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    Alberto Bolívar Ocampo. Politólogo. Profesor de Geopolítica en los Institutos Armados, el CAEN y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

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La Era de los Conflictos Asimétricos




Fuente: Bolívar, Alberto. (2002). La Era de los Conflictos Asimétricos. Military Review, (Ene-Feb), pp. 46-53.

Los sucesos del pasado 11 de septiembre han constituido la más reciente, espectacular, eficiente y letal aplicación de las estrategias de guerra asimétrica, concepto del que los teóricos y también los planificadores de la defensa venían considerando, discutiendo y advirtiendo sobre su aplicación, por lo menos desde 1989. Sin embargo, lo que ahora denominamos guerra asimétrica es tan antiguo como el hombre: basta remontarnos al pasaje bíblico de David y Goliat para ver un excelente ejemplo aplicativo de la misma.

Posteriormente, la derrota de Varo y sus legiones a manos de tribus germánicas en el bosque de Teutoburgo el año 9 D.C.; también el aniquilamiento de ejércitos británicos en Afganistán el año 1842 y en Isandhlwana a manos de los zulúes en 1879, o del Séptimo de Caballería a manos de los Sioux, Oglalas y Cheyenes en Little Big Horn el año 1876.

Más recientemente, la masiva actuación de los partisanos soviéticos contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial –y que contribuyó notablemente al éxito de las fuerzas regulares de su país- (1), las derrotas de los EE.UU. y la Unión Soviética en Vietnam y Afganistán, respectivamente, así como la derrota de las fuerzas militares de la Federación Rusa en Chechenia (1994-1996) y los problemas que sigue teniendo contra la guerrilla en esa república islámica.



Guerra asimétrica es la que han llevado a cabo grupos revolucionarios contra Estados; pero relacionado con la organización Al Qaeda de Osama bin Laden, tenemos el atentado que el 12 e octubre de 2000 sufrió el navío de guerra estadounidense USS Cole, un destructor de la clase Arleigh Burke, equipado con el sistema de control de batalla Aegis, y por ende uno de los más sofisticados barcos de guerra del mundo. Como sabemos, fue severamente dañado en el puerto de Adén (Yemén) por dos terroristas suicidas pilotando un pequeño bote de goma con motor fuera de borda y cargado con explosivos, que mató a 17 marineros e hirió a otros 39. Un navío diseñado para proteger contra todo tipo de amenazas a un grupo de batalla compuesto por portaaviones, equipado con poderosas defensas contra misiles que rozan la superficie del mar y otros ataques tecnológicamente avanzados, fue discapacitado (y tuvo que luchar para mantenerse a flote) por un ataque de dos hombres y una bomba (2).

Características de la Guerra Asimétrica

La actual y creciente brecha socioeconómica existente entre el mundo desarrollado –más específicamente el nivel del poder nacional de los EE.UU.- y los países en desarrollo, se ve reflejada también en los asuntos estratégicos y militares. La Guerra del Golfo de 1991, tal vez sea la clase de conflicto que sea la excepción y no la regla en los años por venir. Iraq, pese a tener en ese entonces la cuarta fuerza armada del mundo, quiso enfrentar simétricamente, de igual a igual a los EE.UU., con los resultados que ya conocemos. En un señero artículo de 1989, cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Marines de los EE.UU. Señalaron el advenimiento de la Guerra de Cuarta Generación, en la que se usarían técnicas que podríamos llamar “ajenas” a la tradición occidental, lo que más adelante veremos, consideraríamos como técnicas asimétricas. Con extraordinaria visión advirtieron:

Por cerca de 500 años, Occidente ha definido la forma de hacer la guerra (...) El hecho que algunas áreas no-occidentales como el mundo islámico no son fuertes en lo que a tecnología se refiere, podría llevarlos a desarrollar una forma de hacer la guerra, de cuarta generación, a través de ideas antes que de tecnología. La génesis de una forma de guerrear de cuarta generación podría ser visible en el terrorismo (3).

Igualmente indicaron que un oponente de cuarta generación podría tener una base no-nacional o transnacional, como una ideología o la religión y que como sus capacidades de seguridad nacional estaban diseñadas para operar dentro de un marco de referencia de Estados-Naciones, fuera de ese marco tendrían grandes dificultades (4).



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Fiascos de la Inteligencia en Irak (*)




La invasión estadounidense a Afganistán después del 11-S, se justificaba porque ese país constituía no sólo la base física de la organización terrorista, sino que además albergaba a un confiado Osama bin Laden que impartía sus directivas operacionales globales.

Distinto es el caso de Irak, porque acá la inteligencia no tenía la certeza que Saddam Hussein estuviera cerca de fabricar armas de destrucción masiva (ADM). Lo que es más, desde 2004 se sospecha que Ahmed Chalabi, uno de los líderes de la oposición iraquí –pagada por los contribuyentes de EE.UU.-, que informaba constantemente a la CIA acerca de la “existencia” de esas armas, era un agente doble de la inteligencia de Irán. Los cargos son que Chalabi siempre había estado trabajando para Teherán, mientras supuestamente complotaba desde el exterior para derrocar a Hussein y proporcionaba informaciones obtenidas por presuntos científicos opuestos al dictador iraquí, así como por “desertores”, acerca de sus planes para fabricar ADM. Estas “informaciones de bona fide” – pura desinformación- son las que habrían servido de base para los informes de inteligencia elevados a las autoridades en Washington y que en última instancia sirvieron para crear un cuadro de inteligencia ”cocinada”, para justificar la torpe invasión.

La hipótesis que maneja la contrainteligencia estadounidense es que a través del Congreso Nacional Iraquí, que presidía Chalabi, la inteligencia iraní manipuló a los Estados Unidos, reforzando las preconcepciones y prejuicios de los “halcones” en la Casa Blanca y el Pentágono, para decidirlos a embarcarse en una aventura militar a través de la cual se desharían de un vecino siempre hostil para Irán, además de pavimentar el camino para un Irak controlado por los chiítas. Una fuente “confiable”, canalizaba a través de la CIA informaciones que reforzaban el wishful thinking de Bush y compañía. En junio 2004, el diario británico The Guardian citó a una fuente de la inteligencia estadounidense diciendo: “Ahora es muy claro que los iraníes nos desayunaron, almorzaron y cenaron”. Por su parte, Larry Johnson, un ex alto funcionario de contraterrorismo del Departamento de Estado, señaló que “la inteligencia iraní ha estado manipulando a los EE.UU. por muchos años a través de Chalabi.

Cuando toda la verdad se revele, veremos que Irán ha conducido una de las operaciones de inteligencia llevadas a cabo con mayor maestría en toda la historia. Persuadieron a los EE.UU. y a Gran Bretaña para que se deshicieran de su mayor enemigo.” Por su parte, Patrick Lang, ex jefe de la carpeta de Oriente Medio de la Defense Intelligence Agency-DIA, sostuvo en esa ocasión que “si todo resulta ser verdad, ciertamente fue una operación genial. Los iraníes crearon una oposición anti-Saddam Hussein para deshacerse de éste y nos hicieron que pagáramos por ello.” No en vano, David Martin describió en su libro Una selva de espejos (1980), al mundo del espionaje como una realidad en continua distorsión, en la que nada es lo que parece ser.


(*) Alberto Bolívar. Diario La Primera, 08/Abr/06

La Utilidad de la Fuerza




Autor: Alberto Bolívar Ocampo
Publicado en: Expreso; 01 /Ene/2009


En su extraordinario libro “The Utility of Force: The Art of War in the Modern World (2007)”, el general (r) británico Rupert Smith hace una muy completa reflexión acerca de cómo, a lo largo de la historia, se ha utilizado la fuerza (militar). Sostiene que aplicarla con utilidad implica una comprensión del contexto en el cual uno está actuando, una clara definición del resultado a ser obtenido, una identificación del punto o blanco contra la que es aplicada y, tan importante como lo anterior, una comprensión de la naturaleza de la fuerza que se aplica.

A lo largo de sus 415 páginas, nos va llevando por diversas etapas históricas hasta llegar a lo que él denomina la “guerra (a escala) industrial”, en la que su mayor propósito era el de obtener el resultado político deseado a través de la destrucción de la capacidad de resistir del enemigo. En esta clase de guerras, los eufemísticamente llamados “daños colaterales” (entiéndase víctimas civiles), era un precio que los países estaban dispuestos a pagar y hacer pagar. Así hemos presenciado el arrasamiento de ciudades enteras, sólo con la finalidad de quitarle la voluntad de seguir (peleando) al enemigo. Pero, nos dice el autor, los tiempos han cambiado: los conflictos a escala industrial se han vuelto altamente improbables y hemos entrado a guerras que se desarrollan “en medio de la gente” (amongst the people), en las que actores subnacionales, que no son Estados, que muchas veces son organizaciones terroristas, se mimetizan en medio de las poblaciones.






Podemos denominarla guerra no convencional, irregular o asimétrica (esta última denominación no le gusta), pero es en donde están actuando los ejércitos occidentales, los que –he ahí su crítica- siguen actuando en esos conflictos con una mentalidad, organización y estructura de fuerzas, más ad hoc a las guerras industriales. De ahí sus problemas, ya que toda esa capacidad para aplicar la fuerza (convencional) no sólo es inútil sino además contraproducente si los civiles son los grandes afectados. Enfatiza: “La gente no es el enemigo. El enemigo está en medio de la gente y el propósito de cualquier fuerza militar u otro poder es diferenciar entre el enemigo y la gente, y ganarse a esta última, lo que lleva a decidir qué aproximación tomar, a decidir el método de operación”.

La semana pasada realcé el hecho de cómo el Estado peruano está usando la aproximación adecuada en el VRAE para minimizar las bajas civiles. Es obvio que nuestros líderes políticos y mandos militares han captado mejor la esencia del mensaje de Smith, que sus similares de Israel. Estos últimos –todo lo indica- no han aprendido las lecciones del fiasco de 2006 en Líbano, por lo que la (tremenda) aplicación de su fuerza terminará siendo (estratégicamente) inútil porque Hamas está en medio de la gente. Israel tiene el derecho a la legítima defensa, pero ha equivocado los medios y la proporción, y –creo– le ha puesto alfombra roja al ingreso de Al Qaeda a Gaza. Es sólo cuestión de tiempo.


Bush regrets Irak invasion based on Intelligence failure

Entrevista a Henry Kissinger

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