En esta línea, aconseja Cherkashin que de alguna forma hay que asegurar que los servicios de inteligencia de los países dirijan sus actividades hacia la obtención de objetivos estratégicos apropiadamente definidos, en vez de seguir las intenciones políticas de sus líderes (9). Esto último es clave, por cuanto si un país no tiene definidos sus intereses nacionales permanentes – traducidos o no en la forma de objetivos nacionales -, no podrá hacer uso coherente de su sistema de inteligencia, diseñando y – es lo ideal - anticipando escenarios (10) favorables que visen la defensa, reforzamiento y proyección de dichos intereses (u objetivos). De no darse el caso, estará siempre tratando de formular políticas y estrategias reactivas – y no de iniciativa -, en un sistema internacional tan dinámico y complejo que, entre otras cosas, requiere coherencia de parte de los diversos actores nacionales.

Ahora bien, otro problema relacionado con el anterior es el de cuando el país no sólo no ha definido sus intereses permanentes, sino que además sus líderes son personas improvisadas que no tienen mayores conocimientos de los temas de seguridad nacional o de política exterior. Si estos son los casos, concordamos con la advertencia de Lacqueur, en el sentido de que la inteligencia siempre tendrá que operar adivinando, antes que conociendo las intenciones de su propio gobierno (11).

Este problema, sin lugar a dudas afectará el concepto tradicional de lo que Hulnick considera es el ciclo de inteligencia:

a) Quienes toman las decisiones determinan qué información necesitan y los directores de inteligencia traducen estas necesidades en requerimientos de recolección.

b) Se le asignan responsabilidades a los recolectores para buscar la data que se necesita.

c) Estos recolectan y reportan la data en bruto.

d) Los analistas evalúan la data en el contexto de otra información y de su propia amplia experiencia.

e) La “producción” convierte al análisis en reportes terminados.

f) Los productos son diseminados a los consumidores.

g) Los consumidores toman una decisión política y se vuelve a otra ronda de requerimientos (12).


Si yo, productor de inteligencia, no sé en verdad qué es lo que quiere mi principal consumidor (el presidente), adivinando sólo conseguiré viciar el ciclo entero de inteligencia. Este jamás será riguroso.

Un problema adicional – que también es posibilidad, si se sabe aprovechar – es el del exceso de información que hay en los tiempos actuales. Dice Hopple que los fracasos – o fallas - de inteligencia llevan siempre a pensar en la necesidad de recolectar más data y que esto es un mito por cuanto los analistas están casi siempre inundados con data. Lo que se necesita es más y mejor análisis (13), pero también – y en esto tienen mucha razón Berkowitz y Goodman – la lección es que el cómo es adquirida una información es un punto secundario. El tema real es qué clase de información se necesita para responder a una pregunta (14). En los tiempos de la internet y del auge de la inteligencia de fuente abierta (15), habrá un exceso de informaciones por analizar y procesar. Esto puede causar verdaderos cuellos de botella analíticos porque a veces la data sobre un mismo asunto es contradictoria. Sin embargo, es menester preparar a los analistas para un mejor manejo de las herramientas disponibles para la recolección y consiguiente análisis de la información de dominio público.

Esta revolución de las fuentes abiertas trae consigo otros problemas porque como son herramientas de dominio público, también pueden ser utilizadas por enemigos, adversarios o competidores estatales, o por enemigos no estatales como los grupos terroristas, quienes, por ejemplo, están usando Google-Earth para planificar ataques(16). ¿Qué se puede hacer? Muy poco en el caso de pequeñas y medianas potencias, por cuanto no tienen los recursos para usar camuflaje a gran escala de sus áreas vitales. Tendría que ser un gigantesco – y muy costoso- esfuerzo de contrainteligencia (CI). La India pudo engañar a los satélites estadounidenses antes de sus pruebas nucleares de Mayo de 1998, pero fue una acción específica sobre un área específica: sus sitios de pruebas nucleares. No obstante, la moraleja estratégica es que en algunas instancias los satélites sí pueden ser engañados.

Ya que hemos tocado el punto de la contrainteligencia, se da el problema de que ante la posibilidad que actores no estatales planifiquen acciones violentas contra el país, ¿en qué medida debe aplicarse la CI? Es conocido el axioma que “todo acto terrorista está precedido por un ataque de inteligencia”; por lo tanto, si un país tiene una buena estructura de CI podrá detectar y frustrar esos intentos. Al nivel de las instituciones del Estado, creo que no sólo es obvio sino también necesario tomar las debidas previsiones en ese campo, pero ¿qué hacemos con las instituciones importantes que son privadas y que son blancos actuales o potenciales de una operación de inteligencia hostil? ¿Les pedimos permiso para plantar agentes? ¿Quién va a autorizar las pertinentes medidas intrusivas? ¿Cómo determinar qué organizaciones legales pueden estar por adoptar métodos de lucha ilegales y por ende hay que infiltrarlas?.

Si aceptamos que la debilidad en términos de CI es algo muy malo, un exceso de la misma puede ser peor, como fue el caso del programa COINTELPRO en los EE.UU., conducido por décadas hasta 1975 contra izquierdistas, líderes negros y opositores a la guerra de Vietnam.

En el campo de las relaciones internacionales siempre estará presente la posibilidad del conflicto interestatal – es simple sentido común estratégico y realpolitik -, por lo que los sistemas de inteligencia buscarán descubrir cuándo y cómo otros pueblos reaccionan igual que nosotros, y cuándo reaccionan de manera diferente (17). El énfasis, por tanto, estará puesto en la obtención de inteligencia principalmente política. Esta, indica Lacqueur, es muy subjetiva. Algo de ella comprende masas de data sobre elecciones, tendencias políticas, encuestas y opinión pública, pero la mayor parte de la inteligencia política tiene que ver con asuntos menos cuantificables: lo que los líderes piensan y lo que aspiran hacer, cómo funcionan las sociedades y cómo reaccionan frente a estímulos y cambios (18).

Esta clase de inteligencia puede obtenerse de fuente abierta – merced a un buen análisis -, pero también a través del espionaje (humano o técnico). Si un país logra plantar a un espía o tiene a un agente de influencia en el círculo inmediato de la toma de las decisiones gubernamentales de otro país, obtendrá – o confirmará – inteligencia política de primer orden. Es obvio que si esta penetración es descubierta por la CI del otro país, se producirá un problema que puede afectar a la relación en su conjunto.

Otro problema es el de la cooperación internacional en materia de inteligencia para hacerle frente a las llamadas “nuevas amenazas”, representadas por actores asimétricos y no estatales como los grupos terroristas o las mafias organizadas. Por más necesaria que ésta sea, veo problemática su concreción por el mal recuerdo de la “Operación Cóndor”. Lo que es más, creo que la izquierda regional buscaría frustrarla.

También relacionado con lo anterior está la problemática de la cooperación no tanto entre servicios de inteligencia, sino más bien entre sistemas o comunidades de inteligencia. Francisco Galvache Valero definiría comunidad de inteligencia como “un sistema integrado por las agencias y organismos relevantes en tal materia, que sirven a los objetivos estratégicos del Gobierno de la nación, de forma coordinada gracias a la labor de una estructura de superior nivel que promueve y garantiza las relaciones y la conectividad necesarias, a los niveles y por los procedimientos adecuados, y en orden a optimizar los resultados.” (19)

Una cosa es que un país tenga algunos buenos servicios secretos y otra que puedan funcionar en conjunto, como sistema. Las fallas de la inteligencia estadounidense en 1941 (Pearl Harbor) y 2001 (11/9) no fueron fallas de agencias consideradas individualmente, sino que fueron fallas sistémicas. (20) Esa es la gran enseñanza que hay que extraer: si no se conforman sistemas o comunidades de inteligencia en cada país, será muy difícil una cooperación efectiva y eficiente en el campo de las amenazas asimétricas como el terrorismo. Parafraseando a Galula, diremos que promover el desorden – que es lo que buscan esos actores asimétricos – es un objetivo que consideran legítimo porque sirve para socavar la fortaleza y la autoridad del Estado. Lo que es más, el desorden es barato para crear y muy costoso para prevenir. (21)

¿Deben las agencias principales de cada comunidad o sistema de inteligencia encargarse tanto de los asuntos externos como de los domésticos? Mi opinión es que esa es casualmente una de las razones de muchos de los abusos: se concentra demasiado poder de información en una sola agencia, en países como los nuestros, muchas veces con bajos niveles de institucionalidad democrática. En la mayoría de nuestros países no hay controles efectivos de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (generalmente los abusos son denunciados por la prensa), por lo que deberían crear una agencia para la inteligencia externa y otra para la de índole doméstico, siguiéndose el ejemplo estadounidense (CIA-FBI), ruso (SVR-FSB), israelí (Mossad- Shin Bet), francés (DGSE-DST) y británico (MI-6/MI-5). No constituyen contrapesos perfectos (¿acaso existen?), pero ese sistema es mejor al preponderante en nuestra región.

Por último tenemos la problemática de la privatización de las actividades de inteligencia. Si aceptamos que los controles de la inteligencia en la región son débiles, esa situación está tendiendo a agravarse con la llamada “tercerización – oficial o informal - de las actividades de inteligencia”. Por ejemplo, en el caso peruano la Ley del Sistema de Inteligencia Nacional de 2006 no contempla provisiones para estos casos. Hay agencias privadas de seguridad – cuyos dueños casi siempre son oficiales castrenses en situación de retiro - que también están realizando actividades de inteligencia para consumidores privados, sin estar autorizados para ello, a diferencia de lo que viene sucediendo en los EE.UU. (22) Si esta va a ser la tendencia regional, entonces esperemos un desborde de la variedad de problemas antes mencionados.

A modo de colofón debo decir que son grandes los problemas, las problemáticas y los retos de inteligencia en nuestra región. Es por ello que hay que crear conciencia y cultura de inteligencia. Que nuestros pueblos la vean como la primera línea de defensa, como un instrumento legal y legítimo de los Estados; que nuestros líderes la vean y la empleen como una herramienta auxiliar para la toma de decisiones en los asuntos de Estado; que no la empleen mal – como sucede muy a menudo - porque corren el riesgo que terminen usándola en la misma forma que un borracho usa un poste de luz...para buscar apoyo en vez de iluminación (23).


Notas

(1) El general británico Rupert Smith, entrevistado en Military History (Mayo 2007, pp. 14-15, Why we can´t win a ´war on terror´), sostiene que no es posible hablar de una “guerra contra el terror” porque el terror es un método. Es lo mismo que se hablara de ganar “ la guerra contra el yoga”. Es autor del libro The Utility of Force: The Art of War in the Modern World (Nueva York: Alfred Knopf, 2007).

(2) “The Golden Age of Intelligence is Before Us”, entrevista en Salon.com del 20 de Septiembre de 2001.

(3) En su libro Enemies of Intelligence: Knowledge & Power in American Nacional Security (Nueva York: Columbia University Press, 2007, p. 160), Richard K. Betts sostiene que el término privacidad se refiere a la limitación de los medios del gobierno para adquirir conocimiento de las asociaciones, comunicaciones y actividades de los individuos.

(4) “Ofertaban informe secreto de la Marina sobre Sendero. Capitán Carlos Barba también vendía reglaje a ambientalistas”, en La República del 30 de Abril de 2007; Edmundo Cruz, “Ofertaron más de mil informes. A través de canal controlado por la Marina”, en La República del 1 de Mayo de 2007; César Romero, “Empresas de seguridad privadas compran y venden información de inteligencia”, en La República del 1 de Mayo de 2007 (Perú). “Werner Pertot, “Una lección poco inteligente: la investigación por espionaje ilegal en Trelew”, en Página-12 del 23 de Mayo de 2007; “Kirchner destituye al jefe del espionaje militar: El general Montero conspiró para que releven a la ministra de Defensa”, en El País del 23 de Noviembre de 2007; Darío Gallo, “Mi teléfono está pinchado”, en El Mundo del 4 de Diciembre de 2007; “Otro jefe de inteligencia desplazado de su cargo”, en Página-12 del 13 de Diciembre de 2007; Christian Sanz, “El periodismo y el dinero de la SIDE”, en www.uruguayinforme.com del 14 de Diciembre de 2007 (Argentina). “Detenido un ex jefe de los espías de Colombia por vínculos con los paras”, en El País del 23 de Febrero de 2007; Juan Forero, “Traffickers Infiltrate Military in Colombia: Officers Provided Secret Information on U.S. Navy”, en The Washington PostSemana del 11 de Noviembre de 2007; “Ministro de Defensa colombiano no excluye que espionaje a Uribe sea estatal”, en Globovisión del 11 de Diciembre de 2007 (Colombia). Matt Malinowski, “Chile legislators angered by intelligence monitoring of Green NGOs”, en Santiago Times del 14 de Diciembre de 2007 (Chile). del 8 de Septiembre de 2007; “La infiltrada”, en

(5) Richard K. Betts, Surprise Attack: Lessons on Defense Planning (Washington, D.C.: The Brookings Institution, 1982), p. 102.

(6) Alexander De Marenches, con David Andelman, The Fourth World War: Diplomacy and Espionage in the Age of Terrorism (Nueva York: William Morrow & Co.,1992), p. 113.

(7) R.K. Betts, Enemies of Intelligence, p. 15.

(8) Mark M. Lowenthal, Intelligence: From Secrets to Policy (Washington, D.C.: CQ Press, 2000), p. xi.

(9) Viktor Cherkashin, con Gregory Feifer, Spy Handler (Nueva York: Basic Books, 2005), p. 312.

(10)En su artículo “Scenarios, contingencies and war”, Mackubin Thomas Owens sostiene que una de las herramientas más importantes de los planificadotes es el “escenario”, el cual es una imaginaria secuencia de eventos que les permite probar a las creencias convencionales, confrontándolas con una variedad de futuros alternativos. A menudo los escenarios parecen implausibles, pero basta mirar a eventos recientes para reconocer que “implausible” no es la misma cosa que “no puede suceder”. The Washington Times del 4 de Diciembre de 1996.

(11)Walter Lacqueur, The Uses and Limits of Intelligence (New Brunswick y Londres: Transaction Books, 1993), p. 94.

(12)Arthur S. Hulnick, “The Intelligence Producer-Policy Consumer Linkage: A Theoretical Approach”, Intelligence and National Security 1, N° 2, Mayo 1986, pp. 217-18, 220-23, citado en R.K. Betts, Enemies of Intelligence, p. 15.

(13)Gerald W. Hopple, “Intelligence and Warning: Implications and Lessons of the Falklands Islands War”, World Politics, Invierno 1984, p. 344. Una falla de inteligencia es la incapacidad de una o más partes del ciclo de inteligencia para producir inteligencia oportuna y precisa sobre un tema o evento de importancia para los intereses nacionales. Mark M. Lowenthal, “The Burdensome Concept of Failure”, en Intelligence: Policy & Process, editado por Alfred C. Maurer, Marion D. Tunstall y James M. Keagle (Boulder, CO: Westview Press, 1985), p. 51.

(14)Bruce Berkowitz y Allan Goodman, Strategic Intelligence for American National Security (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1991), p. 76.

(15)Clive Thompson, “Open-Source Spying”, en The New York Times del 3 de Diciembre de 2006; Pamela Hess, “Spies Relying More on Open Sources”, en The Washington Post del 6 de Diciembre de 2007.

(16)“Terrorists use Google maps to hit UK troops”, en Daily Telegraph del 13 de Enero de 2007; “Un general de EE.UU. lamenta las capacidades de Google Earth”, en El Comercio del 22 de Junio de 2007.

(17) Karl Deutsch, “Solución de Problemas: El Método Basado en la Conducta”, en Arthur S. Hoffman (compilador), Las Comunicaciones en la Diplomacia Moderna (Ciudad de México: DIMELISA, 1976), P. 92.

(18) Walter Lacqueur, The Uses and Limits of Intelligence, p. 104.

(19)Francisco Galvache Valero, “La formación de la comunidad de inteligencia española: un proceso en marcha”, en Al Servicio del Estado: Inteligencia y Contrainteligencia en España, Arbor, Número Monográfico. No. 709, Tomo CLXXX, Madrid, CSIC, Enero de 2005, p. 195.

(20) Relata Richard Betts en Enemies of Intelligence, p.127, que el ex director de la CIA George Tenet, tres semanas antes de los ataques del 11/9, en una entrevista que parece trágicamente premonitoria, agonizaba ante la perspectiva de una catastrófica falla de inteligencia. “Entonces el país querrá saber”, advirtió Tenet; “por qué no hicimos aquella inversión; por qué no pagamos el precio; por qué no desarrollamos la capacidad”.

(21) David Galula, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice (Westport, CT: Praeger Security Internacional, 1964, 2006), p. 6.

(22) Greg Miller, “Spy Agencies Outsourcing to Fill Key Jobs”, en Los Angeles Times del 17 de Septiembre de 2006; Tim Shorrock, “The corporate takeover of U.S. intelligence”, en Salon.com del 1 de Junio de 2007; Patrick Radden Keefe, “Don´t Privatize our Spies”, en The New York Times del 25 de Junio de 2007; R.J. Hillhouse, “Who Runs the CIA? Outsiders for Hire”, en The Washington Post del 8 de Julio de 2007; “Espías contratados: la tercerización llegó a la CIA”, en La Nación del 14 de Julio de 2007; R.J. Hillhouse, “The Value of Private Spies”, en The Washington Post del 18 de Julio de 2007; Dana Hedgpeth, “Blackwater´s Owner Has Spies for Hire”, en The Washington Post del 3 de Noviembre de 2007.

(23) Thomas L. Hughes, “The Fate of Facts in a World of Men: Foreign Policy and Intelligence Making Process”, Headline Series N° 23 (Washington, D.C.: Foreign Policy Association, 1976), p. 24. Citado en Loch K. Johnson, U.S. Secret Agencies in a Hostile World (Yale University Press, 1996), p. 27.

La Función de Inteligencia (*)




El nuestro, es un país de extremos porque fácil y rápidamente pasamos de uno a otro en muchos aspectos de la vida nacional. La función de inteligencia – legal y legítima para cualquier Estado que se precie de previsor -, no ha sido la excepción. De un exceso de usos y abusos dentro de paradojas de eficiencia como sistema, hemos pasado a su vilipendio, abierta desconfianza y virtual inexistencia sistémica.

Los eventos – que vienen en la forma de riesgos y amenazas, pero también de oportunidades –, generalmente nos sorprenden porque en el fondo no hay un buen manejo, pero sobre todo un real conocimiento de la importancia de esa función, tanto del lado de los productores (increíblemente, a veces sucede) como del de los consumidores de la inteligencia. En The Fourth World War: Diplomacy and Espionage in the Age of Terrorism (1992, p.113) Alexander De Marenches – quien en una admirable muestra de continuidad nacional e institucional dirigió la inteligencia francesa con tres presidentes, entre 1970 y 1981-, didácticamente describe esa función: “En muchos aspectos, es también como el panel de instrumentos en un avión. En la cabina está el hombre que toma las decisiones: el piloto, el jefe del Estado. La información que está frente a él es vital. Sin ella no puede volar el avión con seguridad. Si el servicio de inteligencia ( el autor se refiere a la agencia central) es inepto, lleno de amateurs o de gente que es incompetente o estúpida o algo peor, impactará sobre el presidente, por no mencionar a sus ´pasajeros´ , es decir el pueblo que gobierna. Obviamente, también se debilitará su posición internacional, fallará su brújula y él no estará en posesión de todas las herramientas que le permitan elegir un curso directo hacia su destino”.

El problema está en que en un ambiente doméstico e internacional caracterizado por súbitas -aparentes o reales- “turbulencias”, nuestro país no puede darse el lujo de seguir con un sistema de inteligencia que – desgraciadamente - sólo existe formalmente, en el papel, pese a tener algunos buenos servicios secretos. Ese no es el punto: necesitamos un sistema de inteligencia que funcione como tal, en conjunto y cuyo (nuevo) marco legal permita su efectiva y centralizada conducción.

Relata Richard Betts en Enemies of Intelligence: Knowledge & Power in American National Security (2007, p.127), que el entonces director de la CIA George Tenet, tres semanas antes de los ataques del 9/11, en una entrevista que parece trágicamente premonitoria, agonizaba ante la perspectiva de una catastrófica falla de inteligencia. “Entonces el país querrá saber”, advirtió Tenet; “por qué no hicimos aquella inversión; por qué no pagamos el precio; por qué no desarrollamos la capacidad”. Hasta ahora, los peruanos hemos tenido mucha suerte. No vaya a ser que uno de estos días se nos acabe y el país – o lo que quede de él- termine, con justa razón, haciéndose similares e incluso más amargas interrogantes.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 13/Dic/07

Obsolescencia (*)




El principal problema de nuestro parque militar no es tanto el abandono en el que se encuentra o el insuficiente monto presupuestal asignado para repotenciación y modernización del mismo (traducido en el llamado Núcleo Básico Eficaz o en el irrisorio Fondo de Defensa Nacional), sino más bien la manifiesta obsolescencia de muchos de nuestros sistemas de armas y equipos, la mayoría de los cuales fueron adquiridos a inicios de la década de los setenta en la Unión Soviética.

Ahí empezaron los verdaderos problemas, ya que dicha compra no fue producto de la “brillantez estratégica” de Velasco – que es el cuento que venden sus áulicos -, sino de la suerte. Todo ese armamento, empezando por los tanques T-55, fue en verdad la consecuencia de un viaje que Augusto Pinochet realizó a Moscú en Enero de 1973. Terminó en nuestras manos porque cuando los cargueros se acercaban a la costa sudamericana se produjo el golpe de Estado del 11 de Septiembre, decidiendo los jerarcas soviéticos – aconsejados por el general Vladimir Leonov, encargado del Area Latinoamericana de la KGB – que se transfirieran de inmediato al Perú. En otras palabras: no hubo un planeamiento administrativo y presupuestal producto de concienzudos estudios sobre nuestras necesidades de material bélico, sino de un hecho fortuito en Chile que permitió acrecentar el poderío militar peruano. Tampoco se hicieron previsiones, primero en el Ejército y después en la FAP, para concretar acuerdos de transferencia de tecnología como máximo y como mínimo la instalación de talleres de reparaciones en nuestro país.

La crisis económica de los ochenta, la imprevisión, la falta de visión estratégica y la corrupción en el ámbito del sector Defensa, hicieron que mucho ese material – más el adquirido en 1996 – terminara funcionalmente como irrecuperable, como muy caro para recuperar o como obsoleto. Vemos ahora que se han “repotenciado” algunas decenas de T-55, es decir, en 2007 usamos tanques de 1959. Si van a ser desplegados lejos de una frontera, podríamos hablar de un rol defensivo (y casi estático), pero si se piensa llevarlos, digamos a la frontera sur, para nadie es un secreto que en un hipotético conflicto serían fácilmente despedazados por los Leopard-II. Pongo este caso para demostrar que en tierra, el punto no es repotenciación, sino obsolescencia. Ello no sucede en el aire (en donde sí se puede y urge repotenciar todos los Mirage-2000, la mayoría de los Mig-29, todos los Sukhoi-25 y nuestra defensa aérea; los Sukhoi-22 los y A-37 sí son obsoletos) y en el mar (todos nuestros submarinos).

No hemos sabido comprar y no hemos sabido prever. Los institutos armados – a diferencia de sus pares chilenos, por ejemplo a partir de 1990 – no hicieron planes de desarrollo institucional y de adquisiciones (imagen-objetivo) a largo plazo, y menos considerando la interoperatividad, sino hasta hace muy poco. La consecuencia, el problema y la desgracia es que actualmente nuestras FFAA sólo existen en términos contables, y en un entorno estratégico regional muy inestable, como país carecemos de capacidades de disuasión reales y creíbles.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 20/Dic/07

Sobre el "rebrote" de Sendero (*)




Sorprende, pero sobre todo preocupa, que aun sigamos sin entender no sólo al Sendero post-captura de Guzmán sino también al que hace más de 27 años inició un proceso de guerra popular prolongada en el Perú. Señalo esto porque si analizamos las informaciones acerca de sus acciones militares en el último lustro, constataremos que en la mayoría de encabezados periodísticos y de declaraciones de altos funcionarios del Estado está el término “rebrote”, lo cual no es muy cierto.

No lo es porque Sendero nunca se fue. Lo que sucede es que a partir de 1993 – después de los duros golpes que recibió - entró en un proceso de hibernación estratégica en lo militar, enfocando sus esfuerzos en la reconstitución organizacional, doctrinaria y operacional del partido. El énfasis se daría en los aspectos políticos, como por ejemplo, con un cambio de actitud en la forma de aproximarse a la gente en los escenarios rurales: empezamos a ver un Sendero “emerretizado”, de rostro más amable. En las ciudades, un trabajo de paciente y muy clandestino proselitismo, así como de recuperación y captación de cuadros. En ambos casos, guiándose por la directiva que Abimael Guzmán lanzara el 24 de septiembre de 1992, durante su presentación ante la prensa: “Esto es tan sólo un recodo en el camino”. Claro, es un recodo porque su llamada guerra popular es sobre todo prolongada. Es decir, por sus orígenes maoístas y por lo tanto también asiáticos, su concepción de las categorías temporales es totalmente distinta a la nuestra, occidental. Han pasado 15 años de la captura de su líder máximo y la guerra continúa, pero por otros medios en los que lo militar no es lo primordial. No es que hayan abandonado la lucha armada, sino que por el momento hay otros aspectos más importantes que atender y consolidar, como por ejemplo los legales, ya que las victorias nacionales e internacionales que han obtenido – y seguirán obteniendo – porque la estupidez, lenidad y dejadez de un sistema muy “políticamente correcto” así se lo ha permitido.

Sus esporádicas acciones militares – como las últimas de Ocobamba y Tayacaja - obedecen a su ya cimentada relación con el narcotráfico, pero también a un timing o coyuntura muy cercano al cumpleaños de Guzmán (3 de diciembre) y al próximo inicio de un mega juicio a la cúpula senderista, en los que un mensaje – propaganda a través de los hechos – había que dar, y así lo hicieron.

Repito: no es que Sendero se fuera y ahora “rebrota”, sino que nunca se fue. Es – desgraciadamente - un virus adaptable, un VIH ideológico aun presente y que gracias a los errores cometidos desde 1995 a la fecha, en algunos años puede volver a desatar una epidemia; en especial, en razón de lo que haga u omita el sistema, empezando por darse cuenta que ese enemigo ha cambiado, que no es el mismo de hace 15 años y que su guerra continúa por otros medios más clandestinos, más sutiles y menos violentos, pero no por ello menos peligrosos.


(*) Alberto Bolívar. Diario Expreso. 06/Dic/07

La Era de los Conflictos Asimétricos




Fuente: Bolívar, Alberto. (2002). La Era de los Conflictos Asimétricos. Military Review, (Ene-Feb), pp. 46-53.

Los sucesos del pasado 11 de septiembre han constituido la más reciente, espectacular, eficiente y letal aplicación de las estrategias de guerra asimétrica, concepto del que los teóricos y también los planificadores de la defensa venían considerando, discutiendo y advirtiendo sobre su aplicación, por lo menos desde 1989. Sin embargo, lo que ahora denominamos guerra asimétrica es tan antiguo como el hombre: basta remontarnos al pasaje bíblico de David y Goliat para ver un excelente ejemplo aplicativo de la misma.

Posteriormente, la derrota de Varo y sus legiones a manos de tribus germánicas en el bosque de Teutoburgo el año 9 D.C.; también el aniquilamiento de ejércitos británicos en Afganistán el año 1842 y en Isandhlwana a manos de los zulúes en 1879, o del Séptimo de Caballería a manos de los Sioux, Oglalas y Cheyenes en Little Big Horn el año 1876.

Más recientemente, la masiva actuación de los partisanos soviéticos contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial –y que contribuyó notablemente al éxito de las fuerzas regulares de su país- (1), las derrotas de los EE.UU. y la Unión Soviética en Vietnam y Afganistán, respectivamente, así como la derrota de las fuerzas militares de la Federación Rusa en Chechenia (1994-1996) y los problemas que sigue teniendo contra la guerrilla en esa república islámica.



Guerra asimétrica es la que han llevado a cabo grupos revolucionarios contra Estados; pero relacionado con la organización Al Qaeda de Osama bin Laden, tenemos el atentado que el 12 e octubre de 2000 sufrió el navío de guerra estadounidense USS Cole, un destructor de la clase Arleigh Burke, equipado con el sistema de control de batalla Aegis, y por ende uno de los más sofisticados barcos de guerra del mundo. Como sabemos, fue severamente dañado en el puerto de Adén (Yemén) por dos terroristas suicidas pilotando un pequeño bote de goma con motor fuera de borda y cargado con explosivos, que mató a 17 marineros e hirió a otros 39. Un navío diseñado para proteger contra todo tipo de amenazas a un grupo de batalla compuesto por portaaviones, equipado con poderosas defensas contra misiles que rozan la superficie del mar y otros ataques tecnológicamente avanzados, fue discapacitado (y tuvo que luchar para mantenerse a flote) por un ataque de dos hombres y una bomba (2).

Características de la Guerra Asimétrica

La actual y creciente brecha socioeconómica existente entre el mundo desarrollado –más específicamente el nivel del poder nacional de los EE.UU.- y los países en desarrollo, se ve reflejada también en los asuntos estratégicos y militares. La Guerra del Golfo de 1991, tal vez sea la clase de conflicto que sea la excepción y no la regla en los años por venir. Iraq, pese a tener en ese entonces la cuarta fuerza armada del mundo, quiso enfrentar simétricamente, de igual a igual a los EE.UU., con los resultados que ya conocemos. En un señero artículo de 1989, cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Marines de los EE.UU. Señalaron el advenimiento de la Guerra de Cuarta Generación, en la que se usarían técnicas que podríamos llamar “ajenas” a la tradición occidental, lo que más adelante veremos, consideraríamos como técnicas asimétricas. Con extraordinaria visión advirtieron:

Por cerca de 500 años, Occidente ha definido la forma de hacer la guerra (...) El hecho que algunas áreas no-occidentales como el mundo islámico no son fuertes en lo que a tecnología se refiere, podría llevarlos a desarrollar una forma de hacer la guerra, de cuarta generación, a través de ideas antes que de tecnología. La génesis de una forma de guerrear de cuarta generación podría ser visible en el terrorismo (3).

Igualmente indicaron que un oponente de cuarta generación podría tener una base no-nacional o transnacional, como una ideología o la religión y que como sus capacidades de seguridad nacional estaban diseñadas para operar dentro de un marco de referencia de Estados-Naciones, fuera de ese marco tendrían grandes dificultades (4).



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Éxitos de la Inteligencia contra Sendero (*)




La muerte de Héctor Aponte Sinarahua, más conocido como camarada Clay, constituye el más importante éxito de inteligencia operacional desde la captura del camarada Feliciano en julio de 1999, pero no ha sido el único, ya que casi de inmediato cayeron en Lima y Ayacucho Carlos Becerra Romero y Alejandro Canecillas Quispe, respectivamente, quienes también eran importantes mandos militares de SL. Varias Conclusiones podemos extraer al respecto:

- La Dircote nunca cesó en su trabajo de inteligencia y siempre ha estado capturando a terroristas requisitoriados, lo que institucionalmente implica una estrategia de inteligencia coherente, continua y de largo aliento. Es un perseverante, fino y silencioso trabajo de inteligencia que simplemente no se resalta tanto en la prensa porque no hay la orden de presentar a los detenidos vistiendo trajes a rayas.

- En el caso de Clay, es indudable que al más alto nivel hubo la decisión política de acelerar el esfuerzo de inteligencia, lo que a su vez implicó:

a) Despliegue de agentes e informantes –apoyo de la población- en el campo, lo que de por sí constituye un trabajo operacional no sólo difícil, sino además riesgoso.

b) Usar una parte del nuevo presupuesto asignado para la lucha contraterrorista y ofrecer una jugosa recompensa por la cabeza de Clay, tal como informa la revista Caretas en su última edición. En Malaya (1948-1960), los británicos consiguieron grandes éxitos usando un buen sistema de recompensas. Lo mismo se hizo en Perú la década pasada como parte de un marco legal para combatir al terror, instrumento imprescindible para esta clase de guerra y que no existe en la actualidad, algo que reclamé en esta columna los días 12 y 26 de diciembre de 2005. Como parte de ese marco legal debe darse una nueva Ley Contraterrorista y una nueva Ley de Arrepentimiento. En el caso de las normas sobre recompensas y arrepentimiento no debe verse como dinero gastado, sino más bien como dinero bien invertido.

El sistema de inteligencia del sector Interior está funcionando y losresultados saltan a la vista no sólo en la lucha contra el terror, sino también contra la delincuencia común, tal como lo señalé la semana pasada.


En especial en la zona del VRAE se está dando una mejor relación operacional y de inteligencia entre los estamentos policiales y sus contrapartes de las fuerzas armadas, lo que implicaría que en términos de sistema de inteligencia nacional, éste ya comienza – esperemos que no tardíamente – a funcionar.

No obstante las importantes caídas de Clay y de los otros mandos militares de Sendero, se inicia el nuevo reto de inteligencia que es prepararse para:

- Cuanto antes, determinar quiénes serán sus reemplazos; sus antecedentes políticos y policiales – si es que los tienen, porque si fueron captados a corta edad es muy poco lo que se va a saber- y sus capacidades organizativas y militares, y

- Capturarlos a la brevedad posible.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera. 27/Feb/06

Las Lecciones de Sao Paulo (*)




Hace 3 semanas, una de las ciudades más pobladas del orbe fue escenario por varios días de una ofensiva urbana – en menor proporción, pero al estilo de la Ofensiva del Tet en Enero 1968 durante la guerra de Vietnam – llevada a cabo no por una organización guerrillera, sino por el llamado “Primer Comando de la Capital” (PCC, una organización criminal que se estima tiene unos 130,000 miembros), dejando un saldo de más de 170 muertos y poniendo en jaque a todo el Estado paulista. Los coordinados ataques contra comisarías, cárceles y locales públicos y privados indican que han leído la obra clave del terrorista brasileño Carlos Mariguella: Mini-Manual del Guerrillero Urbano (1968), que no sólo ya era un clásico, sino que ahora tiene más vigencia. Veamos nomás lo que está sucediendo en Irak.

En The Urbanization of Insurgency (1994), Jennifer Morrison Taw y Bruce Hoffman, acertadamente señalaron que debido a la tendencia dual de rápido crecimiento demográfico y urbanización –en el Tercer Mundo y especialmente en Latinoamérica-, las futuras zonas de combate en el mundo en desarrollo no serían las impenetrables selvas o las remotas áreas montañosas donde tradicionalmente se han peleado las guerras de guerrillas, sino las populosas áreas construidas alrededor de los grandes centros urbanos, como las favelas en el caso de Sao Paulo (y las principales ciudades brasileñas), así como en su momento se intentó con los pueblos jóvenes en Perú, los “cinturones de hierro” de los que hablaba Abimael Guzmán. La proliferación y tráfico ilegal de armas individuales, favorecen el incremento de la violencia en escenarios urbanos; los celulares e internet, la coordinación de las acciones. Pero más importante aun, es que la poca presencia del Estado central se traduce en la mínima o ninguna prestación de servicios públicos esenciales a una creciente y empobrecida población que ha migrado del campo a las ciudades.

Estas masas desafectas son propensas a ser inducidas o captadas para reclamos –muchas veces justificados-, que pueden devenir en violencia urbana. Los jóvenes pueden ser atraídos por las pandillas, barras bravas u organizaciones abiertamente criminales como el PCC paulista, y a su vez, todos estos pueden ser captados o contratados por actores políticos violentos o mafias. Esto último sucedió en Yurimaguas el 2003, cuando para frustrar operativos antinarcóticos, las pandillas fueron “contratadas” por el narcotráfico para causar desórdenes en la ciudad y distraer a la policía.

A la luz de los ataques en Nueva York, Washington, Bali, Casablanca, Madrid, Londres y lo que a diario vemos en Irak, es indudable que el centro de gravedad de la violencia política estará en las ciudades. Prepararse para ello exige claridad estratégica y operacionalmente hablando, buena inteligencia humana, equipos adecuados, así como doctrina y entrenamiento conjuntos por parte de la policía y las FF.AA. Recomendamos Cities, War and Terrorism: Towards an Urban Geopolitics, editado por Stephen Graham (2004.)


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 06/Jun/06

Nuestras relaciones con el Brasil (*)




Pocas veces en nuestra historia se ha abierto una ventana de oportunidad estratégica, como la que proporciona el probable y concreto afianzamiento de nuestras relaciones con un vecino que resulta ser el país más poderoso de América Latina, que es parte del llamado BRIC (junto con Rusia, India y China, las potencias emergentes del siglo XXI según Goldman & Sachs) y que cuando se modifique la Carta de la ONU deberá naturalmente representar a la región como miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Sin embargo, debemos recordar que también es un país con una política exterior con claros y definidos objetivos geopolíticos, y con un estilo diplomático que no ha variado en términos generales desde los tiempos del Barón de Río Branco. En otras palabras, con una política exterior de “pragmatismo responsable” y que tiene lo que la nuestra carece: claridad, coherencia, continuidad y predictibilidad; además de un estilo diplomático que es: 1. Técnicamente orientado. 2. Particularmente activo en cuestiones funcionales. 3. No ideológico. 4. Razonable y gradual en la aproximación. 5. Limitado a asuntos que afecten directamente al país. 6. Predispuesto a rechazar ya sean intentos o ambiciones de liderazgo o influencia. La bibliografía básica – escritos o libros – para comprender el tema es ilustrativa: estadounidenses como William Perry (1976), Wayne Selcher (1981, 1984), Margaret Daly Hayes (1984), Riordan Roett (1985) o Bertha Becker y Claudio Egler (1992); peruanos como Fernando Rosas Moscoso (1979), Edgardo Mercado Jarrín (1980, 1993, 1996) y Gino Costa Santolalla (1987), entre otros.

Brasil está a punto de concretar ansiados objetivos geopolíticos de larga data, como son el acceso al Pacífico – por puertos peruanos, si nos apuramos con las interoceánicas - para proyectarse geoeconómicamente a su dinámica Cuenca, y muy pronto la independencia energética en lo que a petróleo se refiere, mas no así respecto al gas que importaba casi exclusivamente de Bolivia. En su reciente visita a Brasilia, Alan García ha puesto sobre el tapete estratégico una carta importantísima que – salvo El Comercio – la prensa peruana no ha resaltado: el que los excedentes de los próximos yacimientos de gas que se descubran sean exclusivamente vendidos a ese país. Dicho de otra forma, de interconexión pasaríamos a interdependencia, términos que no son lo mismo, según explicaron Robert Keohane y Joseph Nye en Power and Interdependence: World Politics in Transition (1977). Sostienen que donde hay reciprocidad (no necesariamente es igual a simetría) en los costes de los efectos de las transacciones hay interdependencia; cuando en las relaciones no hay significativos efectos de coste, simplemente existe interconexión. En nuestro caso, el que se consolide o no un proceso de interdependencia dependerá exclusivamente de la claridad y coherencia de nuestra política exterior y de la habilidad de nuestra diplomacia. Sin estos requisitos, nuestras relaciones con el Brasil se constituirán en una mera interconexión - que poco ayudará al incremento de nuestra estatura estratégica - y no en una saludable y sostenida interdependencia.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 19/Jun/06.

Más sobre satélites espías (*)




El uso de satélites espías debe ser complementario a otros métodos de recolección y análisis de información. Una de las razones del 11-S fue el excesivo peso operacional que los EE.UU. le dieron a los llamados “medios técnicos nacionales”, en detrimento del espionaje clásico, es decir, el humano, referido siempre como “Humint” en inglés. En septiembre de 2001, sus capacidades Humint para combatir al terrorismo de Al Qaeda – que ya era considerado como una amenaza de alcance global desde los ataques de agosto 1998 en Tanzania y Kenya-, eran prácticamente nulas. No sólo no tenían espías en la organización, sino que incluso no tenían analistas que dominaran lenguas como el pashtún, muy usado en el Afganistán que era su sede física.

Desde el fin de la Guerra Fría se concentraron en la priorización presupuestal de agencias como la National Security Agency/NSA (que realiza espionaje electrónico global en cooperación con sus similares de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda a través del llamado Sistema Echelon), la National Reconnaissance Office/NRO (encargada del diseño, fabricación y manejo de los satélites espías) y la más reciente (reemplazó a la National Imagery and Mapping Agency/NIMA) National Geoespatial-Intelligence Agency/NGA (que realiza inteligencia geoespacial, es decir, la recolección y análisis de las imágenes obtenidas por la NRO o a través de operaciones comerciales con empresas como DigitalGlobe de Colorado; además de convertirlas en cartas y mapas para apoyar a sus FFAA en tierra, mar y aire). Las tres dependen del Pentágono y son útiles sólo para complementar o confirmar lo que la Humint ha reportado. Un satélite espía puede ayudar a determinar las capacidades materiales de un grupo terrorista o de la fuerza armada de un país, pero las intenciones sólo podrá proporcionarlas un espía bien situado en el círculo de quienes en ambas instancias toman las decisiones.

Dice William Burrows que los sistemas satelitales incluyen no sólo al artefacto espacial, sino también las redes a nivel mundial para el seguimiento, guía, comunicaciones y adquisición de data, que son necesarias para mantenerlos funcionando y productivos.

Un satélite no siempre ve lo que es real porque puede ser víctima de engaño estratégico, como efectivamente le sucedió a los EE.UU. en mayo 1998, cuando la India pudo ingeniosamente ocultar sus preparativos para la reanudación de pruebas nucleares que provocaron una peligrosa respuesta paquistaní en el mismo sentido. En este caso, a Washington más útil –y barato- le hubiera sido tener a un espía bien plantado en círculos políticos, científicos o militares de Nueva Delhi.

Actualmente hay 795 satélites orbitando la Tierra, de los cuales 413 son estadounidenses; Rusia tiene 87 y China 34, y los 261 restantes corresponden a diversos países. La mayoría son de comunicaciones y observación para uso dual. Ojalá que el próximo gobierno privilegie en temas de defensa la pronta adquisición y lanzamiento de un satélite peruano. Lo necesitamos urgentemente.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 29/May/06

Satélites Espías (*)




Todo indica que muy pronto Chile adquiriría un satélite de uso dual –civil y militar- a un costo de US $ 40 millones al consorcio europeo EADS. Sería administrado por sus FFAA y el pago sería con los fondos provenientes de la Ley Reservada del Cobre. No sólo es una excelente compra, sino también una necesidad por la ambiciosa meta trazada de alcanzar el estándar militar OTAN en 2010, es decir, en el año de su bicentenario, las FFAA sureñas estarán en condiciones de interoperar con cualquier fuerza armada de la alianza atlántica. A eso debemos añadir las capacidades que desde hace más de una década le proporciona la adquisición en Israel del avión espía “Cóndor” por US 500 millones: espiar, interferir y controlar absolutamente todo el espectro electromagnético en 600 kilómetros a la redonda de donde se le ubique.

En un excelente trabajo sobre el programa de satélites espías de los EE.UU. – Deep Black (1986) – William Burrows cita a George Keegan para claramente establecer por qué es importante tener “ojos y oídos” en el espacio: “Quien controla el reconocimiento, observa al enemigo; quien observa al enemigo, percibe la amenaza; quien percibe la amenaza, establece las alternativas; quien establece las alternativas, determina la respuesta”.

Lo ideal es tener satélites espías, pero si no hay el dinero suficiente–o la decisión política e institucional, factor que es mucho más importante- se pueden adquirir los vehículos aéreos no tripulados (también llamados drones) - conocidos como UAVs por sus siglas en inglés- y los resultados tácticos y operacionales pueden ser espectaculares, como lo demostraron los ecuatorianos en 1995 al obtener inteligencia en tiempo real usando dos UAVs desde su base en Coangos. Esa ventaja tecnológica sólo acabó cuando nuestras fuerzas especiales incursionaron sobre la base y destruyeron a los drones. Sin embargo surgen dos preguntas: ¿por qué nuestra inteligencia militar no tenía conocimiento alguno de esas adquisiciones? (La verdad es que estaba en nada.) ¿Por qué hasta ahora nuestras FFAA no han adquirido o desarrollado UAVs? Alguien tiene que responder a esta última pregunta, porque no son excesivamente caros.

Un UAV o un avión espía pueden ser eventualmente destruidos en tierra o en el aire, lo que no sucede con un satélite, salvo que se posean armas anti satélites, como efectivamente es el caso de EE.UU. y Rusia; ergo, esa es también otra de las razones de la compra chilena: seguridad física.

Las FFAA peruanas podrán comprar todo lo que quieran, modernizar todo lo que quieran, pero mientras primero no adquieran su propio satélite de comunicaciones y observación, seguirán siendo unas FFAA atrasadas, del siglo XX -con sistemas de comunicaciones débiles e inseguros, siempre a merced de aquel que esté sólo un poco más avanzado tecnológicamente, como ocurrió en el Cenepa - y con las graves implicancias que esto conlleva, en un entorno estratégico sudamericano cada vez más inestable.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 22/May/06.

Crisis en la Inteligencia de EE.UU. (*)




La renuncia del director de la CIA Porter Goss es un signo evidente de lo que ya varios especialistas advertían: la reforma del sistema de inteligencia estadounidense –compuesto por 16 agencias-, a la luz de las recomendaciones que se hicieron como producto del informe sobre los ataques del 11-S, simplemente no estaba funcionando por una serie de razones.

- Pese a que la Ley de Seguridad Nacional de 1947 le daba a la CIA -una agencia civil- el teórico rol de agencia centralizadora de todas las actividades del sistema, ello nunca se dio porque desde el punto de vista presupuestal (era de US 30 mil millones el 2001, US 44 mil millones actualmente), es el Pentágono, del que dependen una serie de agencias de inteligencia principalmente técnicas, el que controla hasta el 80%.

- Muchas veces el enfoque civil de muchos problemas, llevó a no tan veladas divergencias con el Pentágono, tal como se manifestó durante la guerra de Vietnam sobre cómo y dónde enfocar el esfuerzo bélico y –todo lo indica- se está dando actualmente en la guerra de Iraq. Esta última es una de las razones para explicar el 29% de aprobación de la gestión gubernamental de George W. Bush.

- La creación de la Dirección de Inteligencia Nacional (DIN), hoy a cargo del embajador John Negroponte, le disminuyó aun más facultades a la CIA, creando roces personales e institucionales con Goss, el cual últimamente tenía que defender a su agencia de las críticas por temas como el del presunto traslado aéreo clandestino de personas sospechosas de terrorismo, a cárceles secretas en Europa Oriental, la mayoría del cual se habría realizado durante la gestión de su antecesor, George Tenet, y que ahora es materia de una seria investigación por parte de la UE.

- La ampliación de las capacidades de espionaje humano en el exterior por parte del Pentágono, algo que era patrimonio exclusivo de la dirección de operaciones de la CIA.

- La nominación del general en actividad de la fuerza aérea Michael Hayden, ex director de la NSA (1999-2005), la más poderosa agencia del ámbito del Pentágono, que a escala global –incluidos los EE.UU., algo que no se daba desde los tiempos de Richard Nixon- se encarga de la interceptación de comunicaciones, rompimiento de claves, entre otras actividades de espionaje tecnológico altamente sofisticadas; además del hecho que Hayden era el segundo de Negroponte en la DIN. Se teme que su ratificación por el Senado militarice aun más al sistema y refuerce el poder de asesoría, decisión y acción del Secretario de Defensa Ronald Rumsfeld, quien dicho sea de paso, nunca se ha caracterizado por su sentido de moderación política y estratégica.

Todo cambio organizacional en inteligencia – sobre todo los fallidos, sino que nos pregunten a los peruanos- tiene un alto costo que se refleja en los campos analítico y operacional, situación que tratarán de aprovechar los enemigos y adversarios de los EE.UU.


(*) Alberto Bolívar, Diario La Primera, 15/May/06.

Bush regrets Irak invasion based on Intelligence failure

Entrevista a Henry Kissinger

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